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IDEAS

La Malorka de Bauzá

Jaume Subirana

Quería hablarles de libros en Hay-on-Wye, de la profecía de la muerte de internet, del festival internacional Ars Poetica, pero entonces leí las declaraciones de José Ramón Bauzá y el lirismo se me pasó de golpe. Bauzá (no confundir con el escritor Miquel Bauçà, de igual apellido pero con cedilla) es el presidente del PP balear, y días atrás anunció que si gobierna (las encuestas dicen que puede pasar) «eliminará» la ley de normalización lingüística y la «imposición» del catalán en la enseñanza porque los padres deben poder elegir y porque en Mallorca dicen tassó, no got (en casa decimos vas). Particularismo y derechos individuales. Pero para el liberalismo los derechos individuales suelen ser los de unos cuantos, más que los de otros. Quiero decir, señor Bauzá, que yo también estoy a favor de la libre elección: la que debería hacer posible que como ciudadano español pudiese escolarizar a mis hijas en catalán en Zaragoza. Desgraciadamente no puedo, porque los derechos individuales solo llegan hasta donde empieza el consenso social expresado en forma de leyes. Por eso miles de ciudadanos de Ceuta y Melilla no pueden escolarizar a sus hijos en árabe o amazig... Lenguas e identidades ocultan siempre plomo de poder bajo el ala.

Leí la promesa cantonalista de Bauzá en Bratislava (donde la isla de Malorka se anuncia en cada agencia de viajes) el día después de que Martin Solotruk me explicase la narración bilingüe (con dos locutores alternándose) en la tele checoslovaca de la final de la Eurocopa de fútbol de 1976, y que un estudiante eslovaco de historia de España se me dirigiese en catalán porque escucha música de Quimi Portet, Raimon y Antònia Font (¿qué tienen en común?). ¿Tan difícil es imaginar un panorama donde se entienda que el plurilingüismo siempre es mejor que el monolingüismo (disfrazado de bilingüismo que no se practica), donde el odio no tome la forma de castración de la propia comunidad? En casa y en el mundo todos tenemos nuestra forma de hablar, pero nos entendemos y nos hacemos grandes en el esfuerzo por el estándar. Ahora que hemos aprendido que el turismo de oferta es una industria finita, seguro que los turistas eslovacos preferirán un destino balear con lengua e identidades propias que no otra sucursal de Marbella.

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