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Ligo, luego estoy en Tinder

Ligo, luego estoy en Tinder

La popularización de las 'app' de contactos está imponiendo un nuevo patrón de relaciones afectivas marcado por la mercantilización de las experiencias y la primacía de la cantidad de los encuentros sexuales sobre su calidad

Juan Fernández

Una revolución silenciosa está teniendo lugar delante de nuestros ojos sin habernos percatado. No porta banderas ni emite sonoras soflamas, sino que acontece en escenarios tan íntimos y privados como las alcobas y los teléfonos móviles, pero anuncia transformaciones de profundo calado para las personas.

Hace una década, nadie había oído hablar de las aplicaciones que ponen en contacto a hombres y mujeres separados por escasos kilómetros de distancia pero unidos por una parecida disposición para mantener encuentros amorosos. Entre otros motivos, porque no existían. Tinder nació en el 2012, un suspiro en la historia de los afectos humanos, pero en estos siete años ha experimentado un éxito tan arrollador como herramienta para ligar que ha hecho volar por los aires los cánones establecidos en materia de relaciones íntimas y anuncia una nueva era de la sexualidad marcada por la promiscuidad, la desinhibición y la devaluación del sentimentalismo y el compromiso amoroso. Bienvenidos a la era del flirteo a golpe de clic.

Las 'app' aportan una potente
sensación de libertad pero pronto se convierte en esclavitud

Una de las grietas donde resulta elocuente la tan cacareada brecha digital, es la que se abre entre los usuarios de las aplicaciones de citas 'online' y el resto de la humanidad. La normalidad con que aquellos relatan los lances íntimos que acostumbran a mantener con desconocidos, a los que seleccionan pasando fotos con el dedo sobre las pantallas de sus teléfonos móviles como si escogieran tomates en la frutería, causa asombro entre quienes por edad, situación afectiva estable o reparos morales, jamás se han descargado una 'app' para ligar y no conciben que se puedan cerrar encuentros de índole sexual como quien pide hora en la peluquería y sin que previamente se establezcan más vínculos personales que un cruce de "me gustas" en la aplicación.

Por extraña que pueda parecerles esta forma de ligar a quienes no están habituados a ella, lo cierto es que funciona y tiene éxito. Cada vez más, a la luz de las cifras que se manejan en el mundo de las aplicaciones móviles. Tinder presume de haber sido descargada 300 millones de veces de las tiendas de 'app' y de establecer cada día 26 millones de 'matches' –conexiones entre usuarios que dicen gustarse- en los 190 países en los que opera, entre los que España, según asegura la compañía, es uno de sus mercados más boyantes.

Tampoco median fórmulas de cortejo, más allá de un escueto diálogo de mensajes con emoticonos, pero la privacidad de la pantalla protege del temor al rechazo. Ante esa eventualidad, siempre hay un tentador e inacabable álbum de rostros donde seguir buscando a la espera de que los gustos del usuario coincidan con los de la persona señalada y que el 'match' brinde la oportunidad del probable encuentro amoroso.

La oferta

Quien dice Tinder, dice Grindr, la red de ligue para gais que nació en el 2009, y en la que se inspiró Tinder para lanzar su oferta. O la plataforma Ourtime, que propone citas entre mayores de 50 años. O AdoptaUnTío, que brinda a las mujeres un menú de varones entre los que elegir 'partenaire'. O Happn, que ofrece al usuario la oportunidad de reencontrarse con alguien con quien se haya cruzado fugazmente. Hasta Facebook ha anunciado su propio sitio de citas, Facebook Dating, que llegará a España en el 2020.

"El mundo 'online' ha sustituido al bar y la discoteca de toda la vida para buscar relaciones. Si quieres ligar, has de estar ahí, porque en caso contrario, te encuentras en desventaja. No solo en Tinder, también las redes sociales. Hoy por hoy, Instagram es la herramienta más usada por los jóvenes para ligar”, asegura Mario Luna, 'coach' experto en seducción.

"Las aplicaciones de contactos son un mercado y ahí todos somos productos", señala Mario Luna, 'coach' experto en seducción

Lleva una década y media ayudando a varones de todo orden y condición a atraer la atención femenina y ha sido testigo del cambio vivido en el mundo de los flirteos en los últimos años, que se resume en que antes enseñaba a sus clientes a aproximarse a una chica en un local para ganarse su simpatía y ahora les da claves para mostrarse ante ellas en la red. "Tinder es un relaciones públicas que trabaja para ti las 24 horas del día. Si te vendes bien, ligarás mucho, si lo haces mal, no te comerás una rosca. Pero conviene tenerlo claro: las 'app' de contactos son un mercado, y ahí todos somos productos".

Encuentros accesibles (y con riesgos)

La certidumbre de llevar en el bolsillo un catálogo de posibles encuentros sexuales fácilmente accesibles supone un trascendental cambio en la forma como hasta ahora nos habíamos planteado los afectos. Y como suele ocurrir con todos los cambios, sobre todo los que se producen en muy poco tiempo, las ventajas que promete la novedad conviven con los riesgos que también entraña, muchos de los cuales no son fácilmente detectables en un primer momento.

