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Las nuevas 'Marielles'

EL LEGADO DE UNA EMBLEMÁTICA ACTIVISTA SOCIAL

Las nuevas 'Marielles'

Dani Monteiro, Monica Francisco y Renata Souza entran en la cámara de diputados de Río de Janeiro motivadas por la ejecución, hace un año, de su compañera, la activista Marielle Franco

Germán Aranda

Monica Francisco, Renata Souza y Dani Monteiro, mujeres negras y criadas en favelas, participaron, como asesoras de la edil Marielle Franco, en aquel acto del 14 de marzo del 2018 que ya nunca olvidarán en un local del centro de Río de Janeiro.Y las tres, con la propia Marielle, celebraron que la charla sobre feminismo negro había ido de maravilla. «Le había recordado 20 minutos antes que al día siguiente teníamos una reunión a las nueve de la mañana, ella me corrigió con humor diciéndome que era a las diez y media, que le dejara dormir un poco más. Al llegar a casa me empiezan a llamar periodistas para que les confirmara que la mujer que había sido asesinada era Marielle, pero yo no lo sabía. Así que fui enseguida hacia el centro de nuevo, donde estaba el coche, y vi la escena de los horrores. Yo, inocente, quería llevarla al hospital pensando que se podría salvar, no lo quería creer...», cuenta Renata Souza.

Ella y sus dos compañeras transformaron la indignación por el asesinato político en una lucha política que les llevó a las tres a ser elegidas diputadas en la cámara legislativa del estado de Río de Janeiro por el PSOL (Partido Socialismo y Libertad) para mantener vivo su legado y dar voz a los pobres, negros y mujeres, colectivos vulnerables en Brasil y que, en muchos casos, se sienten más amenazados que nunca con la llegada al poder del ultraderechista Jair Bolsonaro, presidente desde  enero.

Un año después del asesinato de Marielle Franco, a pesar de diversas detenciones, la investigación continúa con muchos interrogantes abiertos, más allá de la certeza de que se trata de un crimen político organizado por mafias que operan con un pie en el estado, la policía e incluso la política y otro en el crimen. 

Incógnitas

Un coche se puso al lado del que ocupaba Franco y disparó al menos nueve veces matándola a ella y al conductor, Anderson Pedro Gomes. De dónde llega el encargo y cuál es el verdadero motivo de su ejecución es ahora la principal incógnita. Entre los obstáculos para avanzar, los medios brasileños confirmaron la semana pasada que la policía federal está investigando las propias pesquisas sobre el asesinato, pues se han demostrado intentos de torpedear la investigación de la policía civil desde dentro. «Hay muchas cosas que alguien quiere esconder. Marielle murió como mueren muchas mujeres, pero ella hacía mucho ruido en la casa y querían silenciarlo, es un crimen político planeado por gente de muy arriba. Solo hay que recordar algunos detalles, como el de una matrícula de coche clonada, un silenciador o un circuito de cámaras en el entorno desconectado desde días antes del asesinato», apunta Dani Monteiro, a sus 27 años, criada en la favela de Sao Carlos y estudiante de ciencias sociales becada por las cuotas para negros e indígenas aprobada en su día por el Gobierno de Lula. Es la más joven de las diputadas que recogen el testigo de Franco.

Placa reivindicando una calle para la activista asesinada Marielle Franco. /GERMÁN ARANDA

«Recuerdo que Marielle me dijo, en broma, antes de despedirme, que no celebrara mucho lo bien que había ido el acto porque al día siguiente había mucho trabajo por hacer en el gabinete. Cogí el 'uber', llego a casa, me avisan y me digo ‘¿Cómo puede ser?’ ‘¿Qué está sucediendo?’ Para mí fue como si alguien hubiera cogido mi cuerpo y lo hubiera lanzado a otro mundo, donde el 15 de marzo alguien me decía: ‘Mira, esta es la realidad y aquí no está Marielle», relata Monteiro.

«El de Marielle
es un crimen
político planeado
por gente de
muy arriba»,
denuncia Dani
Monteiro

En su primer día de mandato en la Asamblea legislativa del Estado de Río de Janeiro, parlamento regional, Monteiro se encontró con marcas de bala dibujadas en el polvo del vidrio de su coche, unas amenazas de alguien que sabía a quién se dirigía. «Lo consideré una provocación, pero eso no nos intimida, no nos va a hacer callar», lanza la diputada, que sonríe con cierta acidez cuando le preguntan si cree que hay personas peligrosas dentro de la cámara. «Aún no conozco a todos mis compañeros diputados, pero sabemos que hay gente peligrosa ahí adentro, la cámara es un reducto de los coroneles más antiguos, de la vieja política. Si no están aquí los milicianos, sí que hay algunos mandados por ellos. Y si ellos vienen mandados por los milicianos, nosotras por el pueblo», sentencia con valentía.

