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Agnès Varda: "Tengo el don de lograr que la gente se fíe de mí"

VALERY HACHE

ENTREVISTA

Agnès Varda: "Tengo el don de lograr que la gente se fíe de mí"

La directora francesa, a punto de cumplir 90 años, recorre en el documental 'Caras y lugares' las calles de Francia con el objetivo de descubrir personas y paisajes

Nando Salvà

Tiene sentido que se la considere la madrina oficial del cine francés. A punto de cumplir 90 años –el 30 de mayo, en poco más de una semana–, lleva más de seis décadas haciendo películas. La última de ellas, el documental 'Caras y lugares', llega ahora a los cines de nuestro país tras proporcionarle su primera nominación al Oscar en el mismo año que la Academia de Hollywood le otorgaba una estatuilla honorífica. En la película, la directora recorre las calles de Francia junto al fotógrafo JR en la furgoneta que este último utiliza para trabajar, con el objetivo de conocer gente con la que intercambiar ideas y a la que usar como modelos de imponentes intervenciones sobre el paisaje.

Solo por curiosidad, ¿tiene su color de pelo un significado oculto? Oh, no. La gente me pregunta a menudo si me lo tiño en función de la ropa que me pongo. Claro que no, no me paso el día cambiándole el color. No estoy loca. Es solo que me gusta mucho el colorido. Hace que mi capacidad para la observación se active. A mí me encanta observar. Observar la vida, observar a la gente... Eso, descubrir a otros seres humanos, es a lo que una se dedica cuando hace documentales, al fin y al cabo. 

¿Cómo surgió la idea de rodar 'Caras y lugares'? Simplemente, nos propusimos conocer a personas de la calle y conocer sus historias. La primera condición que nos pusimos fue que debíamos ser libres. Rodábamos una semana al mes, nada más. Eso me permitía descansar lo suficiente y también ir buscando los lugares a los que queríamos ir para encontrar caras. En total el rodaje duró dos años. En el transcurso de ese tiempo yo seguí montando exhibiciones, y JR siguió haciendo fotos por su cuenta. Mi hija Rosalie, mientras tanto, se dedicaba a buscar dinero para seguir adelante con el rodaje. Nos lo tomamos con calma.  

¿Cuál es su secreto para ganarse la confianza de la gente corriente? Creo que tengo un don para conseguir que la gente se fíe de mí. Soy una persona normal, y no trato de sonsacarles nada; simplemente me gusta conversar. Me pongo al servicio de la gente a la que filmo. Y el objetivo de 'Caras y lugares' es dar valor a personas que nunca reciben lo que merecen. También hemos querido demostrar lo positivo y lo importante que es estimular la idea de comunidad. No sé, creo que los espectadores apreciarán que, por una vez, se les ofrezca una película que no contiene tragedias ni violencia ni armas ni discursos políticos.

«Jean-Luc Godard es
uno de los grandes visionarios
de la historia del cine.
¿Significa eso que es buena persona? Claro que no.
Es un miserable»

La película medita sobre la naturaleza transitoria del arte y, en concreto, de la fotografía. Usted fue fotógrafa antes que cineasta. ¿Qué opina de la cultura de los selfis y de Instagram? La imagen se ha democratizado, e inevitablemente se ha desvalorizado. A mí, de joven, me encantaba la pintura, iba al Louvre dos veces por semana y siempre estaba vacío. Ahora, las exposiciones sobre Goya y Picasso son acontecimientos sociales. Y me parece bien. En general, trato de ver los cambios en el mundo como algo positivo. Antonio Gramsci dijo que cuando se mira el mundo solo se puede ser pesimista, pero cuando se pasa a la acción solo se puede ser optimista. Estoy de acuerdo.

Entre las escenas más divertidas de la película hay una en la que usted y JR van a visitar al cineasta Jean-Luc Godard a su casa y él no les abre la puerta. A usted se la ve enfadada, pero al mismo tiempo trata de disculparle. Porque no soy capaz de desterrar de mi vida sin más a aquellos que quiero. El amor no es algo de quita y pon. Tengo muchos recuerdos con Jean-Luc, de vacaciones que mi marido Jacques [Demy] y yo pasamos con él. En su día disfrutamos de buenos momentos juntos. Y admiro su trabajo. Creo que es uno de los grandes visionarios de la historia del cine. ¿Significa eso que es buena persona? Claro que no. Es un miserable.

'Caras y lugares' también reflexiona sobre el paso del tiempo. Usted derrocha juventud y vitalidad , pero en la película no se muestra especialmente optimista al respecto. Es importante ser honesta con una misma, y no albergar esperanzas ridículas. Dicho esto, la vejez me parece muy interesante, ¿sabe usted? De hecho, me encanta. Muchas personas, en cambio, se pasan la vida temiéndola. Yo estoy muy satisfecha de todo lo que vivido y amado. Tengo mi mochila personal llena de recuerdos. Algunos se me han olvidado, pero no pasa nada. 

