FESTIVAL DE CANNES

Un drama en tiempos de crisis

Marion Cotillard encarna en 'De rouille et d'os' a una bella sin piernas

La actriz francesa Marion Cotillard, ayer, en la alfombra roja del Festival de Cannes.

La actriz francesa Marion Cotillard, ayer, en la alfombra roja del Festival de Cannes. / AFP / ANNE-CHRISTINE POUJOULAT

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NANDO SALVÀ

Quizá porque el éxito masivo supuso para él un acicate creativo, al francés Jacques Audiard -un director no especialmente prolífico- le han bastado solo los dos años transcurridos desde que triunfó en todo el mundo conEl profetapara tener lista la película que ayer presentó a competición en Cannes. Pero que su gestación fuera rápida no significa queDe rouille et d'ossea una obra menor. Se trata, en cambio, de una película compleja, densa y casi siempre absorbente, una incursión en el melodrama que, sin embargo, trasciende sus códigos alejándose de todo efecto lacrimoso.

«El profetaera una película muy viril y opresiva, sucedía en el interior de una prisión. Esta vez quise retratar una historia de amor llena de luz y de espacio», aseguraba ayer el director para definir esta suerte de versión sórdida deLa bella y la bestia: la relación entre Ali (Matthias

Schoenaerts), que se rompe la cara regularmente en peleas clandestinas, y Stéphanie (Marion Cotillard), que perdió las piernas al ser atacada por una orca. Juntos, ambos tratan de renacer al mundo. Según Audiard, son dos personajes deformes que conectan «con unos tiempos de crisis, en los que la sociedad vive una barbarie, en los que la gente se come los restos que se encuentran en las basuras».

DESAFÍO / En todo caso, manejar un personaje como Stéphanie entraña sus riesgos. Fácilmente podría haberse convertido en un truco sensacionalista con el que tomar al espectador como rehén a fuerza de emoción exacerbada y convertir todo lo demás -la puesta en escena, por ejemplo-, en algo meramente accesorio. Por eso, su mera existencia implica un desafío de puesta en escena y de ética en la mirada que Audiard resuelve con maestría.

Lo que el director pretende -y que logra en buena medida gracias al magnífico trabajo de sus dos actores- es establecer una suerte de simetría inversa entre los cuerpos: a medida que él se castiga físicamente y se animaliza, ella se reconstruye y se reencuentra con la humanidad perdida. Es una lástima, sin embargo, que parte de lo que sucede en la segunda mitad del relato parezca existir únicamente porque contribuye a construir esa paridad.

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FETICHISMO RETORCIDO / Asimismo, resulta inevitable intuir que la mirada de Audiard está matizada por cierto fetichismo retorcido: hay algo intrínsecamente morboso en esas escenas de sexo que muestran a Matthias Schoenaerts abalanzándose entre las piernas de Marion Cotillard, amputadas por la tecnología, y agarrar un muslo que no se extiende a una rodilla, una pantorrilla y un pie. Sin embargo, son también imágenes llenas de ternura y sensualidad, que ejemplifican de qué maneraDe rouille et d'ossupone una evolución en el cine de Jacques Audiard.

Películas comoDe latir mi corazón se ha parado (2005) oUn profetaimpresionaban, avasallaban. Esta última, además, conmueve profundamente.