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exposición en la calle de montcada

Pablito, maestro, 'monseigneur'

El Museu Picasso dedica un pequeño homenaje a Jacqueline Picasso a los 30 años de su muerte

Natàlia Farré

Jacqueline Roque en La Californie, el 20 de enero de 1958.

Jacqueline Roque en La Californie, el 20 de enero de 1958. / PABLO PICASSO (ATRIBUIDA)

Pablito, maestro, 'monseigneur'. El aludido era Pablo Picasso y quien así le llamaba era su esposa Jacqueline, la misma que firma algunas de sus cartas como Madame Z. El sobrenombre en la rúbrica tiene historia: de esa manera se referían a ella los amigos de Picasso cuando su relación aún no era oficial. De los motes de unos y otros se aprende en lo escrito en algunas de las cartas que Jacqueline Picasso, Roque de soltera, mandó a sus amigos y que ahora expone el museo barcelonés del genio en el pequeño –"íntimo", según su director Bernardo Laniado-Romero- homenaje que la sala le dedica en el 30º aniversario de su muerte (hasta el 4 de septiembre).

No en vano, Jacqueline no solo fue la esposa del genio durante 20 años, además de su musa y modelo, sino que también fue una mujer generosa con el Museu Picasso al que donó 42 piezas: 41 cerámicas y el óleo 'La mujer de la cofia' (1904) después de la muerte del malagueño. De ahí, la necesidad de honorarla. "No queríamos mostrar la Jacqueline inspiradora y guardiana que siempre vemos sino que queríamos darle una voz propia: enseñar la Jacqueline fotógrafa de la vida íntima que compartió con Picasso, y la Jacqueline mecenas, y también, a través de sus cartas, escuchar su voz", apunta el Laniado-Romero.

LUMP Y PERRO

Así que además de las misivas, la muestra de gabinete expone documentación de los viajes realizados por ella a Barcelona (siempre después del fallecimiento del malagueño que prometió no volver mientras estuviera Franco y murió sin poder hacerlo), además de 13 fotografías tomadas por Jacqueline en las que aparecen el genio y sus amigos, parte de las 41 cerámicas donadas y 'La mujer de la cofia'.

Todo concentrado entre el salón neoclásico del museo (el mismo que el barón de Castellet mandó construir a finales del XVIII cuando volvió de su paso por Rusia como embajador) y las dos salas que lo anteceden. Una exposición que abre un autorretrato de Jacqueline para continuar con imágenes de Picasso con Jaume Sabartés en el castillo de Vauvenargues (donde está enterrado el pintor), con Joan y Miquel Gaspar en el aeropuerto de Niza, con Gustau Gili en la terraza de la residencia de Mougins (donde murió Picasso), y con sus mascotas: Lump (el perro salsicha que inmortalizó en su serie de 'Las Meninas') y el dálmata que respondía al nombre de Perro. Cosas del genio.  

 LA LIBRETA NEGRA

Son instantáneas familiares pero de buena calidad y buena composición, en las que destaca sobre todo "la evidente complicidad entre el fotógrafo y los sujetos fotografiados", apunta Laniado-Romero a la vez que desvela que el fotoperiodista David Douglas Duncan, amigo de Picasso, era quien daba consejos a Jacqueline sobre el tema. A las fotografías le siguen las cerámicas, algunas seleccionadas para la ocasión y otras que se exponen permanentemente, como las extraordinarias jarras góticas o la conocida como 'el búho'.

Y todo salido de la colección del museo: de la donación de Jacqueline y de los fondos Gili, Vidal Ventosa y Sabartés, este último con una parte aún por descubrir. A su muerte dejó una caja cerrada con el mandato de no abrirla hasta transcurridos 50 años. Nadie sabe qué hay en su interior. Y nunca se ha inspeccionado, ni siquiera en el 2014 cuando el Moma de Nueva York llamó suplicando que se intentara averiguar si dentro estaba la famosa y desaparecida libreta negra de Picasso. En ella se supone que el genio malagueño apuntó todo lo relativo a sus esculturas: el número de piezas realizadas y el fundidor que las hizo. Habrá que esperar hasta el 12 de febrero del 2018 para ver las sorpresas que guarda la caja y descubrir, o no, el paradero de la ansiada libreta negra. 

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