La segunda vida de los pantanos (y 2)

La paradoja ecológica de Foix

  • El embalse situado en el Penedès está muy contaminado pero paradójicamente es un importante refugio de aves

  • La UE obliga a tener las masas de agua limpias para el año 2027 y existe un plan en marcha para mejorar su calidad

Unos senderistas observan la acumulación de algas verde chillón junto a la presa del embalse de Foix.

Unos senderistas observan la acumulación de algas verde chillón junto a la presa del embalse de Foix. / ANNA MAS TALENS (EPC)

5
Se lee en minutos
Gemma Tramullas
Gemma Tramullas

Periodista

ver +

«Se podrían hacer muchas películas sobre este pantano -comenta Raimon Colomer, responsable del castillo de Castellet, una mole medieval situada junto al embalse de Foix-. No es un pantano de Franco (se inauguró en 1928), ha pasado una guerra civil, está a cuatro pasos de Barcelona y a uno de Sitges. A saber lo que habrá ahí abajo…».

Probablemente nunca se sabrá todo lo que ocultan estas aguas, que están cubiertas por un ancho manto verde chillón por la acumulación de algas que agotan el oxígeno. El presupuesto para dragarlo sería estratosférico. Pero lo que sí se sabe es que en el fondo se acumulan miles de metros cúbicos de sedimentos, algunos inocuos y otros muy tóxicos, fruto de un siglo de vertidos urbanos, agrícolas e industriales.

El convenio firmado este agosto entre la Agència Catalana de l’Aigua (ACA) y la Diputació de Barcelona para mejorar la calidad del agua y su entorno, junto a la presión de la Directiva Marco europea del agua, son una oportunidad para darle una nueva vida. Paradójicamente, esta zona también es la más rica en biodiversidad del Garraf y el Penedès, lo que limita cualquier futuro desarrollo recreativo.

«La Directiva marco obliga a que las masas de agua tengan una buena calidad -explica Diego Moxó, director del Àrea de Gestió Territorial de la ACA-. La fecha tope es el 2027 y en Catalunya tenemos el 40% de las masas de agua en buen estado, por lo que llegar al 100% será muy difícil y exigirá un gran esfuerzo de inversión. Si el agua tiene que tener más calidad hay que determinar muy bien los nuevos usos».

Cualquier reconversión de los pantanos pasa por la limpieza del agua. «El turismo es un arma de doble filo -asegura Pau Mundó, director del Parc del Foix-. Esta es una zona de especial protección de aves, tenemos censadas más de 250 especies y queremos desarrollar un turismo de ornitólogos y familias que puedan venir a ver la naturaleza. En absoluto queremos fomentar el turismo de autocares y botellón. Podríamos hacer un disparate si lo llenamos de gente».

En los años 70 este embalse ya generó titulares por una gran mortandad de peces asfixiados al estilo del Mar Menor. La pesca está prohibida desde 2009, aunque durante la realización de este reportaje la fotógrafa retrató a personas tirando la caña. Tampoco está permitido el baño, ni la navegación.

Varias personas pescan en el pantano de Foix, una actividad prohibida desde 2009.

/ ANNA MAS TALENS

Hay casetas para la observación de aves, pero están poco señalizadas para evitar que se conviertan en albergues nocturnos. Mundó apunta a los pescadores furtivos como origen de la basura en la orilla y da veracidad a lo que parecían leyendas urbanas: «Hace años los agentes rurales pillaron un camión con carpas destinadas a un restaurante llamado Delicias de Oriente y Occidente. Yo no comería una carpa de aquí ni a punta de pistola».

Sin embargo, pese a algún tramo apestoso, los alrededores del pantano son un lugar agradable para pasear y mucha gente no imagina que pudiera ser una fuente de intoxicaciones. Las paradojas medioambientales no terminan aquí. El cangrejo americano, es en parte responsable de la proliferación de aves, que se alimentan de esta especie invasora.

Pero quizá la paradoja que llama más la atención es que junto a unas aguas tan contaminadas esté la sede del Centre Unesco de les Reserves de la Biosfera Mediterrànies y un campus asociado de la UAB. El centro, que promueve el desarrollo sostenible en estos espacios naturales, es fruto de un acuerdo entre la Unesco y la Fundación Abertis, que en 1998 compró y restauró el castillo de Castellet para establecer su sede.

«Es paradójico, pero es la realidad -comenta Raimon Colomer, responsable del castillo y coordinador de actos de la fundación-. En Catalunya solo hay dos reservas, el Montseny y les Terres de l’Ebre, y el Foix no es una reserva, es un parque. Habría que vaciar el pantano, dragarlo e impermeabilizarlo, pero esto tiene un coste de una magnitud que queda fuera del abasto de la fundación».

Raimon Colomer es el responsable del castillo de Castellet, junto al pantano de Foix.

/ ANNA MAS TALENS

Los tíos de Colomer eran los ‘masovers’ de la casa de la presa: «Cuando el pantano tenía uso, mi tío tenía que bajar por unos túneles para dar el agua y cerrarla, a veces de madrugada». Hoy apenas quedan regantes porque las urbanizaciones han engullido los campos.

El castillo se puede visitar el segundo fin de semana de cada mes y su máxima atracción es una letrina del siglo XI intacta, lo que viene a recordar que la gestión de los residuos humanos es una preocupación milenaria.

Volviendo al siglo XXI, parte de la iniciativa actual de la ACA para mejorar la calidad del vaso del pantano recoge ideas del experto en ecosistemas acuáticos Narcís Prat y su grupo de investigación, que se centran en reducir la cantidad de fósforo que alimenta las algas. Para ello hay que invertir, entre otras cosas, en la depuradora de Vilafranca y en regular la presencia de siluros, una especie de pez invasora .

Noticias relacionadas

Prat no es nada amigo de convertir las reservas de agua en zonas recreativas. Considera que el nivel de los embalses es irregular, que habría mucha dependencia de si un año es seco o húmedo y que hay riesgo de contaminación si se masifican: “La ACA se financia con el cánon del agua que pagamos todos y no quiero que mi cánon se invierta en promover usos lúdicos”, afirma tajante.

Para este experto, los embalses tienen otras prioridades: “Estropean las playas porque los sedimentos se quedan en la Baells o en Susqueda. Hemos detectado que el mar ha entrado un kilómetro tierra adentro”. ¿Qué haría él con los pantanos? “Yo tiraría muchos abajo, como ya están haciendo en Estados Unidos. Ya sé que esta idea ahora mismo no tiene público, pero quizá dentro de  50 años…”