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EXPOSICIÓN DE UN PIONERO DE LA MODERNIDAD

La escultura silenciosa

El Marès exhibe la revolución escultórica de Aristides Maillol a partir de su viaje a Grecia

NATÀLIA FARRÉ BARCELONA

«Es hermosa. No significa nada. Es una obra silenciosa». Así definió el nobel francés André Gide la que es probablemente la escultura más importante del siglo XX realizada en Europa y la que es, sin duda, la pieza que abre el siglo XX a la escultura moderna. Y esta no es otra que Mediterrània de Aristides Maillol (Banyuls, Francia, 1861-1944). La obra que «remueve todos los planteamientos escultóricos de Rodin, entonces en pleno reinado, y que inicia el camino hacia la abstracción», según Alex Susanna, y la obra que brilla en Maillol i Grècia, la exposición que el Museu Marès dedica al viaje que el artista rosellonés realizó al país heleno en 1908, tres años después de crear la Mediterrània.

Si la importancia de esta escultura es precisamente eso: que es la primera que no tiene narrativa, no en vano «la gran aportación de Maillol fue sustituir el tema por la forma pura», explica Susanna, comisario de la exposición; la importancia del viaje a Grecia radica en que no aprendió nada: «Maillol tenía su concepto escultórico claro, va a Grecia a confirmar sus ideas», continúa Susanna. De hecho, el propio Maillol ya lo dijo antes de partir: «No voy a Grecia a aprender, voy para ver estatuas delante del mar».

Tan clara tenía su apuesta por las formas lisas y compactas -decía que los escultores no debían hacer anatomía- que se permitió la osadía de evidenciar su desagrado ante la escultura más famosa de Delfos, el Auriga, que para Maillol era como la escultura barroca española, que naufraga en el detallismo y falla en las grandes líneas. Así, la exposición lo que hace es «presentar a Maillol como alguien que lee la tradición escultórica griega de forma heterodoxa, alguien que prefiere Olimpia al Partenón y a los escultores arcaicos, como Policleto,  antes que a Fidias o Praxiteles. Busca en el arte del pasado para replantear su propio lenguaje, como Picasso hizo con el primitivismo africano o Gauguin con el arte de Oceanía», concluye el comisario.

Y lo hace a partir de 23 esculturas de pequeño formato, un documental con la entrevista que Jean Lods le hizo poco antes de morir y una cincuentena de imágenes, en su mayoría inéditas, que muestran la estancia de Maillol en Grecia. Una estancia que alargó una semana más de lo previsto porque quiso esculpir, aunque no hay constancia de lo que allí creó, más allá de una foto que lo retrata trabajando con un modelo en los jardines del hotel de Atenas donde se instaló. Las piezas, si las hizo, no se han conservado pero sí dos inspiradas en el modelo de la foto: Noi y Tors de boxejador que lucen en la muestra junto con, entre otras, Eva a la poma, una obra que hasta la fecha pertenecía a una colección particular y no se había mostrado nunca en público.   

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