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Chelsea Manning: "Vale, aquí estoy"

Rosa Massagué

De su paso por el Ejército de EEUU solo queda, aparentemente, el pelo corto. Chelsea Manning fue puesta en libertad el pasado miércoles tras serle conmutada la condena a 35 años de cárcel en lo que fue una de las últimas decisiones del expresidente Obama. Hoy la analista que como el soldado Bradley Manning puso en jaque a la administración de EEUU y a las cancillerías de medio mundo con la filtración de 700.000 documentos clasificados sobre las guerras de Irak y Afganistán que Julian Assange y su plataforma Wikileaks se encargó de difundir, ya no luce la peluca rubia con la que aparecía en una foto ni tiene la mirada entre perdida, atemorizada o infantil de otras instantáneas en uniforme militar.

Labios color coral, una mirada de quien sabe lo que quiere, un esbozo de sonrisa natural y un escote que deja entrever un pequeño seno debajo de una pieza negra ribeteada de blanco. Esta es la imagen de Chelsea Manning en libertad, imagen por la que ha luchado durante años. Es una imagen muy controlada, como lo han sido los primeros días en libertad en los que la exanalista militar se ha ido mostrando muy lentamente.

En su activa cuenta de Twitter lo primero que reveló nada más salir de la prisión militar de Fort Leavenworth (Kansas) fueron sus pies en movimiento enfundados en unas bambas negras: «Primeros pasos en libertad». Siguió la foto de una porción de pizza escasamente apetecible: «Disfrutando de mi primera pizza caliente y grasienta». Después, sus manos sujetando una copa de Dom Pérignon para brindar: «A la libertad y a un nuevo inicio». Finalmente, al tercer día, su rostro y parte de su cuerpo: «Vale, aquí estoy».

ANGUSTIA POR UN RETRATO

Manning había confesado a Adrian Lamo, el 'hacker' que la delataría por las filtraciones, que pasarse la vida en la cárcel no le preocupaba, como tampoco que una condena a muerte. Lo que realmente le angustiaba era que su retrato diera la vuelta al mundo y lo mostrara como un varón. Ahora esta pesadilla se ha acabado, pero su futuro no será fácil, como no lo ha sido su pasado.

Bradley Edward Manning (Oklahoma City, 1987) nació en el seno de lo que se considera una familia problemática. De padre estadounidense (también analista de inteligencia, pero en la Marina) y madre galesa, a las continuas ausencias paternas se añadía el alcoholismo materno. Su figura pequeña y su carácter introvertido le hicieron blanco de burlas en la escuela.

Se ha convertido 
en el símbolo de 
los derechos de los 
transexuales en el 
Ejército de EEUU

El divorcio de los padres empeoró su situación. En el 2001 la madre se lo llevó a Gales, donde siguió el 'bullying', esta vez además por su acento estadounidense y su aspecto y movimientos afeminados. De regreso a EEUU vivió abiertamente como homosexual, en conflicto con su cuerpo masculino. Se alistó en el Ejército pensando que allí podía resolver el problema. Enviado a Irak en el 2009 como analista de inteligencia con acceso a material clasificado, se convenció de que el mundo debía conocer las informaciones secretas que pasaban por sus manos.

Llamó primero a la puerta de los dos grandes diarios estadounidenses. A uno de ellos no interesó lo que ofrecía. El otro ni contestó. Fue entonces cuando pasó el material a Assange, cuya persona y plataforma ganaron relieve internacional. Luego vino la denuncia; la corte marcial acusando de 22 delitos, entre ellos el de ayudar al enemigo que podía acarrear una condena a muerte, aunque esta acusación fue retirada; la condena a 35 años de cárcel; el largo periodo de aislamiento en el penal de Quantico (Virginia), y el traslado a Fort Leavenworth de donde ahora ha salido.

TERAPIA HORMONAL

Tras conocerse la sentencia, en el 2013, la exanalista de inteligencia explicó al mundo su proceso de transición: «Quiero que todo el mundo sepa quién soy en realidad. Soy Chelsea Manning. Soy una mujer. Dado cómo me siento ahora y cómo me he sentido desde mi infancia, quiero comenzar la terapia hormonal tan pronto como sea posible. También pido que a partir de ahora se dirijan a mí empleando el pronombre femenino».

Podía llevar ropa interior femenina y maquillarse, pero cada dos semanas debía cortarse el pelo. Defendió el derecho a cumplir su condena en una cárcel de mujeres, pero no le fue concedido y siguió en un entorno carcelario masculino. Dos intentos de suicidio explican esta dificultad. Al final logró permiso para iniciar un tratamiento hormonal.

Manning se ha convertido en el símbolo de los derechos de los transexuales en el Ejército de EEUU, la institución estadounidense que cuenta con una mayor proporción de transexuales entre sus miembros y se le ha comparado con el hombre solo delante del tanque en la plaza de Tiananmen.

Icono para unos, traidor para otros. En cualquier caso, vale, aquí está Chelsea Manning. 

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