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Ingmar Bergman.

Crepúsculos, fantasmas y sexualidad: las 12 películas clave de Bergman

Juan Manuel Freire

El legado de Ingmar Berman es prolífico: en obras maestras, en fantasmas existenciales y en su influencia en los cineastas que llegaron después. Aquí 12 títulos que sintetizan lo mejor de su obra y también sus laberintos: sexualidad, infancias infernales, crepúsculos, violencia sexual y locura. Una herencia resonante.

'Un verano con Mónica' (1953)

Bergman dirigió una decena de películas, entre ellas la ¡optimista! 'Música en la oscuridad', antes de firmar su primer clásico. Adaptada de una novela de Per Anders Fogelström, cuenta la historia de amor impulsiva, sensual y muy real entre Harry (Lars Ekborg) y Mónica (Harriet Andersson, por la que Bergman se coló).

'Fresas salvajes' (1957)

 

En este cineasta es imposible separar vida y obra: una y otra se retroalimentan, confunden e intensifican mutuamente. "Yo fui un hijo no deseado de un matrimonio infernal”, dice el protagonista de 'Fresas salvajes', especie de visión de un anciano Bergman futuro al que da vida otro director, el gran Victor Sjöström.

'El séptimo sello' (1958)

Un año después, todavía con décadas por delante, Bergman seguía pensando en crepúsculos y finales. Aquí consiguió la imagen, quizá, más imperecedera de su carrera, la de un joven Max von Sydow jugando al ajedrez con la Muerte. De la fotografía se encargó Gunnar Fischer, no el después habitual Sven Nykvist.

'El manantial de la doncella' (1960)

Aquí empieza la colaboración con Nykvist, al que Bergman se refiere en sus memorias, 'Linterna mágica', como “uno de los mejores iluminadores del mundo, tal vez el mejor”. Toda la razón. En otro argumento demoledor del director, un padre venga la violación y asesinato de su hija a manos de tres pastores de cabras.

'Como en un espejo' (1961)

 

Recién salida de un hospital psiquiátrico, una chica esquizofrénica (Harriet Andersson) regresa a su vida familiar en una isla remota y empieza a creer que recibe visitas de Dios, en forma de araña terrorífica. Este descenso a la locura inicia la llamada “trilogía de la fe”, completada por 'Los comulgantes' y 'El silencio'.

'El silencio' (1963)

Dos hermanas y el hijo de una de ellas llegan a una enorme ciudad al borde de la guerra (no existe; Bergman se inspiró en Berlín) donde se habla un idioma incomprensible (creado por el director para el filme). Incomunicación emocional y linguïstica, rivalidades fraternales, elementos oníricos: receta para la turbación.

'Persona' (1966)

Su película, quizá, más infinita es este retrato de dos mujeres (una actriz muda y su enfermera) cuyas identidades empiezan a entremezclarse y fusionarse en pantalla, como en las futuras heroínas de '3 mujeres' y 'Mulholland Drive'. Retrato desdoblado en ensayo sobre el cine en sí mismo y la ubicuidad de las imágenes.

'La hora del lobo' (1968)

El padre de Bergman, pastor luterano, educó a su hijo con rigurosa dureza. La figura del progenitor severo aparece regularmente en su cine, ya desde un título primerizo como 'Barco a la India'. En la terrorífica 'La hora del lobo', un artista en crisis empieza a sufrir extrañas pesadillas, pero nada peor que sus recuerdos de infancia.

'Gritos y susurros' (1972)

 

Pieza de cámara sobre una mujer enferma de cáncer y las hermanas que acuden a acompañarla en sus últimos días. No es, por descontado, una de las pocas comedias de Bergman (así es, también las rodó), sino una de sus obras más deprimentes. El propio director evitaba ciertas películas propias por no hundirse en la miseria.

'Escenas de un matrimonio' (1973)

Dominado por su sexualidad, Bergman tuvo conocidas dificultades para asentarse en un matrimonio. Para esta miniserie (estrenada también en salas, con metraje reducido) se inspiró en las consecuencias de su 'affaire' con la periodista Gun Hagberg mientras estaba casado con Ellen Lundström. Sondas hirientes de verdad emocional.

'Sonata de otoño' (1978)

 

Aunque incluso el propio Bergman reconoció que en ella empezaba a imitarse a sí mismo, esta confrontación entre una madre (Ingrid Bergman) y una hija (Liv Ullmann) a la que ha dejado de lado merece reivindicación. Bergman, director, sacó una visceralidad magnífica de Bergman, actriz, después de ensayos complicados.

'Fanny y Alexander' (1982)

Como 'Escenas de un matrimonio', una miniserie también reducida a película. Reducción relativa: 188 minutos, los necesarios para desarrollar esta gran saga familiar entre la luz y una cruenta oscuridad; se impone la primera, quizá porque Bergman, entonces ya tocado por la edad, necesitaba hacer las paces con su pasado.