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DANZA

Acosta Danza, vitalismo contra la tristeza

La compañía cubana deslumbra en Peralada con la diversidad de unas coreografías marcadas por la contemporaneidad

César López Rosell

Era una de las apuestas más esperadas de esta exitosa edición del Festival de Peralada, que culminó el jueves, pero el debut en España de la revolucionaria compañía Acosta Danza, estuvo marcado por la profunda sacudida anímica producida por los atentados de Barcelona y Cambrils. Lo que iba a ser una fiesta artística se convirtió, gracias a la superlativa exhibición de vitalismo creativo con sello cubano, en el mejor antídoto para combatir la tristeza. El gozo de existir, expuesto con un baile que viaja desde las raíces clásicas a las más contemporáneas, sirvió para mostrar que no hay terror que pueda frenar la evolución cultural de nuestra sociedad ni alterar nuestra democrática forma de convivencia.

Hay que seguir adelante, sin renunciar a nuestras convicciones, parecían decirnos estos jóvenes artistas, capitaneados por el carismático Carlos Acosta. El bailarín y coreógrafo de La Habana demostró en el Auditori del Castell que, a sus 44 años, está en la plenitud de su madurez coreográfica después de dejar, en el 2016, el Royal Ballet. Todo ese bagaje lo vuelca ahora en la captación y formación de los mejores talentos de su país en un proyecto que promete marcar una época. Y todavía, con dos magistrales solos, demostró lo mucho que podría brillar en los escenarios, aunque haya renunciado ya a ello en beneficio de una misión que consiste en poner en el mapa un baile cubano de raíces clásicas pero marcado por la modernidad.

Minuto de silencio

Carlos Acosta acompañó a Oriol Aguilà, director del festival, en la lectura de un comunicado de rechazo a los atentados y de solidaridad con Barcelona y las víctimas, seguido de un minuto de silencio. El espectacular programa se inició con el dúo 'El cruce sobre el Niágara', una obra de rabiosa estética contemporánea inspirada en la diversidad, obra de la cubana Marianela Boán. El público aún no se había recuperado de su asombro cuando apareció en escena Acosta para interpretar el solo 'Memoria', de Miguel Altunaga, con música electrónica de Murcof que marca el ritmo sincopado de una pieza de regusto urbano.

Después, y para mostrar la línea de apertura de la compañía a los nuevos lenguajes, le llegó al turno a 'Faun', célebre coreografía de Sidi Larbi Cherkaoui, con música de Claude Deboussy y piezas de Nitin Sawhney. Fusión de baile y de cuerpos antes de abordar el paso a dos de Ben Stevenson 'End of time', basado en el tercer movimiento de la 'Sonata en re menor' de Rachmaninov, en la que un hombre y una mujer extraen la fuerza el uno del otro al ser los últimos habitantes de la Tierra.

Voluntad de vivir

Y por si faltaran más mensajes sobre la supervivencia, la coreografía de Raúl Reinoso 'Anadromous', con músicas de Yann Tiersen y Ezio Bosso, fue interpretada en un precioso dúo por él mismo y Laura Treto. Puro magnetismo para mostrar la voluntad de vivir. 'Two', de Russell Maliphant, mostró al Acosta más inspirado con sus cautivadores movimientos de brazos, espaldas y cabeza. Pies y manos del bailarín, inmersos en un contorno borroso de luz y movimiento, juegan un gran papel hasta que su figura se evapora.

'Alrededor no hay nada', una creación de Goyo Montero sobre poemas de Joaquín Sabina y Vinicius de Morais, permitió a la compañía al completo rizar el rizo de la genialidad bailando sobre las palabras. La cadencia de voces tan singulares bastó para urdir un apoteósico final. 

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