LITERATURA INFANTIL

Fallece Maurice Sendak, el anti-Disney

Maurice Sendak.

Maurice Sendak.

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IDOYA NOAIN
NUEVA YORK

En los últimos tiempos, Maurice Sendak lloraba mucho. No era infeliz y aseguraba «no tener nada más que alabanzas» para su propia vida, pero echaba de menos a la gente que se iba marchando. «Mueren y no puedo evitarlo -explicaba en una entrevista el año pasado, justo tras publicar su primer libro con texto e ilustraciones propias en 30 años, Bumble-Ardy-. Me dejan y los quiero más».

Ayer las lágrimas y ese amor multiplicado llegaron con su adiós. El venerado autor e ilustrador de más de cien obras infantiles como Donde viven los monstruos (llevada al cine por Spike Jonze en el 2009), para muchos en EEUU el más grande del siglo XX y un revolucionario que sacó la literatura para niños de terrenos edulcorados y reflejó con dulzura e imaginación un mundo más realista de angustias y miedos, murió a los 83 años en Connecticut por complicaciones de un infarto.

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Sendak -autor también de alabados trabajos como escenógrafo de teatro, óperas y ballet- nunca escribió con los niños en mente, pero siempre les trató en sus obras y en la abundante correspondencia que mantenía con ellos como seres inteligentes a los que es mejor contar la verdad. Quizá fue en respuesta al fallido intento en su niñez de sus padres, inmigrantes polacos judíos en Brooklyn, de ocultarle la muerte de familiares en el holocausto, hecho histórico que le hizo profundamente antireligioso y le llevó a buscar sus dioses en Mozart, Herman Melville o Emily Dickinson.

No obstante, Sendak buscó la protección del silencio sobre su sexualidad. Ocultó que era homosexual a sus padres, convencido de que les haría daño, y al público, pensando que sería castigado al ser un autor infantil. Solo habló de ello en el 2008, tras la muerte del psiquiatra que fue su pareja durante medio siglo.