CRÓNICA

El origen de todo

Erri de Luca presenta 'Los peces no cierran los ojos'

De Luca, en la Biblioteca Agustí Centelles.

De Luca, en la Biblioteca Agustí Centelles. / ELISENDA PONS

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ELENA HEVIA
BARCELONA

Un cortometraje tituladoMás allá del cristalmuestra a la perfección cómo es el día a día del escritor italiano Erri de Luca (Nápoles, 1950). Él mismo protagoniza la película: «No soy un buen actor porque no sé interpretar otro personaje que no sea yo». El escritor, rostro cetrino, piel correosa y unos sorprendentes ojos azules, vive en esa casa de piedra que se ve en el filme, alejada de todo y todos, con la única excepción de unas cabras y sus pensamientos. Sin calefacción. Cuando el ermitaño De Luca tiene frío, echa unos troncos a la chimenea. Como en una vieja película neorrealista.

Por eso parece normal que el novelista, que no reivindica la soledad sino su poderosa capacidad de aislarse, considere que en las ciudades, Barcelona incluida, hay demasiado ruido de fondo. También le viene a la memoria, pero con mucho más desagrado, el ruido de Nueva York, una ciudad que visitó entre otras cosas para seguir las huellas de su padre, un italiano hijo de americana que intentó emigrar a la gran manzana en los años 60 y traerse consigo a la familia. El niño Erri estaba por entonces viviendo su primer enamoramiento con una niña, de quien recuerda el beso pero no su nombre.

Esa historia la cuenta en la novelaLos peces no cierran los ojos (Seix Barral / Bromera), un relato autobiográfico de aquella educación sentimental. «Este el relato de una iniciación. Un viaje hacia la necesidad de volver al origen de todo, de recuperar al desbarajustado niño que fui. Está escrito para mí mismo»

Erri De Luca es hoy por hoy una de las grandes voces de las letras italianas. Su historia da para varias novelas -de hecho, está en la base de casi todas-. Fue obrero -esas manos siguen delatando que usaba tornos y fresas- y formó parte del movimiento extraparlamentario de extrema izquierda Lotta Continua. También condujo ambulancias en la guerra de Bosnia, pero eso fue pura labor humanitaria: «Lo hice como ciudadano no como novelista. El único compromiso que tengo con la escritura es escribir bien». Y a la escritura llegó tarde. Cumplidos los 40.

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JUSTICIA / El jueves, el escritor acudió al encuentro con los lectores en la Biblioteca Agustí Centelles del Eixample bajo la amable tutela de la profesora Ludovica Valentini, que le hizo hablar de su novela y de sí mismo. De cuando era joven y revolucionario. «A los 18 años dejé atrás mi casa, mi familia y mi ciudad sin hacer ruido, sin dar un portazo. Apenas llevaba equipaje. Buscaba la palabra justicia y me encontré con una generación revolucionaria que no quería negociar con los poderes constituidos», el tono sentencioso delata al traductor del hebreo y al lector laico de la Biblia.

Inmisericorde con la política de su país, «pura economía», se apeó hace ya tiempo del viaje de la militancia: «Formo parte de una generación que ha tenido el mayor número de encarcelamientos de la historia de Italia. En aquella época solo podías ser presidente o bandido. Yo no fui presidente».