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LOS ESTRENOS DE CINE DE LA SEMANA

James Gray, el último clásico americano

El director estadounidense, que este viernes estrena 'Z, la ciudad perdida', cautivó desde el principio en Europa con su cine neoclásico, ajeno a los ritmos y tonos posmodernos

Juan Manuel Freire

James Gray, en el rodaje de Z, la ciudad perdida.

James Gray, en el rodaje de Z, la ciudad perdida.

Durante mucho tiempo, los críticos de Estados Unidos no supieron qué hacer con James Gray, director ajeno tanto a la progresiva infantilización del cine 'mainstream' de Hollywood como a los impulsos posmodernos o la estética en baja fidelidad del ámbito 'indie'.

Lo que había que hacer, como hicieron los críticos franceses, era defenderle. Por mantener viva la llama del clasicismo, pero también el carácter sanguíneo del Nuevo Hollywood. Por incorporar sus influencias (no solo estadounidenses, también europeas, como el realismo operático de Visconti) de forma patente pero siempre elegante. Por contar historias moralmente complejas, renovaciones astutas de argumentos extraídos no de atracciones de parque temático, sino de la Biblia y las tragedias griegas. 

Tráiler de Z, La ciudad perdida. (2016)

"Soy un perdedor, soy un ludita, no veo la tele ni me meto en las redes sociales ni nada", decía hace poco Gray en una entrevista con 'Village Voice'. Esta reticencia a pasar por todos los aros de la vida moderna ha producido una filmografía gloriosamente carente de tics coyunturales.

DRAMAS CRIMINALES Y ROMÁNTICOS

Hubo tiempos en los que uno podía acudir a los cines y elegir entre uno o varios 'thrillers', o películas de gánsteres, con personajes complejos encarnados por estrellas. En la primera época de su carrera Gray extendió esta tradición con varias películas tras la estela del 'Padrino' de Coppola, desarrolladas en una Nueva York cruzada por sombras de Lumet.

En todas ellas la intriga criminal se combinaba con los entresijos dramáticos de familias tan complicadas como algunas de Shakespeare. 'Cuestión de sangre' (1994) explicaba cómo un asesino a sueldo volvía al entorno de su infancia para un 'trabajo' y se enfrentaba a su propia humanidad. En 'La otra cara del crimen' (2000), un joven recién salido de la cárcel (excelente Mark Wahlberg) descubre que la compañía de reparación de vagones de metro de su tío tiene un lado oscuro. 'La noche es nuestra' (2007) seguía los caminos de dos hermanos a ambos lados de la ley y el intento de redención de uno de ellos en la Nueva York de finales de los 80.

Eran películas extraordinarias, como supieron ver al menos en Francia, donde la revista 'Première' eligió 'La otra cara del crimen' como segunda mejor película del 2000 y 'La noche es nuestra' fue nominada al César a mejor película extranjera, como un año después 'Two lovers'. En esta última, inspirada por la novela corta de Dostoyevski que dio pie a 'Noches blancas' de Visconti,  Gray saltaba al drama romántico para contar la historia de un hombre escindido entre la chica que quieren para él y la nueva y volátil vecina del edificio donde este treintañero aún vive con sus padres: el clasicismo ensoñador (Hitchcock, Kazan, Sirk) no quitaba el realismo.

FUERA DE SU HÁBITAT

Gray salió definitivamente de los tiempos modernos con 'El sueño de Ellis', película de época (Nueva York, años 20). Y en su última apuesta, 'Z, la ciudad perdida', que el viernes llega a nuestras salas, se atreve incluso a salir de Nueva York para seguir al explorador británico Percy Fawcett en su búsqueda obsesiva de una ciudad perdida del Amazonas.

El cosmos es el límite ahora: su próximo proyecto es 'Ad Astra', en la que un ingeniero del ejército (probablemente Brad Pitt, quien lleva tiempo queriendo actuar para Gray y ha producido su última película) recorre la galaxia en busca de su padre, desaparecido en una misión en busca de vida extraterrestre veinte años atrás.