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CRÍTICA DE MÚSICA

Gregory Kunde, maestro generoso en Peralada

El tenor norteamericano cerró con éxito los recitales líricos de la iglesia del Carme con obras del 'bel canto' y del verismo

César López Rosell

Gregory Kunde, en el Festival de Peralada.

Gregory Kunde, en el Festival de Peralada. / JORDI RIBOT PUNTÍ / ICONNA

Gregory Kunde es un maestro del oficio y sabe como graduar un recital para acabar ganándose la adhesión de sus seguidores. A sus 63 años, el tenor norteamericano sigue campando a sus anchas y mostrando su generosidad en los escenarios. Después de superar en 1994  un cáncer testicular, su carrera hizo un  cambio y el volcán de su voz entró en erupción hasta alcanzar cotas que él nunca había imaginado. En su generoso recital, que cerraba la gran semana lírica de la iglesia del Carme de Peralada, demostró precisamente que, tras ser un referente en el  repertorio belcantista y sin renunciar a determinados roles del género, su evolución hacia una tesitura más dramática, al perder agilidades, ha sido muy favorable para su vocalidad. Al final, y tras mostrar lo mejor de sí con las piezas veristas, ofreció dos propinas, ‘What a wonderful world’, popularizada por Louis Armstrong, y una gran versión de ‘My way’, uno de los emblemas de Frank Sinatra, que acabaron poniendo al público de pie.

Kunde, acompañado al piano por un discreto José Ramón Martín, mostró una cierta fatiga vocal al inicio, tal vez por la excesiva actividad en la última etapa de su carrera. Abordó de entrada tres canciones de Bellini de gran belleza melódica, ‘Vaga luna che inargenti', 'Malinconia, ninfa gentile’ y la conocida ‘Vanne, o rosa fortunata’, antes de recrear ‘Meco al altar… Me protege’, aria’ de Pollione en ‘Norma’, uno de los personajes y óperas del ‘bel canto’ que más le gustan. Rossini, que tantas satisfacciones le ha dado en su carrera, no podía faltar a la cita. ‘La lontananza’ y ‘Tiranna alla spagnola’, de ‘Péchés de vieillesse’, precedieron a la extrema exigencia de ‘Asile hérétaire’ de ‘Guillaume Tell’, en la que evidenció una cierta dificultad para llegar al final.

Pero el cantante de Illinois tiene tablas para dar y vender y al enfrentarse en la continuación a tres romanzas de Verdi subió el listón de sus prestaciones. Con ellas llegó en plenitud, y con toda la fuerza dramática que exige, a ‘Forse la soglia attinse…’, aria de ‘Un ballo in maschera’. El tenor había ganado la batalla y sus aplaudidas versiones de ‘Che gélida manina’ de ‘La Bohème’ de Puccini y de la carismática ‘Vesti la gubia’ de ‘Pagliacci’, de Leoncavallo, pusieron la rúbrica a un esforzado recital. El aclamado artista acabó entregando el ramo de flores recibido tras la gala  a su esposa, y cantante de musicales, sentada en primera fila.
 

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