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ENTREVISTA

"Aprovechamiento de alimentos, economía circular y ocupación e inserción son el futuro"

Lluís Fatjó-Vilas, antiguo alto directivo de multinacioneles, dirige ahora el Banc d'Aliments

Carme Escales

Lluís Fatjó-Vilas,  director de el Banc dels Aliments, en las instalaciones de la entidad de las que a diario llegan y parten alimentos.

Lluís Fatjó-Vilas,  director de el Banc dels Aliments, en las instalaciones de la entidad de las que a diario llegan y parten alimentos. / ROBERT RAMOS

Números, estadísticas, porcentajes y muestras de población fueron durante  40 años de carrera profesional su material de trabajo. Ocupó cargos de dirección en grandes multinacionales, un alto ejecutivo que, prácticamente el día después de jubilarse, se presentó en las oficinas del Banc d’Aliments, en la calle dels Motors, 122 de la Zona Franca para poner a su disposición su talento, su tiempo y su capacidad de trabajo. ¿A cambio? La satisfacción de aportar su experiencia a una gran oenegé que ya conocía, y en la que ya creía antes de ser parte de ella. También confiesa que afrontaba la jubilación con cierto pánico a no saber estar sin hacer nada.

El altruismo es el 'pal de paller', pieza fundamental de un gran puzzle que el día del Gran Recapte vemos con chaleco en los supermercados. Es la imagen más visible del apoyo de personas voluntarias al Banc d'Aliments, una colaboración latente durante el resto del año. Día a día, centenares de voluntarios hacen posible la recogida, clasificación y reparto de toneladas de alimentos con destino a las personas que, de otro modo, lo tendrían mucho más difícil para acceder a ellos. En lo alto de la coordinación de todos ellos y de los 13 empleados del Banc, está Lluís Fatjó-Vilas. Frente al salto al vacío que temió vivir al final de su fructífera carrera profesional, el altruismo fue su tabla de salvación.

-Se ofreció de voluntario, como los 240 que hoy aportan su tiempo, esfuerzo y talento durante todo el año al Banc dels Aliments.

-Sí, recuerdo que me preguntaron: "¿Qué sabes hacer?", y yo les dije: "De hecho, hacer hacer, no sé hacer nada. Pero sé un poco de contabilidad, de análisis finanzas, de leyes y de comunicación. Y sé dirigir a equipos".

-Lo ficharon al vuelo.

-Me pusieron de comodín un año. Luego fui director adjunto, y en febrero cumpliré tres años como director.

-Su bagaje en cifras y estadísticas ha resultado ser un traje a medida para una entidad como el Banc, que mueve tantos alimentos.

-Hablar de alimentos es hablar al por mayor. Pocos productos mueven tantas toneladas cada día. Mis 40 años trabajando en el máximo nivel de la información me han venido bien para ayudar a gestionar el inmenso ‘background’ que mueve el Banc.

-Y cada día durante el año. La campaña del Gran Recapte se podría decir que es sola la punta del iceberg de ese ‘background’.

-El Gran Recapte significó el 17% de las 17.828 toneladas de alimentos que distribuimos en total el pasado año. Y aun así, estamos muy lejos de cubrir las necesidades de la gente.

-Que no deberían ser algo tan básico como alimentarse.

-Es que la distribución de alimentos no es un fin en sí mismo, o no lo debería ser. Estamos en transición para encontrar modelos más eficientes, un modelo más garantista y dignificante, que es lo que se persigue, en definitiva, con la renta mínima garantizada. Mientras tanto, convive un abanico de situaciones para suplir ese vacío, sin que la distribución de los alimentos esté regulada oficialmente. Sí es cierto que existen modelos acordados, pero no hay una regulación clara.

-¿Qué está en manos del Banc para lograr un modelo más eficiente?

-De entrada, sentarnos en la misma mesa con los responsables de Cáritas y Creu Roja –encuentro previsto próximamente- es una primera acción para poner de manifiesto las diferentes realidades con las que unos y otros trabajamos. En la práctica, las tres entidades colaboramos mucho, pero nunca hemos trazado una hoja de ruta conjunta.

-¿Hacia dónde debería apuntar esa ruta?

-A plantear iniciativas para colaborar en el objetivo común de garantizar la alimentación como derecho fundamental de las personas. Este encuentro es un paso adelante. El Banc está cambiando, adaptándose al siglo XXI, y una de las formas de cambio es caminar juntos, intentar diseñar proyectos en común. Ahora es momento de institucionalizar el propósito de unas bases para la transformación del modelo de distribución de alimentos.

-Con un papel importante en el desarrollo sostenible.

-De los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, el trabajo del Banc d’Aliments se adhiere ya a cinco de ellos: el final de la pobreza, hambre cero, salud y bienestar, reducción de desigualdades y producción y consumo responsable.

-La sociedad, a través de multitud de iniciativas, se está poniendo las pilas en ese sentido.

-Las alternativas que van surgiendo son buenas todas. Cuanto más nos aproximemos con ellas a garantizar el derecho a la alimentación, mejor. En muchos lugares se ha pasado de repartir lotes a dejar escoger los alimentos en puntos de compra. O a facilitar, como lo hacen la Diputació de Barcelona, Cáritas y Creu Roja, tarjetas monetarias para que cada cual por su cuenta realice su compra de alimentos. Pero ninguna de todas esas iniciativas cubre las necesidades de las personas.

"La distribución de alimentos no es un fin en sí mismo. Necesitamos modelos más garantistas"

-La lucha contra el despilfarro suma también.

Unos 9,2 millones de kilos de los que recogió el Banc dels Aliments el pasado año, lo que significa más del 50% del total, fueron alimentos aprovechados, rescatados del despilfarro. Los dos ejes fundamentales del Banc son: la lucha contra la pobreza alimentaria y el aprovechamiento y recuperación de alimentos. Cualquier acción para evitar el despilfarro con una buena planificación buscando alternativas, como la ideal de la economía circular: aprovechar el residuo, minimizarlo y así también reducir el impacto medioambiental, bienvenida sea.

-¿Se han fijado especialmente en algunas?

-Una que aplaudimos es la de las mermas en los supermercados a las que da una primera salida comercial reduciendo el precio de los productos con fecha de consumo preferente. Es la salida más interesante. Otra, la de los propios fabricantes que con sus productos, si no pueden destinarlos para alimentación humana por su aspecto, los dan a animales, como pasa con manzanas descartadas en Mercabarna, que se llevan al Zoo de Barcelona. El IRTA (Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentaria) ha establecido una jerarquía para orientar y regular la transformación de unos productos en otros o destinarlos a compost. La destrucción debe ser el último extremo. Aprovechamiento, economía circular y ocupación e inserción son el futuro.

-¿Cómo lee la distribución de la riqueza en el planeta?

-Pone de manifiesto dos cosas. La primera, que la globalización está agudizando la desigualdad, haciendo posible que el capital se concentre en pocas manos. Y, la segunda, que la globalización avanza con el capital pero no en la política social. Sí hay acciones de Estado, pero las multinacionales escapan, las políticas fiscales no tienen capacidad de regular a las empresas gigantes.

-Retomando su experiencia personal, ¿qué balance hace de estos años como voluntario jubilado?

-Muy bueno. Venir al Banc de lunes a jueves me hace sentir activo y con todas las neuronas a punto. Me siento útil, como veo que le sucede a cada uno de nuestros voluntarios. Las personas se realizan trabajando, cuando hacen cosas, remuneradamente o no.

-¿Qué progreso le gustaría llegar a ver?

-Que el Banc llegase a tener que cerrar por innecesario.