CRÍTICA

Una fantasía metafísica

Manuel Baixauli sumerge al lector en el horror psicológico

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VICENÇ PAGÈS JORDÀ

Como en las obras anteriores de Manuel Baixauli (Sueca, 1963), en La cinquena planta las fronteras del tiempo, el espacio, el sueño, la alucinación y la muerte son permeables. Escrita en forma de escenas no correlativas la novela se despliega como una red donde los personajes entran en contacto prescindiendo de las leyes que creemos que sostienen el mundo.

A partir del ingreso del protagonista en un sanatorio, el director, un celador, un fisioterapeuta y los pacientes siembran su vida de enigmas. Con una prosa que es lícito calificar de poética, un narrador dotado de una gran capacidad de autoobservación sumerge al lector en la fantasía metafísica del horror psicológico. Como en la novela L'home manuscrit, aparece una colección de fotos de muertos. Como en los cuentos de Espiral, al autor le apetece dialogar consigo mismo. Como en la novela Verso, topamos con la soledad, la reclusión y una sensación de peligro que no desaparece al acabar el libro. Como en toda su obra, hay múltiples formas de arte: la pintura de las nubes, la música del alma, la arquitectura metafórica, la fotografía obsesiva y sobre todo la literatura del yo. «Escrivint vivia més intensament el que m'oferia el món, però també vivia el que no m'oferia el món», dice el narrador. La facilidad para cambiar de dimensión hace pensar en las películas de David Lynch, mientras que el montaje en paralelo recuerda las narraciones de Robert Coover. Pero no nos engañemos: a quien se parece más Manuel Baixauli -rareza, lujo, opacidad, hipnosis- es a sí mismo.

En una lista de sinopsis de un autor de culto incluida en uno de los capítulos está el intríngulis de una situación no aclarada, pero no todos los misterios de La cinquena planta pueden resolverse con la facilidad de Hércules Poirot. Baixauli, morboso pero también lúdico, hace hablar a un personaje que desapareció de la versión inicial de una novela anterior, se entrevista a sí mismo y comenta los cambios que sufrió la portada de L'home manuscrit. Estas coqueterías, sin embargo, están vinculadas a la trama, no se limita en absoluto a la metaliteratura. El lector tiene la sensación de que Baixauli ha escrito con toda libertad. Esto, que a veces causa vergüenza ajena, en su caso proporciona una rara felicidad.

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3LA CINQUENA PLANTA

Manuel Baixauli. Proa. 304 p. 17,50 €