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Fiesta y leyenda en Canet

La Companyia Elèctrica Dharma y Comediants evocaron el 40º aniversario de la muestra en una actuación épica

El festival atrajo a un público multitudinario viajando del folk a los himnos rockeros y el mestizaje bailable

JORDI BIANCIOTTO / CANET DE MAR

Canciones coreables por varias generaciones en un ambiente de cierta comunión anímica, donde la multitudinaria presencia de público forma parte del mensaje. Canet Rock es una fiesta y un estado mental colectivo que anoche estalló, como un año atrás, en una maratoniana secuencia in crescendo que, tras la puesta de sol, dialogó con la historia en las actuaciones de la Companyia Elèctrica Dharma con Comediants, y el supergrupo La Banda Impossible, rumbo a una madrugada entregada al mestizaje más festivo.

La segunda edición del nuevo Canet Rock, con el toque legendario aportado por el 40º aniversario de su estreno, en 1975, revalidó sus buenas relaciones con el gran público y registró un lleno, con 20.000 personas según la organización. Si el año pasado las crónicas pusieron el acento en el perfil familiar de los asistentes, ayer esa imagen se movió un poco hacia las franjas juveniles, el público que sigue a Els Catarres o Txarango. Más pandillas que familias (aunque también las había), y muchas chicas. Servicios mejorados, más barras y menos colas, y una puntualidad que comenzó a torcerse al caer la noche, cuando la Dharma salió con media hora de retraso.

El festival echó a andar plácidamente a primera hora de la tarde, con el Sol cayendo a plomo. El menú sonoro fue evolucionando desde el folk-rock y el pop de Pablo & The Appleheads y Lausana, a través de los cantos acústicos de Bikimel. La trovadora estrenó dos piezas, Infla les veles y Sunny sunday, de su próximo disco, Morir d'un llamp, entre fibras delicadas aportadas por la guitarra de Lucas Suárez y el pedal steel de David Soler Pina. Más reposado sonó aún Cris Juanico, excantante de Ja T'ho Diré, que se propuso «portar una mica de pau», y defendió su reciente F(a)usta con un quinteto de cuerda.

COUNTRY MEDITERRÁNEO/ El público, más bien desparramado por el Pla d'en Sala, tomándoselo con calma a la espera de que el sol diera un respiro, fue sacudido por Projecte Mut al grito de Alegria, preludio de un folk-rock con acentos country a la mediterránea. Que volvió a hacerse más interiorista con Joana Serrat y su banda, a lomos de Dear great canyon.

Un punto de inflexión lo trajo Sanjosex, potenciando su lado festivalero con canciones como Et menjaria a petons y contando con una selecta tropa de invitados. Bikimel volvió a escena para sumar su voz a Corriol y Jaume Pla (Mazoni) le secundó en Temps i rellotge, quizá recordando los tiempos en que compartían grupo, Enderrocks. Carles Belda aportó su acordeón a Animal salvatge y Quico Pi de la Serra exhibió, como otras veces, una sintonía especialmente fluida con Carles Sanjosé en Baix Ter Montgrí. También Guillamino, «l'home dels ordinadors», muy suelto en M'agraden els colors. Todos se citaron para cerrar con una pieza de universo lírico poco familiar, ese clásico de Sanjosex llamado Puta.

ENTRE AMIGOS / Con La Iaia,primeros gritos de independencia y primeros castells, indicio de que Canet Rock se había desperezado del todo. El pop del grupo de Osona mostró todo su esplendor, su cruce de melancolía y luminosidad, en On ets Matilda? y un L'ós al que se sumaron amigos como Guillamino, Mazoni y Joan Reig (Els Pets). Luego, una pequeña dosis de Joan Dausà, al piano, adelantando la banda sonora de Barcelona, nit d'hivern, y revisando su popular Jo mai mai. Y Els Amics de les Arts, muy ovacionados por un público que las conocía todas: de Ja no ens passa Bed & breakfast, 4-3-3 Jean-Luc.Momento icónico cuando una extraña criatura, especie de cisne gigante, se abrió pasó entre el público anunciando la actuación de Comediants con la Dharma, entre recuerdos a su cita en el Canet Rock de 1975, llamamientos a «construir la llibertat» y himnos como La presó del rei de França e Inanna. Joan Fortuny se quedó en escena para arropar, junto a una banda y un ejercito de tamborileros, a Josep Maria Mainat en su viaje a La Trinca. Dos clásicos con lectura política, Com al Far West no hi ha res, con citas al Estatut («ara no ens envien el setè de cavalleria, ens envien el Constitucional», añadió entre ovaciones) y La faixa, seguidos de Em descontrolen les neurones y All i oli.La Banda Impossible, con voces como Gerard Quintana y Lluís Gavaldà, emprendía, al cierre de esta edición, su viaje al rock català con Pau (Els Pets). Otro flanco temático de este Canet Rock que mira hacia atrás con el propósito de perdurar.

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