"Hablar de sentimientos es hoy más obsceno que tener sexo", revela alarmada la terapeuta Adriana Royo

De las primeras da cuenta la euforia con que los usuarios de las 'app' de contactos relatan sus experiencias poniendo el acento en lo fácil que les resulta ligar a través del teléfono móvil y en la enorme cantidad de citas que logran acumular en muy poco tiempo, algo impensable en la etapa analógica del flirteo. Sobre los peligros que implica este nuevo modelo de relaciones amorosas hablan los psicólogos, a cuyos gabinetes han empezado a arribar como náufragos los damnificados de la 'generación Tinder'.

"Cada vez tengo más pacientes, tanto hombres como mujeres, que se quejan de la sensación de vacío que les dejan las aplicaciones de ligue. Directamente, te confiesan: esta semana he echado tres polvos con tres desconocidos, pero soy incapaz de decirle a nadie cómo me siento. Hablar de sentimientos es hoy más obsceno que tener sexo", revela alarmada la terapeuta Adriana Royo.

En su libro 'Falos y falacias', la psicóloga analiza las consecuencias emocionales que implica esta nueva concepción de la afectividad humana y su diagnóstico no invita al optimismo: "En un primer momento, estas 'app' aportan una sensación muy potente de libertad porque te dan acceso a un montón de opciones de ligue, pero esa libertad es falsa y pronto se convierte en esclavitud. Cada vez conozco más gente, sobre todo mujeres, que usan Tinder para tener un chupinazo de ego cuando se sienten deprimidas", advierte.

¿Y qué hay de las experiencias sexuales? "Como todo en la vida, el exceso acaba convirtiéndose en un defecto. Estas aplicaciones priman la cantidad sobre la calidad de los encuentros, pero esa fórmula no ayuda al buen acoplamiento sexual de las parejas. Al contrario, así se acaba devaluando el sexo", responde Antoni Bolinches, vicepresidente de la Societat Catalana de Sexologia.

"La aplicación está pensada
para que te digas:
'Puedo encontrar una pareja sexual mejor que la de ayer'", señala Nuria Gómez, autora de 'Love me, Tinder'

Sin embargo, ¿quién se resiste a la posibilidad de tener una nueva cita que supere a la anterior, si es tan fácil como mover el pulgar hacia la derecha sobre la foto de la persona candidata y esperar que ella haga lo mismo? "Esta es la clave del éxito de Tinder, el diseño tan adictivo que tiene", subraya la crítica de arte Nuria Gómez, coautora, junto a la politóloga y activista cultural Estela Ortiz, del libro 'Love me, Tinder', en el que analizan la forma que tienen los varones de mostrarse en esta red social y el funcionamiento del algoritmo que enlaza a los candidatos al 'match'.

"La aplicación está pensada para que continuamente te estés diciendo: 'Puedo encontrar una pareja sexual mejor que la de ayer, voy a seguir probando'. A Tinder le importa un bledo tu vida afectiva, lo único que le preocupa es que pases el mayor número posible de horas conectado, porque es como gana dinero", advierte Gómez. De su eficacia a la hora de lograrlo hablan las cifras que maneja la compañía. Según 'The Economist', Match Group, el grupo con sede en Dallas al que pertenecen Tinder, OkCupid, Match.com y las principales plataformas de citas, ingresa cada año 1.100 millones de euros.

'Generación Z'

El cuestionamiento de los parámetros tradicionales de la afectividad que proponen las aplicaciones de contactos conduce a un inevitable debate generacional. Tinder ha supuesto una ventana de oportunidades de ligue para separados, divorciados y solteros de edades provectas, pero la propia compañía reconoce que más del 50% de sus usuarios tiene entre 18 y 25 años y que su público objetivo, al que se han decidido captar, es la 'generación Z'.

Más allá de Tinder, que exige ser mayor de edad para inscribirse, cada vez se escuchan más voces alertando del 'efecto contagio' que este modelo de relaciones puede estar teniendo en edades más tempranas mediante herramientas como Instagram.

"Que los adolescentes hayan empezado a utilizar esta red para ligar entraña un gran riesgo, porque en ese espacio privado y opaco es imposible detectar las situaciones de abuso que puedan darse", señala la socióloga Mar Joanpere, quien advierte del "discurso coercitivo" que lleva incorporado el éxito que hoy ha alcanzado el flirteo 'online' entre los más jóvenes. "¿Cuántas chicas, en los institutos, se están viendo presionadas a entablar relaciones de esta forma para no sentirse marginadas o que están fuera de la moda?", plantea la vicepresidenta de la Associació Catalana de Sociologia. Su uso podrá modularse, pero lo que nadie parece poner en duda es que la nueva forma de ligar que proponen las aplicaciones de contactos ha llegado para quedarse.