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KOSMOPOLIS

Jean Echenoz juega a los espías en 'Enviada especial'

El escritor francés se declara desorientado con los acontecimientos políticos de su país

ELENA HEVIA / BARCELONA

Jean Echenoz, en el CCCB de Barcelona, dentro del festival Kosmopolis. 

Jean Echenoz, en el CCCB de Barcelona, dentro del festival Kosmopolis.  / FERRAN SENDRA

Jean Echenoz (Orange, 1947) estudió ingeniería y quizá algo de aquella precisión haya quedado en la perfecta construcción de sus memorables novelas. Otra cosa es explicarlas. En su haber tiene 12 traducidas en castellano, aunque sea en las cuatro últimas (también en catalán) donde se ha ganado realmente el favor de un público más amplio. Hombre de natural discreto y parco en palabras, se resiste a revelar los resortes de su escritura. Así que todos son dudas, carraspeos e imprecisiones cuando se le pregunta por 'Enviada especial', su última novela (Anagrama / Raig Verd), que ha venido a presentar en el festival Kosmopolis, sin que le importe reconocer que no acaba de querer decir lo que quiere o que haciéndolo -y ahí está el intríngulis-, corre el peligro de que la carga poética de su escritura se venga abajo.

Después de una década paseándose por la historia del siglo XX con una trilogía dedicada a figuras como Ravel (en la novela homónima), Emil Zatopek (en 'Correr') y Nikola Tesla (en 'Relámpagos') con la coda y la hazaña de resumir la primera guerra mundial en un novela brevísima, '14', Echenoz se muestra harto de realidad (aunque mucho habría que discutir sobre ello) y regresa a sus orígenes, a novelas de pura ficción como 'El meridiano de Greenwich' o 'La aventura malaya', en las que adoptó la fórmula de la novela negra -de la que se considera un buen lector- o de la novela de aventuras, para relatar otra cosa.

'Enviada especial', cocida en el molde de la novela de espías, ha sido saludada en Francia como un paso más allá de su muy aclamada trilogía. "En esta novela he buscado escapar a la facilidad que suponía para mí escribir novelas, digamos, históricas pero a la vez he encontrado una mayor libertad para jugar con la narración". Como si se tratase de una novela de Graham Greene, todo gira alrededor de una mujer reclutada fuera de las redes en una trama que culmina en Corea del Norte "una dictadura terrorífica, sin parangón con nada que poco tiene que ver con el comunismo de antes de la caída del muro".

LA IRONÍA DE HITCHCOK

Esa libertad quizá ha hecho que 'Enviada especial' sea su novela más divertida y juguetona, atravesada por una fina ironía y con una trama tan decididamente rocambolesca como pudiera serlo cualquier película de Hitchcock, cuya deuda el autor admite sin ambages. “El cine ha sido una gran influencia en mi escritura. Ha habido periodos en mi vida en que iba a diario, de ahí que la gramática cinematográfica con aspectos como el plano secuencia, el punto de vista de la cámara o el ritmo han sido muy importantes para mí”. También asegura que le ha ‘robado’ una idea al mago del suspense, precisamente en aquella película que se llamó ‘Enviado especial’ (no así en Francia), el momento en que las aspas de un molino giran al revés a modo de señal secreta.

Las vacilaciones de Echenoz alcanzan el punto más alto cuando se le pregunta por la situación política francesa con el socialismo en desbandada, la derecha tocada por la corrupción y la amenaza del populismo de Marine LePen, sin olvidar a Macron, verso suelto. “Me siento completamente incapaz de extraer algún tipo de sentido a la vida política francesa, básicamente porque no tiene sentido. No me gusta hablar de este tema porque no soy un comentarista profesional sino un ciudadano de a pie pero es cierto que en el paisaje político actual se ha producido una especie de desplazamiento de las opiniones que nos deja desconcertados. Yo tengo una cierta edad y he visto muchas cosas pero jamás algo así. Si muchos intelectuales, con importantes fuentes de información, se confiesan sobrepasados, mis comentarios no pueden aportar mucho más”.

EL LIBRO IMAGINARIO

Tampoco se muestra muy seguro a la hora de establecer el hilo conductor de todas sus novelas, pero la metáfora de esta inseguridad tiene el valor de las grandes certezas: “Creo que tengo en mente un libro imaginario que nunca llegaré a escribir y del que no sé absolutamente nada. Frente a ello, mis obras son quizá pequeñas muestras, pequeños espejismos, de ese gran libro imaginario del que no se nada y que nunca llegaré a escribir. Escribir es una pulsión, pero el porqué ese deseo..., no tengo la menor idea”. 

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