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UNA RELACIÓN PROFESIONAL QUE EMPEZÓ EN 1985

Juliette ante el espejo

En 'Viaje a Sils Maria', el francés Olivier Assayas dirige a Juliette Binoche en la piel de una actriz de éxito internacional en plena crisis

NANDO SALVÀ

Olivier Assayas es en cierta medida responsable de la carrera de Juliette Binoche, y ella de la de él. En 1985 la actriz saltó a la fama gracias a La cita, una de sus primeras películas y, a la vez, el primer trabajo relevante como guionista del hoy consagrado como uno de los grandes directores del cine francés. «Tres décadas después Juliette me llama y dice, 'Olivier, ¿no va siendo hora de trabajar juntos como Dios manda?'» Durante todos ese tiempo Binoche tan solo interpretó para Assayas un pequeño papel en el drama coral Las horas del verano (2008). «¿Qué personaje podía ofrecerle yo a ella que no hubiera interpretado ya un millón de veces antes? ¿Que fuera estimulante para ella, y la ayudara a explorar otros territorios artísticos?» Finalmente, tuvo una idea. «¿Por qué no hacer que se interprete a sí misma?»

Por eso, de algún modo, la decimoquinta película del que empezara su carrera como crítico de cine en la legendaria revista Cahiers Du Cinéma le pertenece a Binoche. En Viaje a Sils Maria, la aclamada actriz interpreta ni más ni menos que a una aclamada actriz -«otro nombre y una personalidad ligeramente distinta a la de Juliette»--, abocada a una crisis de identidad al volver a participar, 30 años después, en la obra teatral que la convirtió en una estrella. «La idea fue dar a Juliette la oportunidad de imaginar el tipo de intérprete que podría haber sido, y a la vez exorcizar algunos de los demonios que ha acumulado con los años».

También protagonizada por Kristen Stewart en la piel de la asistente personal de la diva, y Chloë Grace Moretz en la de una joven starlet de Hollywood, Viaje a Sils Maria medita sobre el acto fílmico, la cultura de la celebridad y, sobre todo, el paso del tiempo. «Todos cumplimos años, pero para los actores hacerlo es un proceso particularmente violento», opina Assayas. «Su rostro es proyectado en una pantalla gigante y los espectadores pueden verles cada nueva arruga». En todo caso, matiza, no es una película sobre la angustia de envejecer. «Hoy en día solo un loco consideraría a Juliette una mujer vieja. Estoy seguro de que sus mayores éxitos profesionales todavía están por llegar. Pero aun así con el tiempo se va convirtiendo en otra persona, y tiene que lidiar con ello».

Algunos de los mejores momentos de la película son escenas de ensayos teatrales en las que Binoche se somete a un duelo interpretativo con Stewart, cuyo excelente trabajo en el filme no podría estar más alejado del que ofreció en la saga Crepúsculo -gracias a él, Stewart se convirtió hace unos meses en la primera actriz americana que logra el premio Cesar--. «Kristen se tomó el rodaje como una oportunidad para aprenderlo todo de Juliette», recuerda el francés, que ya meditó sobre la industria cinematográfica en Irma Vep (1996). «Y a la vez Juliette también aprendió muchas cosas de Kristen, sobre todo a la hora de improvisar y ser espontánea».

El historial de Stewart en el cine blockbuster es también incorporado al juego de espejos que Viaje a Sils Maria propone en forma de reflexión sutilmente satírica sobre el valor, o la falta de él, del cine superhéroes. «Cuando veo esas películas me cuesta entender cuál ha sido el trabajo del director», confiesa Assayas. «Como espectador no tengo nada en contra de ellas, pero yo no sería capaz de dedicarme a eso. Me gusta retratar a personajes de carne y hueso, hablar de la realidad en toda su belleza y toda su miseria». Y eso, asume, significa que probablemente su cine nunca llegue a conectar con el público más joven. «No es que los chavales de hoy en día no sean listos. De hecho, son más listos de lo que éramos nosotros. Es solo que carecen de cultura cinematográfica. No les interesa en absoluta. Es bastante frustrante».