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DISTINCIÓN

Pritzker póstumo para Frei Otto

El artista alemán gana el 'Nobel' de arquitectura el día después de morir

NATÀLIA FARRÉ
BARCELONA

«Nunca e hecho nada para ganar este premio. Mi ambición en arquitectura consistió en diseñar nuevos tipos de edificios para ayudar a la gente pobre, especialmente después de los desastres naturales y catástrofes, así que ¿qué puede haber mejor para mí que ganar el Pritzker? Dedicaré el tiempo que me queda a hacer lo que siempre he hecho, que es ayudar a la humanidad. He aquí un hombre feliz». Así con humildad y alegría, y marcando los ideales que desde siempre han guiado su trabajo, encajó, a principios de año, la noticia de su elección como ganador del Pritzker Frei Otto (Chemnitz, Alemania, 1925).

Lamentablemente el arquitecto murió el lunes, dos semanas antes de que el galardón se hiciera público, de ahí que los organizadores del premio, el considerado Nobel de la arquitectura, decidieran este miércoles adelantar el anuncio previsto para el día 23. Las declaraciones se las hizo a Tom Pritzker durante la visita que este realizó hace semanas al estudio de Frei Otto en Warmbronn, cerca de Sttutgart, para adelantarle el reconocimiento.

Estadio Olímpico de Múnich

El Pritzker, el segundo para un alemán y el primero a título póstumo, reconoce el trabajo pionero y visionario de Frei Otto en el campo de las estructuras ligeras adaptables con el uso de materiales ligeros como mallas. Un trabajo que dan como resultado una «obra ligera, abierta a la naturaleza, luminosa, low-cost, democrática y energéticamente eficiente», según subraya el comunicado. Cualidades y técnicas que se evidencian en dos de las más reconocidas construcciones de Frei Otto: el pabellón Alemán para la Exposición Universal en Montreal (1967) y el techo del Estadio Olímpico de Múnich (1972). La primera, considerada un hito por su originalidad, se construyó de forma prefabricada en Alemania y se trasladó luego a la ciudad canadiense. El segundo se levantó cuando muchos lo creyeron imposible. El proyecto, inspirado en las medias de nylon de mujer y con apariencia de tela de araña, era un diseño del estudio de Günter Behnisch que cuando ganó el concurso tuvo que pedir ayuda a Frei Otto para construirlo.

Llevan también su firma la Iglesia de San Lucas en Bremen (1963), y el pabellón japonés para la Expo 2000, entre otros edificios, que comparten la idea de liviano, un concepto que Frei Otto oponía a la monumental arquitectura nazi. Y un concepto que empezó a poner en práctica en el campo de concentración francés -luchó en la Luftwaffe como piloto- en el que estuvo recluido durante la segunda guerra mundial y en el que a falta de otros materiales empezó a experimentar con tiendas de campaña. Una experimentación que luego continuó desde el Instituto de Estructuras Ligeras creado por y para él en la Universidad de Sttutgart. Antes estudió arquitectura en la Universidad Técnica de Berlín y pasó por EEUU donde coincidió con figuras de la talla de Erich Mendelsohn, Mies van der Rohe, Richard Neutra y Frank Lloyd Wright.

Como buen visionario y utópico, deja también proyectos futuristas, trabajos en maqueta, como el diseño de una ciudad protegida del sol en el desierto y de otra, aislada del frío, en el ártico. El MoMA le dedicó su primera gran retrospectiva en 1971.

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