30 oct 2020

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RESCATE NECESARIO

El regreso de las escritoras silenciadas por el machismo

El auge del feminismo ha permitido feminizar el canon literario y recuperar autoras en castellano y catalán que las circunstancias relegaron

Elena Hevia

Concepción Arenal, Víctor Català, Elizabeth Mulder, Luisa Carnés, Mercedes Formica y Felicidad Blanc, de izquierda a derecha y de arriba abajo

Concepción Arenal, Víctor Català, Elizabeth Mulder, Luisa Carnés, Mercedes Formica y Felicidad Blanc, de izquierda a derecha y de arriba abajo

Lo fácil es decir que no estaban. O que no tenían suficiente calidad. Pero las escritoras eran y estaban y, además, eran muchas. Sus historias atraviesan el desconocimiento y sus libros regresan a las librerías con interés renovado dispuestas a pasar la prueba del algodón. No todas ellas fueron feministas militantes, pero el mero hecho de escribir, de mantener una mirada sesgada y dura -había que serlo para atreverse a publicar- las convierte en pioneras, en mujeres con historias que contar.

En los últimos tiempos muchas editoriales se han dedicado a recuperarlas, es el caso de Seix Barral, que ha impulsado la iniciativa de publicar con su verdadero nombre algunas de las autoras escondidas bajo un seudónimo masculino que aparece tachado en la portada. Pero sin duda, el sello que más y más incansablemente ha trabajado ese nicho ha sido el sevillano Renacimiento, que ha llevado a las librerías a la práctica totalidad de las autoras del exilio, y a muchos otros nombres coetáneos. Los tiempos soplan a favor. Christina Linares, hija de los fundadores de la editorial, y editora a su vez, recuerda a modo de ejemplo cómo hace casi 20 años Renacimiento recuperó las magníficas memorias de la exiliada Concha Méndez y que solo ahora con la reedición han logrado una mayor receptividad. "Yo noto que en los últimos tiempos se está acuñando un cambio de paradigma -dice-, desde la editorial sentimos que estamos construyendo una genealogía en sintonía con otros trabajos que nos acompañan". Sería el caso de los documentales de Tània Balló sobre Lasinsombrero, del que se ésta grabado la tercera entrega. También apuesta no por una sola obra, sino por el rescate integral de las autoras. 

Una de las ilustraciones de Antònia Santolaya para el libro 'La mujer del porvenir', de Concepción Arenal. 

Lo que sigue es apenas una breve selección de autoras rescatadas del olvido histórico, marcadas por los usos de la época, el exilio y el machismo que dejaron a tantas mujeres a las que no llegamos a conocer fuera de las clases de literatura en el instituto. "Es que el canon lo establecieron ellos", recalca Linares.

CONCEPCIÓN ARENAL (Ferrol, 1820-Vigo 1893)

Más allá de nombrar calles o inspirar monumentos, el reconocimiento intelectual de la autora gallega ha tenido que esperar más de un siglo y se consolida en la biografía que le dedicó Anna Caballé en el 2018 y que obtuvo el Premio Nacional de Historia. En el 200º aniversario del nacimiento de la autora, kilómetro cero del feminismo español, Nórdica publica la edición ilustrada de su ensayo estrella, ‘La mujer del porvenir’ (1869), un alegato a favor de la educación de la mujer, no en vano Arenal tuvo que disfrazarse de hombre para acudir a las clases de derecho en la universidad de Madrid como oyente. En el volumen también se incluye un ensayo posterior, ‘La mujer de su casa’, que aporta una perspectiva más “profunda”, según Caballé, a la idea de marginación social de la mujer en el hogar de la que Arenal hace también responsables a las propias mujeres, lo que explica por qué las feministas han tardado tanto en hacerla suya.

MATILDE CHERNER (Salamanca 1833–Madrid 1880) 

Cherner fue una prolífica escritora, particularmente de narraciones históricas que también exploraban con mirada crítica la situación femenina. Pero esa idea fue poco reconocida en su momento, básicamente porque durante toda su vida se ocultó bajo el seudónimo de Rafael Luna. El término novela no se ajusta del todo a ‘Ocaso y luna’, que ahora recupera Seix Barral con el nombre original de la autora.

CATERINA ALBERT (L'Escala 1869-1966)

Puede sorprender que la gran escritora de la literatura catalana (con permiso de Mercè Rodoreda) se encuentre en esta lista de ninguneadas. Albert, o mejor dicho Victor Català, desató un escándalo sin precedentes cuando su obra de teatro ‘La infanticida’ ganó los Juegos Florales de 1898 y descubrió a su autora como mujer.  Pese al prestigio de 'Solitud' (que este jueves llega en versión teatral al TNC), faltaban muchos inéditos de la autora por recuperar como la novela 'Un film, 3.000 metres' y muchos de los cuentos escritos durante el franquismo reeditados ahora en sus obra completas (Club Editor). Habría que destacar también que las traducciones al castellano (Alianza, Lengua de Trapo) hoy son inencontrables.

