Mundial de Qatar 2022

España muere en los penaltis ante Marruecos

En un partido de alta tensión, Marruecos anula a la selección, eliminada del Mundial pese a gobernar los 120 minutos de partido y tras fallar sus tres lanzamientos de la tanda

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Javier Giraldo
Javier Giraldo

Periodista

Especialista en deportes

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Fin de trayecto para España en Qatar. La selección murió en los penaltis, como cuatro años antes en Rusia, víctima de su falta de inspiración en los metros finales. Cayó ante Marruecos, una selección sólida y contundente, capaz de llevar al límite físico y mental al conjunto de Luis Enrique en un partido de alta tensión en el Education City.

España no mereció perder, pero el Mundial no admite matices ni dudas: la selección tuvo de todo menos lo más importante, el gol. Mandó en el partido, pero se estrelló contra la muralla marroquí. Le faltó último pase y remate. A Marruecos, su impecable ejercicio defensivo le sirvió para hacer historia y alcanzar por primera vez los cuartos de final de un Mundial.

La cara más amarga del fútbol

Fue otra cruel despedida de España de un Mundial. La selección llegó a la tanda de penaltis en un estado de agotamiento tal que convirtió la tanda en una tortura. Fallaron Sarabia, Soler y Busquets sus lanzamientos, los tres únicos de la selección. Demasiado lastre a esas alturas. Achraf marcó su penalti y Marruecos entró en éxtasis frente a la desolación de España, otra vez obligada a vivir la cara más amarga del fútbol.

Una derrota incomprensible

Luis Enrique rescató el plan inicial del torneo, aunque con una sorpresa: jugaron de inicio los mismos que ante Costa Rica (7-0) a excepción de Azpilicueta. Fue Marcos Llorente el elegido para ocupar el carril diestro de la defensa. Le tocó un partido incómodo, de sufrimiento constante y poca progresión en ataque.

España aplicó punto por punto el guion de Luis Enrique. Tuvo el balón y gobernó el partido desde el pitido inicial. Intentó abrir el campo con Olmo en la izquierda y Ferran en la derecha -Asensio en la posición de falso nueve-, pero no lo tuvo fácil ante el bloque marroquí, un equipo sólido, compacto y muy bien trabajado por su entrenador, Walid Regragui.

En un ambiente adverso

La selección, que jugó de visitante en el Education City de Doha, bajo la presión asfixiante del público marroquí, mayoritario en las gradas, se puso manos a la obra pero pronto supo que no tendría un día cómodo.

Por el cuajo del rival, por el desconcertante arbitraje del argentino Rapallini y por su propia falta de inspiración. España jugó un partido más teórico que práctico: le faltó último pase y remate, cambio de ritmo y desborde, esos matices que rompen los partidos y decantan resultados.

Marruecos saltó al campo con las ideas muy claras: aplicarse en defensa, no dejar huecos al rival y jugar como un bloque, en no más de 40 metros. Pierna dura y al choque. Y en ataque, pescar algún contragolpe o aprovechar alguna acción aislada, como las de Boufal en la primera mitad, encargado de complicarle mucho la vida a Llorente. Achraf ya amenazó con un lanzamiento de falta directo al poco del arranque.

Se desesperaba Luis Enrique en la banda dando instrucciones a sus jugadores, incapaces de filtrarse entre los defensas de Marruecos. Apenas contaba ocasiones de gol o remates la selección, ofuscada pero fiel a su plan, convencida de que el paso de los minutos premiaría su esfuerzo.

Nico, revulsivo

Morata suplió a Asensio en el inicio de la segunda parte. Soler también entró, en el lugar de Gavi. España necesitaba pulmones en el centro del campo y más presencia en área rival, un nueve de referencia que obligase a los centrales de Marruecos a multiplicarse.

Marruecos, por su parte, lo fió todo al contragolpe: entró Abde, el jugador del Barça cedido a Osasuna, para intentar correr al espacio.

Sin espacios, la selección se quedaba sin ideas. El partido se convertía en un duelo de balonmano, con el balón de un costado a otro, pero sin profundidad ni ocasiones. Desesperante para unos, no tanto para otros.

Luis Enrique recurrió a la chispa de Nico Williams. Sonó a solución de emergencia, pero España dio un paso adelante. Pisó más y mejor el área de Bono, aunque siguió huérfana de remate y gol. Ni siquiera Morata de cabeza, cumplido ya el minuto 90, logró embocar. España exprimió sus opciones a balón parado, pero se acabó resignando a la prórroga.

De la agonía al dolor

Balde y Ansu entraron para refrescar a un equipo agotado física y mentalmente. Marruecos llevó al límite a España, empeñado el equipo norteafricano en alcanzar los penaltis como fuese. La selección propuso, pero chocó una y otra vez contra el muro marroquí.

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La prórroga fue un ejercicio de pura agonía: Marruecos se defendió con uñas y dientes y amenazó con dar algún susto al contragolpe. Unai Simón y la defensa mantuvieron el tipo. Los minutos pesaban como plomo en el césped y en la grada, en un ambiente de extremo nerviosismo.

Sarabia, recién ingresado al campo, la tuvo en un remate sin ángulo. Fue la última del partido, antes de la tanda de penaltis.

Una tortura desde los 11 metros

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Los penaltis fueron una tortura: España llegó sin oxígeno a los once metros. Sarabia, Soler y Busquets fallaron.

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Adiós a España en Qatar, la selección que empezó el torneo marcando siete goles y se quedó vacía y sin inspiración en el momento menos oportuno. El sueño deberá esperar.