La sinrazón de las guerras

La Ópera de Lyon presenta 'War Requiem' de Britten en una desgarradora puesta en escena de Yoshi Oida

Un momento de la representación de ’War Requiem, de Benjamin Britten, con una puesta en escena de Yoshi Oida, en la Ópera de Lyon.

Un momento de la representación de ’War Requiem, de Benjamin Britten, con una puesta en escena de Yoshi Oida, en la Ópera de Lyon. / STOFLETH

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“Yo soy el enemigo que tú has matado, amigo mío”. Estas palabras escritas por el poeta Wilfred Owen, muerto en combate una semana antes del armisticio que puso fin a la primera guerra mundial de la que se conmemora el centenario, son el compendio de los horrores y la absurdidad de la guerra. No es extraño pues que un pacifista como el compositor Benjamin Britten recurriera a aquel poeta para articular su ‘War Requiem’ compuesto por encargo para la consagración de la nueva catedral de Coventry (Inglaterra), construida después de que la original del siglo XIV fuera arrasada por los bombardeos nazis durante la segunda guerra mundial.

Con una obra tan inusual para un escenario teatral, más propia de una iglesia o un auditorio (Calixto Bieto firmó una puesta en escena para el Teatro Arriaga), la Ópera de Lyon ha inaugurado su temporada en una versión escenificada por el japonés Yoshi Oida. El resultado ha sido estremecedor por la gran calidad de la interpretación, por su plasmación dramática y, naturalmente, por la partitura de Britten.

El ‘War Requiem’ combina el texto en latín de la misa de difuntos de la liturgia romana con poemas de Owen. Britten lo compuso para soprano, tenor, barítono, coro mixto y coro infantil, orquesta sinfónica, orquesta de cámara y un órgano positivo o un armonio para el canto de los niños. La gran orquesta acompaña a la soprano y al coro mixto que cantan las partes de la misa, mientras que la formación de cámara arropa a tenor y barítono que interpretan los poemas del malogrado poeta alternándose unos y otros hasta el final en que convergen todos.

El japonés Oida tiene un recuerdo muy vivo de la guerra en la que parte de su familia fue víctima de los bombardeos. Es el recuerdo de un niño obligado a bajar a los refugios antiaéreos. Su aproximación a la obra de Britten no es nada religiosa, quiere reflejar a una humanidad doliente en medio de una constante repetición de guerras y conflictos mediante unas imágenes poderosas.

El director de escena sitúa el coro al fondo del escenario, en una gradería. Delante, en una tarima, se desarrolla la acción de los solistas con escasos elementos escenográficos, que sin embargo ofrecen imágenes muy poderosas. Un ataúd sencillo de madera domina la escena durante una parte importante del réquiem. A un lado del escenario está la orquesta de cámara y al otro, los niños, que Oida convierte en espectadores de la locura de los adultos. Los solistas visten uniforme de la contienda de 1914-1918, y el coro, con un estilo próximo a la de 1939-1945. El movimiento es muy escaso, pero la intensidad de cuanto ocurre es enorme.

Un momento perturbador de gran dramatismo es el ‘Sanctus’ en el que Oida consigue trasmitir la sinrazón de la guerra. Uno soldados van depositando una sobre otra todas las banderas de los países participantes en la primera guerra mundial sobre el féretro ante la mirada doliente de la madre universal (la soprano), la madre de todos los muertos en combate. O la viuda. Otra sacudida es el momento, después del ‘Libera me’, en que el soldado alemán (el barítono) le canta al inglés (el tenor) el verso citado al principio que concluye con este otro: “Ahora durmamos”.

En estos últimos minutos del ‘War Requiem’, el fondo del escenario se cuartea en una veintena de pantallas en las que se ven imágenes de guerra de las que destaca la de un soldado de espaldas caminando por un terreno devastado mientras suenan unas campanas y la música de Britten va cerrándose hacia un silencio final incómodo.  

Mensaje de reconciliación

Cuando se estrenó esta obra en 1962, Britten quiso dar un mensaje de reconciliación con la selección de los solistas procedentes de países que habían combatido en frentes opuestos en aquella guerra. Los escogidos eran un alemán, el barítono Dietrich Fischer-Dieskau quien, con 18 años, fue enviado a combatir en el frente ruso y fue prisionero de guerra de EEUU; un británico, el tenor Peter Pears, y una rusa, Galina Vishnevskaya. Pero en aquel momento se había desatado otra guerra, la fría, y las autoridades soviéticas no autorizaron la salida de la soprano que fue sustituida por Heather Harper.

Ahora en Lyon el elenco solista estaba formado por la soprano rusa Ekaterina Scherbachenko, el tenor estadounidense Paul Groves, y el barítono estonio Lauri Vasar. Groves, con unos agudos bellísimos, daba la réplica estupendamente a la voz de Vasar, poseedora de un timbre hermoso, cuyo personaje canta el citado verso. Si ambos cantantes trasmitían toda la intensidad y el dramatismo presente en la obra de Britten, no puede decirse lo mismo de la soprano a quien le faltaba el punto de expresividad necesario.

Sin embargo, ‘War Requiem’ es una obra coral y orquestal y aquí el coro del teatro y la escolanía también del teatro, así como la orquesta, demostraron que son formaciones de un nivel altísimo. El joven Daniele Rustioni se estrenaba en el foso como director titular de la orquesta de la Ópera de Lyon. Con el buen ensamblaje de una obra tan compleja como es esta, el que fue asistente de Antonio Pappano demostró un saber hacer de primer orden. Solo faltó que el coro infantil sonara como algo fuera de este mundo, pero este fallo hay que atribuirlo solo a la estructura de la sala. Normalmente este coro se sitúa lejos del escenario, casi siempre atrás de la sala o de la iglesia lo que da un aire celestial a su interpretación. En este caso esta colocación es imposible de modo que, acomodados a un lado del escenario se perdía este sonido lejano, de otro mundo.

Cabe señalar que tanto el coro como la orquesta de Lyon son buenos conocedores de la obra de Britten, compositor al que el teatro dedicó un festival en el 2014 en el que se representaron ‘Curlew River’, ‘The turn of the screw’ y ‘Peter Grimes’, esta última con puesta en escena de Oida que también había producido ‘Muerte en Venecia’ del mismo compositor en el 2009.

La Ópera de Lyon ha recibido este año importantes y merecidos galardones internacionales, pero al mismo tiempo el teatro atraviesa por un conflicto laboral que un representante de los trabajadores se encargó de explicar al público antes del inicio de la representación, explicación a la que siguió la de un representante de la otra parte, de la dirección del teatro.

Representación vista el 15 de octubre.

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