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CRÓNICA DE CONCIERTO

Kris Kristofferson, la voz de la experiencia

El actor y cantautor encaró ciertas dificultades en su actuación en el festival Jardins Pedralbes, pero supo emerger victorioso

Juan Manuel Freire

Kris Kristofferson en el festival Jardins de Pedralbes.

Kris Kristofferson en el festival Jardins de Pedralbes. / FERRAN SENDRA

Tras casi cinco décadas como actor y cantautor country, Kris Kristofferson no parece decidido a tirar la toalla. Si el histórico (e injusto) fiasco comercial de 'La puerta del cielo' no acabó con su carrera artística, nada lo hará, ni siquiera los achaques de la edad: acaba de cumplir los 81. Anoche salió victorioso de Jardins Pedralbes, aunque (todo sea dicho) no sin topar primero con algún que otro escollo.

Acompañado solo por su acústica y armónica, sin una banda para restarle vulnerabilidad, Kristofferson tardó un poco en encontrar la fluidez musical y expresiva. En el arranque con 'Shipwrecked in the eighties', un intento de levantar la voz resultó fallido. En la posterior 'Darby’s castle' reconoció haber "jodido" el final. Mejor resultó la recibida con aplausos 'Me and Bobby McGee', en la que Kristofferson cambió la letra para hacer mención a Janis Joplin, quien hizo famosa dicha canción.

Con una problemática 'The best of all possible worlds' regresó la preocupación por la salud de Kristofferson, quien ha sufrido en los últimos tiempos pérdidas de memoria. Detuvo la canción antes de tiempo y señaló: "Demasiados golpes en la cabeza, me dijeron", en referencia aparente a una juventud dedicada al boxeo, el rugby y el fútbol americano.

En algunas canciones, no parece apretar las cuerdas con fuerza suficiente, o seguir con el ritmo adecuado la progresión de acordes. Después de 'Casey’s last ride', hizo una afirmación inquietante: "Tengo que dejar de tocar la guitarra ya mismo".

Curiosamente, algo debió hacer clic en su cabeza cuando se escuchó a sí mismo decir esas palabras. Y lo que empezaba a parecer una triste despedida se convirtió en ejercicio de autoafirmación: temas mejor cantados y tocados, chistes introducidos con soltura, incluso alguna que otra catártica elevación de voz, como cuando chilló "¡Dios todopoderoso, estoy aquí!" en 'Feeling mortal'.

El público, siempre respetuoso, había animado al forajido en sus pequeños deslices y ahora le acompañaba en su resurgir con silbidos positivos. Unos dos tercios del repertorio sonaron casi impolutos; o con la fragilidad adecuada. Su voz se rompió emotivamente en la dedicada a sus hijos 'From here to forever': "Y si necesitas una razón para vivir/ Hazlo por amor y por mí".

Ya más contento en apariencia de estar sobre ese escenario, sacó brillo crepuscular a 'They killed him' (como él mismo recordó, versionada por Dylan), 'The pilgrim - Chapter 33' y, por supuesto, la gran canción sobre la resaca 'Sunday mornin’ comin’ down', que en la versión de Johnny Cash lanzó la carrera como músico de Kristofferson.

Para el único bis reservó 'Please don’t tell me how the story ends', una canción que empieza, de modo agorero, con estas palabras: "Esta podría ser nuestra última buena noche juntos". Kris, di que no es verdad.

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