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Ocultas tras el seudónimo

Ocultas tras el seudónimo

Gemma Tramullas

Charlotte Brontë, autora de 'Jane Eyre' y coetánea de George Eliot, explicó en 1850 que ella y sus hermanas decidieron escribir bajo seudónimos que parecían masculinos porque tenían "la vaga impresión de que las escritoras eran susceptibles de ser juzgadas con prejuicios". Sin embargo, este no es el único motivo para enmascarar la propia identidad. También existen razones de índole personal, político, experimental y comercial. 

Los prejuicios de género fueron determinantes en la decisión de Caterina Albert de firmar como Víctor Català, después de que en 1898 ganara los Jocs Florals con 'La infanticida', un texto de temática muy dura que escandalizó al jurado al revelarse su autoría femenina. Como Víctor, se sentía más "libre y segura".

Caterina Albert se refugió en Víctor Català. /ramón dimas

Sin embargo, a estos prejuicios de una cultura dominada por hombres, se le suman motivaciones políticas en el caso de la española Cecilia Böhl de Faber, que defendía ideas progresistas y era considera una excéntrica. En la misma situación estaba Olive Schreiner, una autora victoriana nacida en Sudáfrica que denunció el imperialismo y el racismo. Su primera novela, 'Historia de una granja en Áfric'a (1883), se publicó originalmente bajo el nombre de Ralph Iron. También la francesa George Sand fue mucho más allá y se vestía de hombre para denunciar la discriminación de la mujer.

Las autoras firman como hombres por motivos personales, políticos y comerciales

La danesa Karen Blixen publicó su primera novela, 'Siete cuentos góticos' (1934), como Isak Dinesen para evitar la excesiva publicidad. "No quiero que la gente venga y me pregunte cosas como: '¿Qué querías decir con esto?'", escribió.

Avanzando el tiempo, encontramos autoras como la norteamericana Sylvia Plath, que en la primera edición de 'La campana de cristal' (1963) utilizó un seudónimo femenino, Victoria Lucas, porque temía que el satírico retrato que hacía de la madre de la protagonista afectara a su propia madre, como así ocurrió.

La también norteamericana Joyce Carol Oates, autora de más de 50 libros, decidió firmar como Rosamond Smith cuando publicó la novela de misterio psicológico 'La vida de los gemelos' (1987). La polémica que se desató al conocerse la verdadera autoría de la novela hizo que jamás volviera a utilizar seudónimo.

Joyce Carol Oates firmó como Rosamond Smith.  / Archivo

Indagación

Un caso curioso es el de la británica Doris Lessing que, en 1984 y siendo ya archiconocida, escribió dos novelas como Jane Somers para comprobar qué diferencias había entre publicar con una firma famosa o como una autora novel.

J.K. Rowling usó iniciales en la serie 'Harry Potter' para no desanimar a los seguidores del género fantástico, acostumbrados a la autoría masculina. Además, en el 2013 publicó un 'thriller' como Robert Galbraith. ¿El motivo? "Quería trabajar sin la presión de la fama y las expectativas".

Y finalmente destaca la vecina de Madrid María del Carmen Rodríguez del Álamo Lázaro, que ha vendido cerca de dos millones de novelas románticas como Megan Maxwell por obvias razones comerciales.

Temas: J. K. Rowling