ANÁLISIS

Premios previsibles pero justos

Carlos Santos, actor revelación por ’El hombre de las mil caras’

Carlos Santos, actor revelación por ’El hombre de las mil caras’ / DAVID CASTRO

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Cuatro conceptos, tan distintos como complementarios, se han enfrentado en la ceremonia de los últimos premios Goya. El cine fantástico de gran envergadura de producción ('Un monstruo viene a verme'), el melodrama según lo entiende y lo practica de manera insobornable Pedro Almodóvar ('Julieta'), la recuperación de una cierta idea del cine de denuncia sociopolítica ('El hombre de las mil caras') y, por partida doble, el ya bien instaurado nuevo cine policíaco español ('Tarde para la ira' y 'Que Dios nos perdone').

En todos los casos, cine de género y cine de autor fusionados bien, aunque a distintos niveles. Películas personales con aspiraciones de llegar al máximo posible de espectadores. Pero la taquilla no es la única referencia, dijo en la ceremonia Mariano Barroso, vicepresidente de la Academia, refiriéndose a otras formas más minoritarias de hacer cine. Comentario muy loable, aunque ningún filme que pertenece a esas tendencias más radicales a las que les cuesta horrores llegar a las salas (pongamos por caso 'La mort de Louis XIV', 'La reconquista' y 'La propera pell') estaba entre los títulos nominados a mejor película.

Flotaba en el ambiente la sensación de triunfo de 'Tarde para la ira' y el primer Goya otorgado en la noche, el de director novel para Raúl Arévalo, parecía confirmarlo, así como una avalancha de estatuillas para 'Un monstruo viene a verme', ya anticipada en los Gaudí. El guion se fue cumpliendo a rajatabla, algo que no sé en estos casos si es bueno o malo: el consenso o la disidencia, lo que se espera o lo que sorprende.

Entre planos del director de orquesta vestido como el mago Severus de Harry Potter, comparación que circuló rápido por Internet, y los chascarrillos de Dani Rovira –algunos con bastante gracia: felicitar a Agustín Almodóvar por 'Psicosis' y convertirlo así en nuestro Alfred Hitchcock–, los galardones cayeron del lado esperado. 'Un monstruo viene a verme' arrasó en los apartados de fotografía, música, sonido, montaje, efectos especiales, maquillaje y peluquería, dirección artística y dirección de producción. Y Bayona volvió a ganar el Goya al mejor realizador tras obtener el mismo premio por 'Lo imposible' y el de director novel por 'El orfanato'. El ciclo perfecto.

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Roberto Alamo tenía serios competidores, pero la notable composición que hace del policía frenético, violento y desquiciado de 'Que Dios nos perdone' era también apuesta ganadora. Noche redonda para Emma Suárez, mejor actriz principal y mejor actriz de carácter, un doblete que no acostumbra a producirse, de Almodóvar a Isaki Lacuesta, de Julieta a 'La propera pell', dos interpretaciones sentidas y distintas, excelentes. La sensación de triunfo de 'Tarde para la ira' quedó refutada en la última secuencia de la ceremonia. Todo parecía estar escrito de antemano, pero fue justo.

En otras categorías que, desgraciadamente, casi nunca citamos cuando repasamos los galardones, hubo un premio previsible, el Goya al mejor corto para el oscarizable 'Timecode', y una deliciosa sorpresa, 'Psiconautas' como mejor filme de animación. Ambos merecidísimos.