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Tony Blair, el exlíder más detestado

Begoña Arce

En las estaciones del metro de Londres estos días hay una foto de Tony Blair. No es exactamente favorecedora, más bien todo lo contrario. Es el rostro de un hombre en tensión, envejecido, alerta y nada feliz. El retrato figura en la portada del último libro sobre el exprimer ministro laborista. 'Promesas rotas: Tony Blair la tragedia del poder' viene a sumarse a la ya larga lista de obras y artículos periodísticos que hunden la reputación de quien fue en su día el político más popular del Reino Unido.

"El libro más explosivo del año", dice la publicidad. En realidad, el relato de Tom Bower -famoso por sus biografías sacando los trapos sucios de personajes como Robert Maxwell, Mohamed al-Fayed o Richard Branson- no añade nada nuevo a lo ya sabido y solo mira hacia el lado negativo de Tony Blair. Que en 680 páginas no se reconozca prácticamente mérito alguno al político que dejó fuera de juego a los conservadores durante 18 años, resulta más que sospechoso. El libro "es exactamente -tal y como esperábamos- un ejercicio de reciclaje de basura. De mal gusto, miserable, y patético", afirman en la oficina de Blair, no sin cierta razón. Ha sido sin embargo él mismo quien más ha contribuido a enfangar su imagen. Si la guerra de Irak supuso su caída en desgracia, el posterior afán de lucro y dinero, desde que dejó la política en el 2007, no ha hecho más que aumentar el desprecio que sienten hacia él los británicos.

TORPEZA

Uno de los aspectos más chocantes de Blair ha sido la torpeza para administrar debidamente su legado. "Se dice a menudo que la historia la escriben los vencedores. Parece que Tony Blair es una excepción", afirma el comentarista político Andrew Rawnsley"Con tres victorias electorales consecutivas, dos de ellas aplastantes, deberían darle un lugar en los libros de historia como el líder laborista de mayor éxito"Blair es en cambio el político más detestado del Reino Unido. Una reacción provocada por el inacabable goteo de revelaciones sobre su gran fortuna, los negocios con dictadores, el asesoramiento a personajes execrables, el conflicto de intereses entre las misiones humanitarias y las mediaciones en contratos multimillonarios. No hay nada ilegal, en las actividades de Blair, encriptadas sin embargo en un entramado de empresas opacas y secretas. Lo condenable es el giro inmoral que ha dado a su vida quien fue el líder internacional de la nueva centroizquierda.

10 CASAS Y 27 PISOS

Esta misma semana, el diario 'The Guardian' publicó una investigación detallada sobre los bienes inmobiliarios de la familia Blair. Al menos 10 casas y 27 pisos en Gran Bretaña. Se habla de cinco propiedades más en el extranjero. A su lado había otra información sobre la escasez de viviendas asequibles en alquiler y el dilema de parejas jóvenes, que han de decidir si tener un hijo o poder pagar la renta del piso. Ni soñar, por supuesto, en la compra. El agravio comparativo es estridente.

La indignación contra Blair es aún más fuerte orque ha hecho su fortuna en los años de crisis. En el 2008, cuando los bancos casi acaban con la economía del planeta, Blair aceptó un puesto como asesor de la banca americana de inversiones JP Morgan, con un sueldo, según el 'Financial Times', de 2,5 millones de libras (3,2 millones de euros) anuales.

La indignación contra él es aún más fuerte porque ha hecho su fortuna en los años de crisis destacado

Tres años más tarde comenzó a asesorar a Nursultán Nazarbayev, presidente de Kazajstán, uno de los cinco mayores productores de gas y petróleo del mundo, y una dictadura sin el menor miramiento por los derechos humanos. También mantuvo encuentros secretos con Gadafi, que salieron a la luz en unos documentos, hallados tras la muerte del coronel. En el 2010, año electoral, cuando la prensa de Murdoch se volcaba para impedir que los laboristas volvieran a ganar, Blair se convertía en el padrino secreto de una de las hijas del magnate y Wendi Deng. En pleno escándalo de las escuchas telefónicas, envió mensajes de apoyo a una de las principales acusadas, Rebekah Brooks, ojito derecho de Murdoch. El supuesto affaire con Deng le costó su relación con el potentado.

PÉRDIDA DE INFLUENCIA

Blair también ha perdido toda influencia en el Partido Laborista. Cuando advirtió que si Ed Miliband giraba hacia la izquierda perdería las elecciones, nadie le creyó porque los sondeos indicaban lo contrario. David Cameron consiguió la mayoría absoluta. A los que después el corazón les pedía alzar a Jeremy Corbyn al liderazgo, les dijo que se hicieran "un trasplante". Tampoco entonces le escucharon. Posiblemente alguien como Corbyn jamás estaría al frente del laborismo si el comportamiento de Blair hubiera sido otro.