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'RANKING' MUNDIAL

Barcelona, a la cabeza en la lucha contra el cambio climático

La capital catalana es una de las 43 ciudades más activas, según un estudio en el que han participado 600 urbes

El plan de recorte de emisiones, las 'superilles' y la participación ciudadana, los puntos fuertes

Michele Catanzaro

Superilla de Poblenou, en la calle Sancho de Ávila.  

Superilla de Poblenou, en la calle Sancho de Ávila.   / FERRAN NADEU

Barcelona acaba de obtener un sobresaliente en lucha contra el cambio climático. En un 'ranking' de 596 urbes, la ciudad ha entrado entre las 43 que han recibido una A de nota, junto con Ciudad del Cabo, Hong Kong, Atenas, París, Londres, Buenos Aires, Nueva York y San Francisco, entre otras.

La lista la publica el Carbon Disclosure Project (CDP), una organización no gubernamental británica que normalmente evalúa la calidad ambiental de las empresas. El CDP se declara independiente, ya que no ofrece trabajos de consultoría a empresas o gobiernos y se financia con donaciones.

No es la primera vez que se comparan ciudades por su impacto ambiental (ahí están, por ejemplo, el Índice Siemens de Ciudades Verdes y el Pacto de Alcaldes por el Clima). Sin embargo, se trata del primer análisis global que apunta específicamente al cambio climático.

Cuestionarios

CDP envió cuestionarios a administraciones municipales de todo el mundo. En ellos, preguntó si miden las emisiones y tienen estudiadas las vulnerabilidades de las ciudades, así como si disponen de planes de reducción de emisiones y de mitigación del cambio climático.

"Decidimos publicar los resultados por primera vez ante la urgencia de la situación. Las ciudades ocupan el 2% de la Tierra pero son responsables del 70% del total de las emisiones", afirma Kyra Appleby, responsable de urbes en el CDP. La oenegé ha publicado las respuestas de todos los cuestionarios, pero ha dado a conocer tan solo las ciudades con nota máxima. "Queremos enseñar los buenos ejemplos", argumenta Appleby.

De Barcelona, la organización destaca su plan de reducir el 45% de las emisiones en el 2030 y alcanzar la neutralidad en el 2050 (otras ciudades, como San Francisco, han optado directamente por alimentarse de energía renovable al 100%). En cuanto a medidas concretas, Appleby subraya la creación de 'superilles' y la asignación de 1,2 millones de euros a proyectos ciudadanos contra el cambio climático.

"Reconocimiento y orgullo"

"Para nosotros es un reconocimiento y un orgullo", afirma Janet Sanz, concejala de Ecología del Ayuntamiento de Barcelona. "Hemos hecho una apuesta para descarbonizar la ciudad, con iniciativas como los carriles bici, la compra de autobuses eléctricos, la operadora eléctrica municipal y la mayor facilidad para instalar placas solares", añade. Sanz admite que las emisiones de los coches no se han reducido en toda la ciudad, pero subraya que "ahora estamos preparados para hacer un salto cualitativo muy fuerte".

"No me sorprende esta nota positiva: el de Barcelona es una ayuntamiento que trabaja para integrar investigación [medioambiental] y políticas. Tiene un compromiso con la mitigación del cambio climático y una atención especial a las desigualdades y a la participación", afirma Isabelle Anguelovski, investigadora del Institut de Ciències i Tecnologies Ambientals (ICTA) no implicada en la elaboración del 'ranking' del CDP.

Limitaciones y compromisos

Jeroen van Den Bergh, economista ambiental del ICTA, es más escéptico: "Uno no puede esperarse mucho de las ciudades. Las herramientas más importantes pare regular las emisiones suelen ser competencia de gobiernos nacionales. Además, no vemos una clara reducción de las emisiones de las ciudades". Sanz admite las limitaciones, pero considera que el compromiso de las grandes ciudades puede sacudir a los gobiernos.

Tras el acuerdo de París, un 90% más de ciudades han asumido objetivos de reducción de emisiones, según Appleby. Entre las más innovadoras está París, que pretende recortar por la mitad el consumo de carne en comedores públicos en el 2030, y Londres, que ha implicado a las empresas privadas. Sanz afirma que el próximo objetivo de Barcelona debería ser liberar la ciudad de plásticos.