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ASTROS DE LO OCULTO

El Dr. Jiménez del Oso vuelve del más allá

Núria Navarro

El fervoroso Iker Jiménez mueve audiencias de millón y medio de espectadores. Su maestro, el doctor Fernando Jiménez del Oso (1941-2005), el psiquiatra de las bolsas en los ojos y la voz cavernosa que abrió la puerta del misterio a finales de los 70, multiplicaba esa cifra por cinco. Todo bípedo que respirara durante la Transición recuerda la escalofriante cabecera del programa 'Más allá', su inquietante mirada, la narcótica forma de hablar -con su distanciamiento de 'créanlo o no'- de mesas voladoras, viajes astrales, extraterrestres ocultados por la CIA, líneas de Nazca, fantasmas o la verdad sobre la Luna. "Encarnaba al chamán de la tribu que, al calor del fuego, te contaba las historias más espeluznantes", opina Javier Sierra, experto en temas esotéricos y uno de los que hoy oficia la presentación de la Nueva Biblioteca Jiménez del Oso en la Feria del Libro de Madrid.

Aquel coloso de la comunicación que rivalizó en tirón con Félix Rodríguez de la Fuente y sus buitres leonados, era médico -trabajaba en un hospital psiquiátrico por las mañanas y por las tardes, en la Clínica López Ibor de Madrid-, pero su curiosidad omnímoda -y unas cuantas experiencias rarunas- le llevaron a escarbar fuera de los límites de lo tangible.

LOS HITS

LAS PSICOFONÍAS 

En 1989, la revista ‘Más allá’ que dirigía sacó un casete con psicofonías. En la cara A, el difunto alcalde de Madrid Tierno Galván hablaba a través de una médium. En la cara B, un popurrí que helaba la sangre. Se vendieron 200.000 unidades y se sacaron más copias que de ‘El jardín prohibido’ de Sandro Giacobbe.

 

UNA CARÁTULA HELADORA

No solo dibujó él mismo la espeluznante carátula del programa, sino que, ultrafan de la música electrónica, coló en ‘Más allá’ temas de la banda sonora de ‘Alien, el octavo pasajero’ y de ‘Planeta Prohibido’. Acabaría firmando con el compositor belga Michel Huygen (de Macromasa) el disco ‘Astralia’. 

 

LA AYAHUASCA 

Junto a su amigo JJ Benítez, bebió infusión de ayahuasca en una ceremonia del Santo Daimon, un culto sincrético de Brasil. Él doctor abandonó al segundo vaso. JJ Benítez vio a Jesús.

 

EL CIRUJANO FILIPINO 

Tras observar varias intervenciones del filipino Álex Orbito, que abría las carnes con las manos y sin una triste gota de lidocaína, decidió subirse él mismo a la camilla. Tenía una molestia en la espalda, se tumbó y dejó que el cirujano psíquico sacara una porquería de su hombro. Aseguró que fue molesto, pero le alivió.

LA HORA DE LA GÜIJA

Cuenta su hijo Fernando J. López del Oso, biólogo que se dedica a escribir libros, que en la vida privada de su progenitor no faltaron los fenómenos extraños. "En casa se producían crujidos de muebles en un determinado rincón del salón, para luego recorrer toda la habitación -cuenta-. Era la forma de avisar a mi padre que era la hora de sentarse a hacer la güija". Solía 'hacerla' con su esposa y con Chicho Ibáñez Serrador, un forofo de la tabla y su mentor en la tele. Llegó a contactar con espíritus de primera, como el de Herbert Spencer, positivista del siglo XIX y padre del darwinismo social. Y un día se fundían 17 lámparas; otro, los espíritus no le dejaban levantarse de la mesa hasta la madrugada, pasando de que tuviera que ir al hospital. "A veces, en pijama, les gritaba: '¡Que os calléis!'", dice el hijo. Pero ahí no se acababa la cosa.

