Futuro de la energía nuclear

Las centrales nucleares se blindan para evitar otro accidente como el de Fukushima

  • Diez años después del accidente en la central japonesa, las plantas nucleares de todo el mundo han reforzado sus mecanismos de prevención y control

  • Varios expertos interpelados por este diario reflexionan sobre el futuro de la energía nuclear y su papel en la transición ecológica

La central nuclear de Ascó, en provincia de Tarragona, cuenta con uno de los siete reactores nucleares activos en España

La central nuclear de Ascó, en provincia de Tarragona, cuenta con uno de los siete reactores nucleares activos en España / Roger Segura (ACN)

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La historia del accidente nuclear de Fukushima se produjo bajo una serie de catastróficas desdichas. El día 11 de marzo del 2011, un terremoto de magnitud 9,0 sacudió la costa de Japón. Poco después, un tsunami de aproximadamente 15 metros de altura desbordó el litoral asiático. De un momento para otro, la central nuclear de Fukushima se vio desbordada por el temblor y el maremoto más importantes de la historia del país.

Un corte en el suministro eléctrico puso en jaque a los sistemas de refrigeración de la planta, mientras el oleaje logró sobrepasar los muros de contención que separaban la central del océano. Los sistemas de seguridad resistieron al terremoto pero no al tsunami. Horas más tarde, y ante el miedo a la fusión del núcleo de la central, las autoridades locales lanzaron una alerta por emergencia nuclear, que conllevó la evacuación de miles de ciudadanos en las inmediaciones de la central.

Sakae Kato acaricia a un gato rescatado en su casa, en Fukushima / REUTERS/Kim Kyung-Hoon

Diez años después de este accidente, varios expertos explican cómo las centrales nucleares de todo el mundo han reforzado sus protocolos de seguridad para que un accidente así no vuelva a ocurrir y cómo, a pesar de todo, el miedo a un posible desastre nuclear persiste en el imaginario colectivo. 

Más seguridad y más vigilancia

Tras el accidente de Fukushima, los organismos reguladores de todo el mundo iniciaron un programa para poner a prueba tanto la seguridad como los protocolos de emergencia de todas las centrales nucleares del globo. Carolina Ahnert Iglesias, catedrática emérita de Ingeniería Nuclear de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), explica que la Comunidad Europea puso en marcha “pruebas de estrés” para analizar la vulnerabilidad de todas las centrales nucleares de la zona. En este proceso se pusieron a prueba los dos puntos críticos del accidente japonés; las fuentes de suministro eléctrico y la protección de las plantas frente a las inundaciones, ya sea por estar en la costa, cerca de un pantano o por eventuales avenidas de agua.

Después de Fukushima han aumentado las inversiones para reforzar la seguridad de las centrales nucleares

Carmen Muñoz, experta del Consejo de Seguridad Nuclear

“Después de Fukushima han aumentado las inversiones para reforzar la seguridad de las centrales nucleares y se han creado protocolos específicos para evitar que vuelvan a ocurrir los mismos fallos que en la planta japonesa”, relata Carmen Muñoz, del Consejo de Seguridad Nuclear. Las instalaciones actuales, pues, ya cuentan con generadores eléctricos portátiles para suplir un eventual corte de luz y con fuentes de agua externas para utilizar en caso de emergencia. En España, explica Ahnert, este proceso se tradujo en el "refuerzo de la protección de algunos grupos de diesel de emergencia".

Es altamente improbable que en España ocurra un accidente nuclear como el de Fukushima”, resume Muñoz en declaraciones a este diario. Primero, porque el territorio peninsular ni es altamente sísmico ni está expuesto a tsunamis de gran envergadura. Y segundo, porque los protocolos de seguridad se han intensificado de manera exponencial.  “El sistema de seguridad es muy robusto. Hay inspectores en todas las plantas. Y se realizan inspecciones continuamente”, añade la experta. “Si las centrales nucleares no fueran seguras no estarían abiertas”, zanja.