Grupos criminales armados

Cuando habla de «milicianos» se refiere a los grupos criminales armados formados por expolicías, policías y también políticos que usan su poder creando mafias que extorsionan a las poblaciones a cambio de votos e impuestos. El diputado Marcelo Freixo, también del PSOL y buen amigo de Franco, lideró en el 2008 la investigación más importante contra este tipo de crimen organizado, que se saldó con 246 detenciones. Desde entonces, Freixo vive con escolta y ha sufrido amenazas de muerte más que probadas. La juez que lideró las detenciones, Patricia Acioli, fue asesinada en el 2011. Es posible que el asesinato de Franco quisiera mandar un mensaje contra políticos incómodos. Pero el efecto amenazador acabó teniendo un reverso en forma de legado: tanto que Monteiro, Souza y Francisco se decidieron a ir a por los escaños.

Para Souza, buena amiga de Marielle con la que había coincidido en la favela de Maré donde se crió, es importante «tener visibilidad» para protegerse contra las amenazas. «La población negra, la LGTBI, las mujeres, todo este pueblo que está siendo asesinado, muchas veces por el estado y muchas veces ante la negligencia del Estado, necesitamos ocupar esos lugares de poder tradicionalmente dominada por hombres blancos y ricos», reflexiona. 

«Necesitamos
que la comunidad
negra, la LGTBI,
las mujeres...
tengan poder»,
reivindica Renata
Souza

A ella, recién nombrada presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la cámara estatal, le toca lidiar a diario con casos muy graves, como el reciente asesinato a manos de la policía de 15 jóvenes sospechosos de narcotráfico en la favela de Fallet-Fogueteiro, incrustada en el turístico barrio de Santa Teresa a pocos metros del centro neurálgico de la ciudad. «Familiares y testigos explican que eran jóvenes ya rendidos, dentro de una casa, y algunos de los muertos recibieron cuchillazos, no hubo intercambio de tiros sino una matanza», relata Monteiro, que también ha trabajado mano a mano con los testigos. «Nuestro trabajo desde la comisión es prestarles ayuda psicológica y jurídica», explica Souza.

Aumento de la violencia

La más veterana de las tres diputadas que recogen el legado de Marielle Franco, Monica Francisco, se crió en la favela de Borel y en los años 80 entró en la militancia para reivindicar mejorías en un terreno donde hubo muertos por desprendimientos después de unas fuertes lluvias, «o mejor dicho: por la ausencia del Estado en ese territorio», aclara ella, que explica que «en ese aspecto las favelas han mejorado, pero la ausencia de servicios públicos o guarderías sigue siendo muy grave». Para ella, «no es pronto para relacionar el aumento de la violencia con la llegada al poder de Bolsonaro y el gobernador Witzel, que llevan a cabo una necropolítica», dice, en referencia a un enero que cerró como el que tuvo una tasa más alta de muertes a manos de la policía (160) en Río desde 1998, en un país donde 5.000 de los 60.000 homicidios que se cometieron en el 2017 fueron llevados a cabo por la policía. La mayoría de víctimas eran jóvenes negros de barrios pobres.

Participantes en el carnaval de Río de Janeiro portando una bandera con la imagen de Marielle Franco. / AFP (CARL SOUZA)

Ante el escenario de desigualdad y violencia, las soluciones de seguridad de Bolsonaro pasan por medidas como el decreto que aprobó al comenzar el mandato para facilitar la compra de armas o la ley que prepara el ministro de Justicia, Sergio Moro, para eximir de penas a aquellos policías que maten «bajo miedo excusable, sorpresa o emoción violenta». En la misma línea dura en seguridad propia de la extrema derecha, el gobernador Witzel de Río de Janeiro justificó la muerte de los 15 jóvenes en las redes sociales y ha expresado su voluntad de contratar francotiradores para matar a narcotraficantes armados. Uno de los diputados del partido de Witzel, Ricardo Amorim, rompió en un acto público de campaña electoral una placa que rebautizaba extraoficialmente una plaza como Marielle Franco. Flavio Bolsonaro, hijo del presidente, lo justificó como una manera de «poner orden».

Pero al tiempo que la extrema derecha fortalece su discurso violento y discriminatorio, mujeres negras como las tres diputadas estatales o Talíria Petrone, diputada en Brasilia, dan voz a nuevas 'Marielles'. Su nombre ha sonado con intensidad en el carnaval estos días: el «Marielle presente!» se ha colado en los blocos callejeros y la edil fue también homenajeada en la canción de la escuela de samba de Mangueira, campeona en el sambódromo con una canción que la destaca como parte de la historia de los oprimidos «que la historia oficial no cuenta».