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UN 'CROSSOVER' SENTIMENTAL

Un libro muy de llorar

Tras el éxito de 'Una madre', Alejandro Palomas quiere volver a emocionar con 'Un fill', premio Joaquim Ruyra de literatura para jóvenes protagonizado por un niño y la ausencia materna

ERNEST ALÓS
BARCELONA

Sin hacer ruido, Alejandro Palomas (Barcelona, 1967) vio cómo su anterior libro, Una madre (Siruela), con una cena de Nochevieja presidida por una matriarca cegatona, surrealista y políticamente incorrecta, era adoptado por un puñado de libreros entusiastas, recomendado de boca en boca y reeditado cinco veces ya, sin prisa pero sin pausa. Su repaso a las relaciones familiares sigue con Un fill Un hijo (Bridge), escrito esta vez originalmente en catalán y ganador del premio Joaquim Ruyra de literatura juvenil. Aunque, como un libro con el que sin duda se le comparará, Wonder, tiene todos los elementos para que funcione la fórmula del crossover, ser leído tanto por adolescentes como por sus padres o hermanos mayores.

Guillem es un niño de 9 años que dice en la escuela que quiere ser Mary Poppins. No disfrazarse como ella. Ser ella. Con una madre ausente y un padre deprimido, la psicóloga de la escuela se pone manos a la obra. El lector puede intuir, o no, lo que realmente sucede en esa familia, que se va sabiendo a través de voces diversas, cartas y mensajes Pero incluso si ve el truco, se encontrará con que hay otro más. «Que los lectores de repente vean al final que uf, ay, vaya», explica Palomas tirando de onomatopeya.

¿Por qué Mary Poppins? «¿Cómo se puede traer a Mary Poppins al siglo XXI? En la realidad Mary Poppins sería una psicóloga. O una prestidigitadora. Quiero esto, que me visite Mary Poppins, y que a este niño le visite Mary Poppins. Quiero rehacer este mito y jugar con él.  Y sobre todo quiero emocionar. Quiero un niño que hable como yo a los 9 años. Yo no tengo niños a mi alrededor. No tengo ni hijos, ni sobrinos ni vecinos. Yo era así, yo también me disfrazaba de Mary Poppins porque quería salir volando por la ventana. Era mi gran fiesta imaginativa. Yo a veces rezaba por las noches. Por favor, que mañana pueda salir con un paraguas e irme. Porque mi infancia no era lo más feliz del mundo…»

Palomas se queda a un paso de lo melodramático. «Pero como en la vida misma. No hay nada más simple. Hacerte reír y hacerte llorar», se explica. Él prefiere ver, como en Una madre, el lado de la risa: «Con Un fill en una risa más tierna que en Una madre, la risa tierna que te provocan las relaciones del hijo. Quería jugar con un tipo de emociones más inocente». En cuanto a lo de llorar… «Yo he hecho cosas mucho más melodramáticas -responde-. Me he contenido. Esto os pasa a los padres. La novedad es que toca mucho a los tíos, es la primera vez que me pasa, porque el padre es un gran protagonista de esta novela, aunque como solo he sido hijo hablo desde el hijo». De hecho, aunque parezca que tras las dos últimas novelas ahora toque otra titulada Un padre, no será así. El padre ya está en Un fill.

«Estoy yo a los 9 años»

Que Un fill haya sido escrito originalmente en catalán no tiene solo que ver con que fuera presentado a uno de los premios de la Nit de Santa Llucia. «En todas mis novelas está mi yo,  mucho, y en esta estoy yo a los 9 años, con una voz que ha de ser la de un niño de 9 años, y está el padre. Mi madre es chilena, y con ella hablo en castellano, y mi padre es catalán, y mi relación con él siempre ha sido en catalán. Esta novela la empecé en castellano y el tono no funcionaba. Pasé al catalán, y sí. Me tenía que olvidar de ese color suramericano que tengo». Atención, lectores. El final, en cine, sería una de aquellas escenas de pañuelo. «Yo soy muy intenso. El libro -explica Palomas- me lo lloro, me lo río, escribo en voz alta. Pero tenía que llegar una sorpresa, que el final no fuese de Estrenos TV. Que lo humanizara mucho sin hacerlo muy blando muy blando. Un final que se vaya haciendo pequeño, pequeño. Todas mis novelas son pequeñas».