27 may 2020

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DRAMA

12 años de esclavitud La crueldad hecha sistema

Está claro que la fascinación por tormentos infligidos sobre el cuerpo humano sigue inspirando al británico Steve McQueen, cuya tercera película es otro estudio extremo de un hombre atrapado en su propia carne. Sin embargo, mientras Hunger (2008) y Shame (2011) eran todo rigor formal y riesgo estético, y por tanto mantenían cierta mirada clínica, 12 años de esclavitud elimina la distancia emocional entre autor, protagonista y audiencia, en parte gracias a un enfoque formal más convencional que enfatiza el horror, absoluto e inconfundible, que ese protagonista afronta.

McQueen retrata ese horror de la forma más explícita y brutal posible. No nos ahorra ni un golpe, ni un latigazo, ni una sangrienta brecha. ¿Era eso necesario? ¿No son ciertos asuntos tan monstruosos que resulta mejor explorarlos a través del simbolismo, como Picasso hizo con el Guernica? Tal vez, pero McQueen prefiere no dejar lugar a dudas sobre la capacidad humana para la crueldad. En ese sentido, 12 años de esclavitud no está tan lejos de Django desencadenado, aunque: 1. aquí la ultraviolencia pretende provocar repulsión y no deleite, y 2. McQueen en todo momento se identifica con las víctimas. Su dolor nos duele.

Por otra parte, en última instancia esta es la historia de un hombre que vence la adversidad y, gracias a su inquebrantable integridad, se reúne con su familia. Es decir, se fija más en un héroe que escapó milagrosamente del infierno que en los millones de víctimas que no lo hicieron. Pero en todo caso McQueen hace justicia a esas víctimas: a diferencia de otras películas sobre la esclavitud, esta no utiliza el sufrimiento de los negros para afirmar la nobleza de los blancos, sino que es un retrato terriblemente nítido de la mentalidad colectiva que permitió la opresión de todo un pueblo, y de una economía basada en la idea de que el sudor y los músculos de los hombres y mujeres negros son recursos baratos e inagotables. N. S.

Steve McQueen