Los autores mediáticos

Los famosos y sus fans

Mario Vaquerizo, que congregó tumultos a su alrededor, fue una de las estrellas del día

Ferran Adrià no paró de dedicar su libro de recetas a los maridos de las compradoras

Mario Vaquerizo da un trago de cerveza mientras conversa con una de sus fans, ayer en la plaza de Catalunya.

Mario Vaquerizo da un trago de cerveza mientras conversa con una de sus fans, ayer en la plaza de Catalunya. / JOAN CORTADELLAS

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NATÀLIA FARRÉ
BARCELONA

Mario Vaquerizo y un montón de adolescentes desbocadas gritando y coreando su nombre en la plaza de Catalunya. ¿Es un concierto del grupo Nancys Rubias? ¿La grabación de un capítulo de Alaska y Mario, el reality de la MTV sobre su vida junto a Olvido Gara? No. Por raro que pueda parecer la escena ocurrió ayer, durante Sant Jordi. Y Mario Vaquerizo fue uno de los autores que más público arrastró a la hora de firmar ejemplares. «El ciclón del día», a juicio de los organizadores de los estands del Fnac Triangle y a tenor de los tumultos provocados a su alrededor durante toda la jornada.

Haciendo majaradas. Diciendo tonterías (Espasa Calpe), su primer libro, no encabezó la lista de los más vendidos -aunque ocupó un más que meritorio quinto puesto en las ventas de no ficción-, pero el excéntrico cantante sí lideró el ranking de los más piropeados: «guapo, guapo»; de los más besados: los restos de dos ósculos generosos en pintalabios lucían en cada una de sus mejillas a las doce del mediodía, y de los más fotografiados: hoy, el vocalista de Nancys Rubias debe tener agujetas en los cuadríceps de tanto levantarse de la silla y balancear su cuerpo hacia delante para entrar en la foto al lado de sus fans. Fans que en un ataque de máxima inspiración después de hablar, tocar y fotografiar a su ídolo, solo acertaban a decir «es superamable», «superguai» y «superafable». Cierto, pese a su aspecto excéntrico, sus cervezas y su look cutrelux, Vaquerizo es de una cortesía exquisita.

PROVOCACIONES / Pero el ambiguo personaje, aunque «contento y feliz» por su debut, también se mostró «un poco avergonzado» ante los escritores que compartían espacio con él. Y comedido ante las provocaciones de Aída Nízar, la exconcursante de Gran Hermano reciclada a periodista, que, con una bandera española y otra con el toro de Osborne, mareaba al personal con la independencia de Catalunya. «¿A mí qué me preguntas?», fue la respuesta del marido de Alaska. Y el abucheo del público: «Fuera, fuera».

Ferran Adrià, otro asaltado por la exratoncita, tampoco le dio bola. Algo que sí hicieron los seguidores del chef con su libro. La comida de la familia (RBA) -«cocina normal, para gente normal y a un precio normal», según Adrià- se situó en el segundo puesto de la lista de los libros más vendidos de no ficción. En la cola, mayoría de mujeres, «muchas lo compran para sus maridos», y algún cocinero, como Massimiliano, un italiano de Venecia que llegó con el libro y el gorro de trabajo para que Adrià estampara su autógrafo sobre ambas cosas. Y así lo hizo.

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POLIFACÉTICA BIÓLOGA / Sin puesto entre los más vendidos, pero con unos fans tan entregados como los de Vaquerizo, debutó en su primer Sant Jordi otro personaje más mediático que literato: Ana García Obregón. La polifacética bióloga tomó posición de su silla en la parada de la Casa del Libro de paseo de Gracia para firmar sus memorias Así soy yo (Planeta) y a punto estuvo de provocar un accidente. Ella, junto con Arantxa Sánchez Vicario y Risto Mejide, consiguieron movilizar a tanta gente que ante tanta la presión las mesas se desplazaron. Nada grave. Por eso Obregón calificaba el día de «genial y fenomenal» y la experiencia de «increíble».

En el mismo estand, pero más tranquila, firmaba Pilar Eyre La soledad de la Reina (Esfera de los Libros), libro que con todo el tema del Rey se ha disparado en ventas -tercer puesto-. Pero a la periodista no solo le pedían firmas sino que también la cosían a preguntas: ¿Para cuándo un libro sobre el Rey? ¿Por qué las feministas no salen a defender a la Reina?, y el nombre más repetido: Corinna. «Para mí la definitiva, lleva muchos años, más que ninguna otra».