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PRIMERA JORNADA

De Vic a la Luna

Maria Rodés preestrenó el galáctico `Eclíptica¿ en el Mercat de Música Viva, muestra que acogió sustanciosos estrenos de Xarim Aresté y The Gramophone Allstars Big Band

Jordi Bianciotto

Un momento del concierto de Maria Rodés. 

Un momento del concierto de Maria Rodés.  / ACN / LAURA BUSQUETS

El Mercat de Música Viva de Vic es ahora, en primer término, plataforma de primicias y ahí centró los focos, este miércoles, Maria Rodés con la propuesta que le valió el año pasado el premio Puig-Porret, concedido a un proyecto en desarrollo. Un concierto en torno a las fragilidades humanas en contraste con la mística del cosmos, que convivió en la primera jornada de la muestra con otras propuestas de relieve, como los estrenos de disco de Xarim Aresté y The Gramophone Allstars Big Band.

En la luna hay un cráter que fue un día bautizado con el nombre de Lluís Rodés, jesuita que dirigió el Observatorio del Ebro durante la Guerra Civil. Un antepasado de Maria Rodés que "se refugiaba de los bombardeos mirando las estrellas", explicó en el Atlàntida. Motivo inspirador de 'Eclíptica', el espectáculo que destapó en el Mercat y que en noviembre se convertirá en disco (con un título aún por confirmar), lleno de canciones bonitas y misteriosas, con zonas de sombra y un poco de humor apocalíptico. Las presentó con un cuarteto que incluyó, a las guitarras, a Santi Careta y Juliane Heinemann.

Listos para el choque

Canciones de estreno como 'Noche serena', ensoñadora, y 'Luciérnaga en el suelo', más siniestra y con armonías de inspiración flamenca (se diría que el Bowie de 'Blackstar' andaba cerca). Acercamientos pop en 'Pléyades' y 'Nana negra', con melodías tocadas por un punto de fantasía, la minimalista 'Eclipsi' y el 'crescendo' alarmista, bélico, de 'Serena'. Y una ocurrencia que quitó hierro a la sesión, esa especie de cumbia llamada 'No lo quiero saber', en la que Rodés evoca una carta que recibió su pariente lejano en el que alguien le decía que, si era cierto que algún día el sol chocaría con la Tierra, prefería no saberlo porque suficientes problemas tenia ya en la vida. Ese estribillo disparatado y delicioso, "chocará conmigo, oh, oh", huele a 'hit'.

Xarim Aresté se acogió a otro imaginario lejano, las islas australes que dan título a su nuevo disco, 'Polinesia', como metáfora de sus tribulaciones emocionales. Un repertorio en el que, sin despegarse del todo del rock destartalado que le acompaña desde los días de Very Pomelo, se decanta por el medio tiempo y la balada, terreno en el que despuntaron dos canciones, 'La flor' y 'Descalç'.

Aunque es posible que la composición con más calado, en discusión con 'Mil antenes' (que no interpretó en Vic), sea 'Ha quedat clar', que lo tiene todo: ímpetu rockero, una estructura original y un trayecto emotivo en el que culmina cada estrofa con la apostilla de "només hem vingut aquí a estimar" rodeado de una vaga aura espiritual. Puesta en escena sólida, con Miquel Sospedra, el ex-'pomelo' Ricard Sohn y Ermengol Mayol.

Rumbo al trópico

Y cerrando la jornada, The Gramophone Allstars, ahora ya Big Band con carácter definitivo, 17 músicos en escena comandados por el saxofonista y flautista Genís Bou. Su nueva obra, 'Maraca soul', es otro festín de mestizajes afroamericanos y tropicales que abre el encuadre a ritmos menos transitados en nuestras latitudes como el boogaloo y el calypso.

Ahí estuvo 'Ah diggin’ horrors', de Mighty Sparrow, referencial artista de Trinidad, que convivió felizmente con revisiones de 'I wish I knew how it would feel to be free', pieza que Nina Simone grabó en 1967, y 'Hot cargo', de The Skatalites. Al frente, las voz de Judit Neddermann, buscando siempre más la conexión emocional precisa que el impacto efectista, arropada por Yolanda y Kathy Sey, garantizando todas ellas que estas canciones llegaran al público de la Carpa Vermella en su estado más vivificante.

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