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Esto sí es poliamor

Lucía Etxebarria

-Que esta tarde vamos a ir con las niñas al Planetario, que por supuesto puedes acompañarnos.

-Yo, si va la zorra esa no voy.

-Pues no vayas, ya las ves el domingo.

Anna cuelga el teléfono preguntándose en qué momento habría pasado Su de ser «esa chica tan encantadora» a ser 'LaZorraEsa'.Hace apenas cuatro años Anna era una señora de lo más normal, con la honorabilidad aburrida de la mujer decente. Trabajo a tiempo parcial para poder cuidar a sus hijas. Casada con el que había sido su novio de toda la vida, vivía en el que era su barrio de toda la vida y votaba a CiU de toda la vida, como sus padres.

27 años de relación, 15 de matrimonio, dos niñas. Todo parecía perfecto. Y un día le viene Manel y le dice que se aburre, que así no pueden seguir. Amor de poca monta, con las hormonas funcionando normalmente. Tan solo hábito y querencia, tan solo práctica y costumbre. Casi siempre dormían en un silencio amoroso solo interrumpido por crujiditos que no eran jadeos conyugales sino simples calambres de la madera. Sexo una vez por semana como mucho, trámite de obligado cumplimiento. La rutina era una acogedora crisálida de opaca textura. Ella se sentía protegida allí dentro. Él, asfixiado.

Y él le llena la cabeza con su palabrería: que si poliamor, que si nuevas relaciones, que si abrir la pareja. Y ella dice que sí porque no quiere perderle. Y no quiere perder la estabilidad, ni su casa, ni sus niñas, ni su vida perfectamente construida.

Y se van a un club de poliamor y se abren perfiles en un montón de sitios web y apps de móvil y frecuentan locales de intercambio y ella, que hasta entonces solo había conocido un varón, visita un montón de cuerpos, y se siente poliperdida y poliasqueada.

Y entonces Manel conoce a La Niñata. Carita de ángel y cuerpo de pecado. Curvas que desafían la ley de la gravedad. Y a Manel se le olvida de un plumazo todo aquello que decía de que si la fidelidad no era más que un constructo y un remanente de la sociedad heteropatriarcal. Y piensa que más vale sexo en mano que ciento volando. Y se va a vivir con La Niñata. Y Anna se siente poliestafada.

Pierde diez kilos, se le cae el pelo. Se lo tiene que cortar. En las redes sociales cuelga fotos de su nueva imagen. Lo más absurdo es que no hace más que escuchar cada día: pero qué guapa estás. Y no le puede contar a nadie que se quiere morir por dentro porque eso no se lleva.

No es moderno.

Anna acude a un taller literario y conoce a Su. Y sucede lo que nunca habría imaginado. Que se enamora de una mujer. Porque es la única que le escucha cuando llora, que le acepta como la mujer triste que en realidad es.

Y Manel encantado con Su. Encantado de contárselo a todo el mundo. Manel tiene una novia joven, zapatillas Converse, camisas de Custo, un pisito en Gràcia y una exmujer bollera.

No se puede ser más moderno.

Entonces, como era de esperar, La Niñata se cansa de que el cuarentón no le siga la juerga hasta las tantas, y no conozca a grupos indies, y no le acompañe al Sónar, y un día le larga, y Manel se presenta en casa compungido y retoma su discurso del poliamor y propone que vivan los tres juntos. Y entonces Su le echa con cajas destempladas. Y sí, ese es el día, precisamente, en el que Su deja de ser una chica encantadora y se convierte en 'LaZorraEsa'.

Anna quiere mucho a Su, siempre tan dulce, tan sensible, tan acogedora, tan abierta de brazos como de piernas. Pero no puede dejar de amar a Manel. Es el padre de sus hijas y además el depositario de un montón de recuerdos de su adolescencia, juventud y madurez. La biografía de Anna no se escribe sin Manel. Le quiere, le adora. Pero ya no le desea y, desde luego, no le tiene idealizado.

Anna se encuentra hoy en un territorio indeciso que no es luz ni sombra y que lima los confines de todas las ideas que le enseñaron de pequeña. Tercos y suaves a la vez, la vida, el amor y el deseo le arrastran, no sabe adónde. Imperceptiblemente Anna se desprende de sí misma y se fuga hacia otra Anna que el destino ha ido construyendo. 'Amor' es una palabra equívoca, como todas. El deseo la inventa, los celos lo espolean, la costumbre lo mata. Comienza en el cuerpo pero ¿dónde termina? Desde que a nuestros antepasados los expulsaron del Edén tal vez amar es simplemente aprender a caminar por este mundo.

Anna ama a dos personas a la vez.

Ahora sí que entiende lo que es poliamor.

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