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INTERVENCIÓN EN EL CENTRO CULTURAL

Escuchar ovejas y suspender el tiempo en la Rambla

Una pieza arquitectónica efímera, ideada por alumnos de Elisava para la terraza del Arts Santa Mònica, propone durante seis meses disfrutar del flujo de la avenida con otros ojos y oídos

Anna Abella

Los alumnos de arquitectura efímera de Elisava, este martes en el nuevo espacio temporal que permitirá durante seis meses ver y oír la Rambla de otra forma desde la terraza del Arts Santa Mònica. / JULIO CARBÓ

Los alumnos de arquitectura efímera de Elisava, este martes en el nuevo espacio temporal que permitirá durante seis meses ver y oír la Rambla de otra forma desde la terraza del Arts Santa Mònica.
Los alumnos de arquitectura efímera de Elisava, este martes en el nuevo espacio temporal que permitirá durante seis meses ver y oír la Rambla de otra forma desde la terraza del Arts Santa Mònica.
Roger Páez y Toni Montes (derecha), tutores del máster de Arquitectura Efímera y Diseño de Espacios Temporales de Elisava, que han impulsado junto a sus alumnos el nuevo espacio temporal que permitirá durante seis meses ver y oír la Rambla de otra forma desde la terraza del Arts Santa Mònica.

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En plena Rambla de Barcelona, a tiro de piedra del mar, sentado, recostado, tumbado, de pie..., cualquier ciudadano podrá encaramarse durante los próximos seis meses a un amplio y privilegiado balcón, construido en sólida madera sobre la rampa exterior de la terraza del Arts Santa Mònica, y parapetarse tras unos cascos oyendo distintas bandas sonoras que le demostrarán “que lo que ves no es lo que oyes y lo que oyes no es lo que estás pensando”. Sonidos que le evocarán imágenes de cosas que fluyen o han fluido en el pasado en la hoy nerviosa y bulliciosa avenida por la que cada año circulan más de 90 millones de personas. Entre ellas, el discurrir de un río, el de una manifestación, el de un rebaño de ovejas, el de una marcha militar... O la ausencia absoluta de sonido para combatir la omnipresente “contaminación acústica”.

“Hemos querido generar un espacio para suspender el tiempo y descontextualizar la Rambla”, explica, desde una de las gradas de esta “ágora urbana” que este miércoles quedará inaugurada, Roger Paez, quien junto a Toni Montes son los profesores del máster en Arquitectura Efímera y Diseño de Espacios Temporales de Elisava, que con sus ocho alumnos han ideado el proyecto, de nombre ‘Off Space’.

"ÁGORA PÚBLICA"

El germen partió de Jaume Reus, director del Arts Santa Mònica, que cruzó hace unos meses el paseo hacia la acera opuesta del centro, donde se ubica la escuela de Diseño, y les propuso colaborar en una fórmula interactiva que “llamara la atención del paseante” y fuera un reclamo a lo que se cocina en el interior del Arts haciendo más visible la entrada. El resultado ha sido el buscado, comenta: un “ágora pública” y un “espacio contemplativo y de desconexión” que invita a frenar el ritmo y la velocidad en plena Rambla y abrir los sentidos a una nueva interpretación de la calle. 

La estructura alzada, de resistente y acogedora madera sin pulir, que está fijada a suelo y paredes por presión en lugar de clavos para no dañar el edificio catalogado del centro cultural, se dispone en gradas de distintas alturas e inclinaciones, adaptándose al plano inclinado de la terraza y ofreciendo “un espacio de formato libre donde la gente elige cómo estar y qué hacer en él”, apunta Montes.

ACCESO LIBRE

A ‘Off Space’ se accede libremente por la puerta del Arts Santa Mònica en horario habitual (de 11 a 21 h. de martes a sábado, y domingos hasta las 17h.) y durante las noches lucirá con iluminación especial. Además de a través de los cascos, las bandas sonoras pueden descargarse a diversos dispositivos gracias a códigos QR, una app y desde la web del centro expositivo.        
 

Esta pieza de arquitectura, que lo ideal para disfrutarla es que no acoja a más de medio centenar de personas a la vez, ha nacido como instalación efímera, pensada y proyectada en apenas 10 días por los estudiantes del máster de Elisava, Natalie Franco, Virginia Gallo, Sara Guidi, Andrei Krel, Giulio Rampoldi, Sabrina Sturba, Ezequiel Aleixo Torea y Manuela Valchanova, que han ayudado a la construcción, que ha durado cuatro días, a la empresa Big-building Spaces. 

Dentro de seis meses, “si no hay indulto”, bromea Reus, se desmontará. Pero, como apuntan los profesores Montes y Paez, “habrá ganado heridas de guerra, mostrará las huellas del uso y la meteorología: la madera estará agrietada y habrá envejecido y cambiado a un color más gris”. Tendrá su propia historia, la de los ciudadanos que la habrán hecho suya.