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Anna Wintour.

Anna Wintour: la reina absolutista de la moda

Núria Marrón


Anna Wintour jamás dedicaría dos minutos de su vida a debatir sobre, pongamos, la deconstrucción del dobladillo. Primero, porque ella no debate; ella dicta. Y segundo, porque la verdadera pasión de esta mujer que lleva 30 años al frente del 'Vogue' norteamericano –ese altar donde Beyoncé habla de su influencia, Theresa May luce pantalones de cuero y Kim Kardashian conversa sobre los problemas de salud mental de su marido, Kanye West– es la moda, sí, pero sobre todo el poder y la celebridad. Y prueba de que, tres décadas más tarde, su reinado absolutista sigue intacto es que este lunes volvió a organizar la gala del Met –la Superbowl de la moda que cada primer lunes de mayo inaugura la exposición anual del Instituto del Traje– como solo ella es capaz: con el poder económico aflojando el dinero y la aristocracia del espectáculo regalando 'show' y 'memes'.

Anna Wintour, el lunes día 6, en la alfombra rosa de la Met Gala. / JUSTIN LANE (EFE)

¿Cuál fue su estampa favorita de la presentación de la muestra, dedicada a la extravagancia y artificio del camp? ¿La llegada faraónica de Billy Porter, transmutado en oca sagrada (y dorada) del antiguo egipto? ¿El vestido candelabro de Katy Perry? ¿O quizá Lady Gaga, vestida de candidata para entrar al reality 'Rupaul Drag Race'? Desde el año 1995, detrás de cada detalle de la gala –de la lista de invitados y vetos (los hay de antológicos) a la prohibición de selfis– está el ojo de halcón de Wintour, uno de los grandes personajes de ficción de nuestra época que –además de coleccionar comentarios disolventes y leyendas según las cuales desata el terror cada vez que abre una puerta y trata a su equipo como si fuera un ejército de esclavos decepcionantes–, también ha tenido tiempo de cambiar la industria de la moda.

La editora del 'Vogue' de EEUU es tan o más célebre que las estrellas que protagonizan sus portadas

Su conquista gradual del reino empezó pronto. Nacida en Londres en 1949, se apuntó al Swining London –del que conserva esa melena cortada con escuadra y cartabón– y dejó colgados los estudios en el exclusivo North London Collegiate School, lo que contrarió enormemente a su padre, Charles Wintour, editor del diario Evening Standard, quien accedió a pagarle clases de moda pero no a considerar el sector como algo más que una banalalidad.

 

«Quiero tu puesto»

Cuando la veinteañera Wintour empezó a trabajar en revistas, nunca destacó por su escritura, pero sí por su «visión». Así, pasó por 'Harper’s &Queen', 'Harper’s Bazaar' y la publicación erótica femenina 'Viva'. En 1983 fue fichada como responsable creativa del 'Vogue' de EEUU, donde le soltó un «quiero tu puesto» a la entonces directora, Grace Mirabella, quien la recuerda como una mujer «fría y autocrática» tras ser puenteada de todas las maneras que se le ocurrieron –y debieron de ser unas cuantas, teniendo en cuenta su afilada creatividad para la intriga–. Luego, al mando de 'House & Garden', la retituló 'HG' y la llenó de moda y celebridades en tal medida que se la apodó 'Vanity Chair'. La apuesta fue un fiasco pero, aun así, se las apañó para que la empresa editora, Condé Nast, que había perdido millones, le ofreciera el puesto deseado: el de 'Vogue' América.

Sustituyó a las modelos de estudio por actrices o 'tops' y concilió costura y moda urbana

Una vez en la revista, no dejó el filón de las 'celebrities', sino que redobló la apuesta. Sustituyó las modelos de estudio por actrices o tops; concilió costura y moda urbana (en la portada del primer número aparecía una modelo con suéter de Lacroix y vaqueros, los primeros que salían, por lo que los empleados de la imprenta llamaron para preguntar si se trataba de un error), y buscó, en dosis adecuadas, lo que en la moda se conoce como factor riesgo: aquello que resulta chocante hasta que se apunta a otra cosa más divertida. En su primer número de septiembre, por ejemplo, sacó en portada a Naomi Campbell. Y recuerda que cuando mostró el ejemplar a la dirección del grupo «se hizo el silencio total». «No podían creer que hubiese puesto a una afroamericana en la portada del número más importante del año».

Demócrata militante

A pesar de aquella apuesta seminal, no puede decirse que el 'Vogue' de Wintour, demócrata militante, haya sido motor de diversidad y cambio social. De hecho, hay mucha literatura sobre el clasismo, el sexismo y el racismo de la revista. Sin embargo, sí hay consenso en señalar que la editora, que con el mismo pulso ha consagrado que desahuciado diseñadores, sí ha cambiado la forma en que nos vestimos de una manera que no tiene que ver con las tendencias. «Tendencias –dijo una vez– es una palabra sucia».

"Es la arquitecta del llamado 'poder blando'", asegura la editora de moda del diario 'The Guardian'

«Ella es la arquitecta de una de las principales estéticas de nuestra época: el llamado poder blando», decía Jess Cartner Morley, editora de moda del diario 'The Guardian', sobre el poder y la influencia que pueden proyectarse con la imagen y que, según ella, constituye el mayor legado de sus 30 años en 'Vogue'.

Primeras damas y ‘premiere’ 

La huella de Wintour, madre de dos treinteañeros, está ahí: en los vestidos estampados y cárdigans coloridos de las primeras damas de EEUU; en los modelos coloristas de las presentadoras de TV; en los abrigos esbeltos y a medida de Kate Middleton y Meghan Markle, e incluso en los collares de Theresa May. En esa hermenéutica del poder, no deja de ser significativo que Wintour presida los 'front row' de los desfiles con iPhone y sin bolso. Una señal más, parece decir, de que es la mujer alfa, la que vive con el automóvil esperándola en la puerta y un equipo de apoyo alrededor solucionándole la vida cotidiana.

No hay temporada de desfiles ni texto con su nombre en el que no aparezcan los rumores de abdicación

A pesar de la estudiada coreografía, de un tiempo a esta parte, no hay temporada de desfiles ni texto con su nombre en el que 1) no se diga que ha ganado afabilidad y 2) aparezca la pregunta: ¿abdica o no abdica? Lo cierto es que hay algo en ella de 'ancien régime'. El sector ha jubilado a sus coetáneas en favor de perfiles más digitales y menos ajustados al poder blanco. Incluso su sueldo –suele cifrarse en dos millones de dólares anuales– es ya una reliquia en unas publicaciones que han recortado sus presupuestos en un 30%. Pero quién sabe. Meses atrás, cuando arreciaron los rumores sobre su retirada, Condé Nast salió al paso asegurando que Wintour seguiría al cargo de forma «indefinida». Y ahora la comidilla es: ¿qué quiere decir exactamente 'indefinida'?