450 reactores nucleares activos en todo el mundo

El accidente de Fukushima también supuso un “pequeño frenazo en la instalación de centrales nucleares en todo el mundo”, relata Francisco Calviño, investigador en energía nuclear y catedrático de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC). “La implantación de la energía nuclear no solo tiene que ver con cuestiones científicas y políticas, también depende de la opinión pública. En los países nórdicos, por ejemplo, se ha hecho mucha pedagogía sobre ventajas e inconvenientes de estas plantas, por lo que la población está más informada y más dispuesta a la construcción de este tipo de instalaciones”, explica el experto.

La implantación de la energía nuclear no solo tiene que ver con cuestiones científicas y políticas, también depende de la opinión pública

Francisco Calviño, catedrático de la Universitat Politècnica de Catalunya

Actualmente, según el último balance del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), existen 450 reactores nucleares activos en todo el mundo, 166 parados o en fase de desmantelamiento y 55 en proceso de construcción. Se estima que los 183 reactores activos en la Unión Europea producen alrededor de un tercio de la electricidad consumida por los veintisiete. En Francia, el país con más plantas en funcionamiento, se calcula que hasta el 70% de la electricidad generada es de origen nuclear.

España dispone de siete reactores nucleares activos (dos en Almarat, dos en Ascó, uno en Cofrentes, uno en Trillo y uno en Vandellós); una planta desconectada (Garoña) y dos más en proceso de desmantelamiento (Vandellós y José Cabrera-Zorita). El último balance de la Red Eléctrica de España (REE), concluye que en 2020 la energía nuclear aportó un 22,18% de la electricidad utilizada en España. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) apuesta por una combinación de energía nuclear y renovable en el camino hacia la transición ecológica, mientras plantea un cierre escalonado de los reactores nucleares entre 2027 y 2035.

El futuro de la energía

“El objetivo es que algún día todo funcione con energías renovables. La pregunta es cómo llegamos a ese escenario generando más electricidad (porque el mundo necesita cada vez más) pero sin causar más daños al medio ambiente”, resume Calviño. “El problema es que actualmente las energías renovables son muy oscilantes y como no tenemos capacidad de almacenar la electricidad, no podemos depender 100% de estas. La energía nuclear, en cambio, es constante y puede ayudar a equilibrar la balanza”, añade el experto.

“Las centrales nucleares no son la única solución al cambio climático, pero juegan un papel fundamental para mitigar el calentamiento global ya que pueden producir grandes cantidades de energía de manera continua sin emitir CO2”, esgrime Calviño. A efectos prácticos, de hecho, se estima que 1 kg de uranio 235 genera un millón de veces más energía que 1 kg de carbón (y contamina mucho menos, claro). 

La gestión de los residuos nucleares

¿Pero qué pasa con los residuos que deja la actividad nuclear? ¿Pueden suponer un problema para la salud pública y el medio ambiente? “Todo depende de su gestión. Si tiras una batería de un móvil al campo, claro que contamina. Pero si la reciclas correctamente, su impacto es insignificante”, resume Alfredo García, supervisor de la central de Ascó y divulgador científico conocido con el nombre de @OperadorNuclear. “Una central nuclear genera alrededor de unos nueve metros cúbicos de residuos de alta actividad al año; algo que se puede almacenar de forma segura en contenedores blindados”, añade.

Actualmente, las centrales nucleares españolas almacenan los residuos radioactivos en sus propias instalaciones; primero en ‘piscinas de combustible’ y más adelante en contenedores en seco. “El plan es que todos estos residuos vayan a parar a un almacén centralizado y más adelante a un almacén geológico profundo”, explica García. “El problema es que este proyecto lleva quince años estancado porque, al ser un tema que crea tantos recelos, cada vez que cambia el color político se cambian los planes”, añade el experto.

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Gran parte del miedo está motivado por los bulos y la desinformación que hay sobre este tema

Alfredo García, operador nuclear y divulgador científico

Todos los expertos consultados por este diario coinciden en la seguridad de las centrales nucleares y referencian, como prueba de ello, los continuos estudios que se realizan tanto en los centros como en el medio para comprobar su impacto. “Gran parte del miedo está motivado por los bulos y la desinformación que hay sobre este tema. Mucha gente, por ejemplo, cree que las centrales nucleares podrían explotar igual que una bomba nuclear, pero esto es algo físicamente imposible. La proporción de uranio-235 en las plantas es entre el 3 y el 5%, mientras que una bomba atómica necesita al menos un 90%”, argumenta García.