UN FANTASMA GENTIL

Cuando el doctor Jiménez del Oso se separó, alquiló un piso y al poco se manifestó un ectoplasma femenino. Al parecer, buena gente. "Una vez estaba escribíendo un artículo, no recordaba una cita de Marx y, de repente, sonó un ruido sordo en el dormitorio, donde había una estantería. Allí, en el suelo, estaba el libro de Marx", explica el hijo. En su siguiente residencia, tampoco faltó un espectro. "Yo vivía con mi madre, pero cuando iba de visitarle, el fantasma me hacían auténticas perrerías". ¿Por qué tanto espíritu rondándole? "Porque cuando abres una puerta, acaba por entrar alguien", zanja el hijo con lógica.

El propio Jiménez del Oso, nada proclive a contar sus intimidades esotéricas, prefirió dar una explicación científica al porqué de su éxito. "Poner al espectador sobre la pista de lo trascendente -decía-, equilibra la vida cotidiana, sometida a una agresión constante. Descubrir que la realidad se extiende más allá de lo inmediato reconforta". Y la 'inmediatez' de aquella España preconstitucional era ignota. Aún había ruido de sables y la Iglesia no quería perder su ubicua autoridad. De hecho, el arzobispado puso el grito en el cielo al ver que el doctor hablaba a su 'rebaño' de espiritismo a la hora de cenar.

Jiménez del Oso, que según su hijo no estaba interesado en la escena política, prefería viajar por el ancho mundo y experimentar lo más disparatado. Arriesgó la barba bebiendo vasos de un fangoso brebaje de ayahuasca que le dio un mal viaje ("como la tomaban las embarazadas del culto del Santo Daime, pensó que sería inofensivo", recuerda su hijo). Se dejó operar la espalda sin anestesia a manos del filipino Álex Orbito. Y casi murió tras el fallo del motor de una vieja avioneta De Havilland cuando sobrevolaba las líneas de Nazca. Todo a la vista del espectador.

ORSON TAMBIÉN LA LIÓ PARDA

Pero, como toda estrella de la televisión  -aunque fuera de una Telefunken- Jiménez del Oso se fue de este mundo el domingo de Resurrección con su leyenda negra a cuestas. En su otro programa, 'La puerta del misterio', emitió del 13 de febrero de 1983 'Alternativa 3', un falso documental de Anglia TV estrenado en 1977 en Gran Bretaña. La cinta hablaba de desapariciones de científicos de primer nivel, supuestamente llevados a bases situadas en otro planeta, ya que la Tierra se aproximaba hacia una pavorosa catástrofe climática. Un 'mockumentary' tipo 'La guerra de los mundos' de Orson Welles que, en boca de quien "dotó de legitimidad el estudio de lo desconocido", en palabras de Javier Sierra, dio miedito colectivo.

Al doctor le cayó la del pulpo. Incluso el psiquiatra Carlos Castilla del Pino mandó una dura carta de protesta a un diario madrileño. Pero Lorenzo Fernández, su heredero al timón de la revista 'Enigmas', que destaca su fino sentido del humor, se queja de parte de esa leyenda."Aún hay quien piensa que a Fernando lo echaron de la tele tras emitir ese programa -enuncia-. Él mismo me dijo en más de una ocasión que después de aquella noche estuvo bastantes años más en TVE, pero al parecer hubo quien no se enteró".  

Ahora, arqueólogos de la comunicación, rastreadores de lo paranormal y nostálgicos de aquellos cándidos tiempos del siglo XX tienen acceso a la Nueva Biblioteca del doctor, editada por Luciérnaga. Los dos primeros volúmenes: 'Viracocha' (1984) y 'El síndrome ovni' (1985). Y si no, su hijo Fernando asegura que está en contacto con él. Le susurra cosas al oído desde el otro lado, mientras forma volutas con el humo del cigarrillo y hace sonar los cubitos de hielo en el Cardhú.