ELIZABETH MULDER (Barcelona, 1904-1987)

 Hija de una aristócrata de origen catalán asentada en Puerto Rico, donde vivió su infancia, Mulder fue un espíritu libre y fascinante que estudió piano con Enric Granados, tradujo a Pushkin del ruso y escribió poemas tempranos. La madre obligó a Mulder a casarse con su amante (el de la madre) para tenerlo a tiro y el matrimonio -del que se liberaría por la muerte temprana de él- la mantuvo apartada por un tiempo de la literatura. Regresó a la literatura como autora de éxito en compañía de su amante la atleta Ana María Martínez Sagi, la primera mujer que formó parte de la junta directiva del Barça . De Mulder, Cuadernos del Vigia recuperó en el 2018 su novela 'La historia de Java' y ese mismo año, Renacimiento rescató 'Una sombra entre los dos'.

LUISA CARNÉS (Madrid 1905-Ciudad de México, 1964)

El caso de Carnés es el de una doble marginalidad. Por edad podría pertenecer a Lasinsombrero (en los años 20 quitárselo en plena calle fue un acto de transgresión), un grupo de artistas y escritoras de la Generación del 27 entre las que se cuentan Rosa Chacel, Josefina de la Torre, María Teresa Léon o Concha Méndez, unas con más renombre que otras, todas ellas educadas hijas de la burguesía. Pero no. La obrera y autodidacta Carnés tuvo que ganarse la vida como sombrerera (todo un símbolo), camarera y más tarde periodista. A raíz del éxito de su novela 'Tea room', Renacimiento pudo relanzar los cuentos de la autora que ya estaban en su catálogo. Las últimas recuperaciones son sus memorias y la novela 'Natacha'. En todas ellas brilla su prosa afilada y seca en la que retrata la incorporación de la mujer al trabajo en los años 30 desde una perspectiva claramente social. 

MERCEDES FORMICA (Cádiz, 1913-Málaga, 2002)

 De que el impulso feminista, en principio, debería estar tanto en el espectro de la izquierda como en la derecha, da fe la figura de esta falangista que evolucionó hasta postulados feministas, de los que se valió de ellos para impulsar en pleno franquismo 66 reformas en el Código Civil que no se llegaron a realizar en tiempos de la República, como el hecho de que ante una separación la mujer solo podía abandonar el domicilio del marido (Formica consiguió que se le denominara ‘conyugal’) si se colocaba bajo la vigilancia de un tercero elegido por el esposo. Renacimiento reúne ahora en un volumen sus memorias, ‘Pequeña historia de ayer’.   

FELICIDAD BLANC ( Madrid, 1913-San Sebastián, 1990)

No, Blanch no fue solo la esposa del poeta del régimen Leopoldo Panero, a la que todos descubrieron por su reveladora audacia comunicativa en el documental ‘El desencanto’. Tampoco fue solo la matriarca de los hermanos, neuróticos y malditos, Leopoldo, Juan Luis y 'Michi'. Renacimiento ha recuperado recientemente sus cuentos completos, que escribió en los años 50, y unos años antes Cabaret Voltaire, también sus memorias.  

ELENA GARRO (Puebla, México, 1916-Cuernavaca, 1998) 

Todavía en el 2017 se publicaba una obra de esta autora mexicana, hija de padre español, con una faja en la que se la presentaba como “esposa de Octavio Paz y amante de Adolfo Bioy Casares”. Algo bastante indignante si se tiene en cuenta que la autodestructiva y complicada Garro (pero no más que muchos de sus colegas masculinos) es uno de los nombres más indiscutibles de un 'Boom' que históricamente la excluyó. Hasta hace muy poco sus libros eran inencontrables, la última novedad es la edición que Alfaguara acaba de sacar de su obra maestra, ‘Los recuerdos del porvenir’ (1963), enriquecida con textos de cinco autoras contemporáneas, entre ellas Lara Moreno y Guadalupe Nettel. Como escribe esta: “Durante años se atribuyó a Elena Garro una supuesta locura y se la trató con un desprecio infinito”.

Y muchas otras más...

Junto a las ocho seleccionadas también podrían haberse incluido los nombres de Concha Méndez, poeta y dramaturga, durante años relegada a ser la sombra de su marido el poeta e impresor Manuel Altolaguirre, con quien compartió exilio en Cuba y México, hasta su separación. Pero también a Clara Campoamor, a quien todo el mundo conoce como impulsora del sufragio femenino, pero ¿alguien la ha leído? Sin olvidar a Carmen de Burgos, que solía firmar sus textos periodísticos como Colombine o a Magda Donato, hermana pequeña de Margarita Nelken que cultivó un periodismo 'gonzo' 'avant la lettre' al hacerse pasar por enferma psiquiátrica e internarse amén de  cambiar su identidad por una delincuente para ingresar en prisión y contarlo. O Mada Carreño de quien acaba de publicarse su novela ‘Los diablos sueltos’, sobre la retirada republicana durante la guerra civil.  O la catalana Mercedes Nuñez Targa, secretaria de Pablo Neruda, que escribió su experiencia en un campo de concentració. O Elena Fortún, autora de divertidas novelas para niños  y de quien se ha reeditado la inencontrable ‘Celia y la revolución’ (o su heroína en la guerra civil)  y se ha recuperado la inédita ‘Oculto sendero’, destinada a un público adulto, de tema homosexual con ecos autobiográficos.