LA NUEVA TEMPORADA DEL TEATRE CONDAL

La codicia llama a la puerta

Emma Vilarasau y Jordi Bosch, matrimonio en la vida real, lo son también en la comedia 'Caiguts del cel', de Sébastien Thiéry, en el Teatre Condal

Emma Vilarasau y Jordi Bosch, la semana pasada en el Teatre Condal.

Emma Vilarasau y Jordi Bosch, la semana pasada en el Teatre Condal. / ÁLVARO MONGE

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IMMA FERNÁNDEZ / BARCELONA

Hacía 20 años que Emma Vilarasau y su marido, Jordi Bosch -dos de los actores más requeridos de los telones-, no coincidían sobre las tablas. «La última vez fue en 1994, en El barret de cascavells, de Pirandello, en el Lliure», recuerdan. Cuando sus dos hijos eran pequeños, preferían trabajos alternos. Ahora, dos décadas después, Sergi Belbel los ha reunido en la comedia Caiguts del cel, del francés Sébastien Thiéry, con la que debutan en el Teatre Condal a partir del 4 de septiembre. También debutan como matrimonio en la ficción escénica, aunque ya los vimos liados, y con familia numerosa, en la sitcom de TV-3 Majoria absoluta.En Caiguts del cel interpretan a un matrimonio de clase media -él, médico y ella, directora de un parvulario- al que un acontecimiento inexplicable alterará sus vidas. En el comedor de su casa empiezan a aparecer billetes. Dinero, caído del cielo. La mujer de la limpieza ucraniana (Anna Barrachina) y un vecino inquietante (Carles Martínez) se sumarán a una trama que, ácido varapalo a la codicia humana, parte del absurdo y se enreda en la comedia de bulevar. «Las obras de Thiéry mezclan dos tradiciones francesas: el teatro del absurdo de Eugène Ionesco o Jean Tardieu con la comedia de boulevar», informa Belbel.

A Vilarasau le atrapó una obra «muy bien escrita, ágil, fresca; con unos diálogos brillantes, y un final inesperado, muy distinto al de las comedias convencionales». «Plantea cómo el dinero cambia a una pareja», aporta Bosch. ¿Qué harían ellos si, de repente, les lloviera dinero como en la ficción? «Nunca se sabe. Al principio todo son buenas intenciones pero después, a saber», apunta la actriz, encantada de vérselas con su marido entre bastidores.

«Hacía tiempo que quería hacer una obra con él, y me apetece mucho que sea una comedia que podemos disfrutar mucho. A su lado, es fácil hacer reír», le halaga Vilarasau, que se siente cómoda en todos los géneros. «Parece que lloraba muy bien y me han ido dando papeles dramáticos pero también he hecho comedia», recuerda la protagonista de Els dies feliços y Fedra, ambas bajo la dirección de Belbel, que ya le sacó punta a su «gran vis cómica» en Tàlem (1990).

Bosch opina que un actor debe intentar abrirse a todos los registros. «Luego el oficio te pone el tono y haces cosas mejor que otras». Él le pilló el tono a la comedia (Els feréstecs, El crédit), su género preferido, pero también sabe sufrir, y volverá a hacerlo en la reposición de El rei Lear en el Lliure. Después retomará su perfil humorístico de la mano de Eduardo de Filippo y Lluís Pasqual. Vilarasau, por su parte, protagonizará las nuevas obras de Pau Miró (Victòria, TNC) y Pere Riera (La Villarroel).

El proceso soberanista

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El matrimonio de actores conviene que «todo son ventajas» a la hora de trabajar juntos. «Después del estreno ya veremos», bromea, o no, Vilarasau. También para Belbel, de quien partió la idea de reunirlos, su relación ha resultado muy ventajosa. «Cuando dos actores deben interpretar a una pareja hay que trabajar para hacerlo creíble. Aquí no ha sido necesario, además, como en la ficción, llevan 20 años juntos y han aportado algo de su experiencia a la obra».

Entre los principales atractivos de Caiguts del cel figura un final «sorprendente, inesperado», coinciden los protagonistas. De otro desenlace, el de la independencia de Catalunya, hablan abiertamente Bosch y Vilarasau. «En el futuro la historia se preguntará por qué no nos dejaron responder, como en Escocia. Cuando hay tanto interés en que no haya una respuesta te preguntas el por qué», razona el actor. «No sé si económicamente viviremos mejor -tercia la actriz-, pero así no podemos continuar. Es una cuestión de dignidad». El camino no será fácil, agrega, porque el país está muy dividido y «habrá que buscar una fórmula». «Pero tenemos una historia que nos avala. Y si no protestamos, perderemos la dignidad como país», reitera la optimista y tenaz Winnie de Els dies feliços. 

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