¿Será esta su última película, como usted misma ha comentado? Será mi última película para los cines. Me voy a centrar en el tipo de trabajo que más me lleva interesando desde hace 10 años, orientado a los museos y las galerías de arte. Lo que pasa con las películas que van a los cines es que, al menos en Francia, cada semana se estrenan 20 nuevas. Para destacar entre el resto hay que hacer un trabajo de promoción enorme. Y ello consume medio año de tu vida. Nunca me ha importado hacer cuanto fuera necesario para llegar a más público. Pero no quiero hacerlo más. Estoy cansada.

Agnès Varda, recibiendo el Oscar honorífico de manos de Angelina Jolie, el 12 de noviembre del 2017. / AFP / ROBYN BECK

¿Se suele fijar en la taquilla? No, no me interesa en absoluto. Ya se preocupan otras muchas personas de ella. Cuando una película se estrena en París el miércoles, a las 10 de la mañana ya hay una primera proyección y todo el mundo se dedica a cuantificar cuánta gente asistió. Y luego cuantifican cuánta gente fue a verla el primer día en su conjunto, y después cuánta fue el fin de semana, y así cada semana. No tiene sentido. Mi vida no puede estar supeditada a los números. Lo que a mí me importa es que el público me quiera, eso es todo. Si de mí dependiera, proyectaría mis películas gratis. Sería mi sueño: organizaría sesiones en las calles, y las plazas, totalmente gratuitas, para que todo el mundo pudiera verlas.  

«Si de mí dependiera,
proyectaría mis películas
gratis. Sería mi sueño:
organizaría sesiones en
las calles y las plazas, y que
todo el mundo pudiera verlas»

Si tuviera que destacar algo acerca de su carrera, ¿qué sería? Que nunca he rodado historias burguesas. He preferido dedicarme a retratar estibadores, espigadores, pescadores, okupas, obreros, gente que no tiene poder. Yo veo a un obrero que dice: «Mañana me retiro y siento que estoy al borde de un precipicio», y eso es muy emotivo. Siento que a lo largo de mi carrera he tratado de decir a las mujeres: «Salid de las cocinas, haceos con las herramientas para cambiar la sociedad». Estoy contenta.

¿Los premios le importan? Recibirlos tiene algo de ridículo, porque sigo sin tener dinero para hacer mis películas. Es muy fácil decir: «Agnès, te damos un premio». Pero cuando yo digo: «¿Dónde está el dinero?», nadie contesta. Tengo la vitrina llena de animalitos: hay un leopardo, y un oso, y un perro, y un león.  Y una vez me dieron un premio que era una caja llena de tierra de todos los países de Europa. Muchas gracias pero, ¿por qué no me dan un poco de dinero para la próxima película?

¿Siente que ha hecho una contribución al mundo? Bueno, creo que he aportado mi granito de arena a que algunas cosas mejoraran. Me alegra comprobar que actualmente la industria cinematográfica es más diversa. ¿Sabe usted cuántas mujeres directoras había en Francia en los años 50? Si digo que eran cuatro probablemente estoy exagerando. Ahora hay cientos de ellas. Y tenemos mujeres en todos los ámbitos de la producción: sonido, fotografía, edición, posproducción. El cine ya no es un trabajo de hombres. 

¿Qué siente cuando ve las noticias? Me siento mal. Porque no puedo solucionar los problemas. La gente se muere, y mientras tanto yo disfruto de una posición de privilegio. Me invitan a festivales, me alojan en hoteles. Por otra parte, ¿debería dormir en la calle? No, esa no es la solución. Rechazar mi posición sería deshonesto. Me conformo con no legitimar las gilipolleces. 

Datos biográficos

Al principio de su carrera, gracias a ‘La Pointe Courte’ (1955), abrió camino a esa nueva ola de jóvenes directores franceses conocida como la Nouvelle Vague, de quienes se dice que inventaron el cine moderno.

Entre sus títulos más destacados como directora se encuentran ‘Cleo de 5 a 7’ (1962), ‘Las criaturas’ (1966), ‘Sin techo ni ley’ (1985) –por la que recibió el León de Oro–, ‘Los espigadores y la espigadora’ (2000) y ‘Las playas de Agnès’ (2008). Ha recibido premios honoríficos en festivales como Cannes, Locarno y San Sebastián.

Es viuda del cineasta francés Jacques Demy, famoso por sus musicales ‘Los paraguas de Cherburgo’ (1964) y ‘Las señoritas de Rochefort’ (1967).

En  2017, recibió  un Oscar honorífico a su carrera.

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