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Pelea por la Memoria

El Ayuntamiento de Madrid arranca las placas con nombres de fusilados en La Almudena

El consistorio de PP y Cs quiere un monumento sin nombres y para las víctimas comprendidas entre 1936 y 1944

Los familiares de los republicanos asesinados en la necrópolis madrileña lamentan: "Es como si los fusilaran otra vez"

Juan José Fernández

Tomás Montero, hijo del ugetista fusilado en 1939 Tomás Montero Labrandero, se asoma por un hueco de la verja para ver cómo arrancan las placas que homenajeaban a su padre y otros 2.937 republicanos en el cementerio madrileño de La Almudena.

Tomás Montero, hijo del ugetista fusilado en 1939 Tomás Montero Labrandero, se asoma por un hueco de la verja para ver cómo arrancan las placas que homenajeaban a su padre y otros 2.937 republicanos en el cementerio madrileño de La Almudena. / JOSÉ LUIS ROCA

Tras el traslado de Franco de Cuelgamuros a Mingorrubio, la destrucción del monumento republicano del cementerio de La Almudena. En episodios sonados, Madrid es ya el principal frente de la guerra que izquierda y derecha libran por la memoria.

Este martes amaneció con la confirmación de un rumor extendido la tarde del lunes: que operarios de los SFM (Servicios Funerarios de Madrid) habían arrancado las placas con  los nombres de 1.000 republicanos fusilados de un memorial de granito, el principal de cuantos hitos políticos guarda la necrópolis madrileña, a solo unos metros de una de sus puertas principales.

El Ayuntamiento de Madrid está "modificando" la obra del monumento, que ya iba por el 80 por ciento. Ya no lucirá nombres, y representará, por decisión del PP y Ciudadanos, a todas las víctimas (‘rojos’ y ‘nacionales’) asesinadas en la ciudad entre 1936 y 1944, y no solo a los republicanos fusilados desde 1939.

Placas arrancadas

Cuando familiares y activistas han ido a comprobarlo se han encontrado con el recinto tapado por alambradas y telas verdes. Dentro trabaja con radiales, picos y hormigonera un grupo de albañiles del consistorio.

Tras arrancar 65 placas de granito, el monumento se ve esqueletizado, puro hormigón. Al comienzo del día, las placas arrancadas se amontonaban luciendo obscenamente los nombres que llevan grabados. Tras la afluencia de cámaras de televisión, el jefe de la obra dio orden de volver las placas hacia dentro en el montón, de forma que solo se les viera sus traseras de pellas de cemento.

Aunque los nombres del ferroviario de la UGT Félix Chicharro Aldea, fusilado el 26 de mayo de 1939 con 46 años de edad, y del vecino de Madrid Ángel Antón Suárez, fusilado dos semanas después a los 39 años, sobresalían entre los restos del monumento, placas desprendidas y volteadas, que serán sustituidas por varios palés de placas del mismo granito, pero mudas.

Nuevo fusilamiento

"Es como si les fusilaran de nuevo", se lamentaba Tomás Montero, hijo de Tomás Montero y nieto de Tomás Montero Labrandero, campesino y tesorero de UGT en la localidad madrileña de Majadahonda, fusilado por los franquistas con 29 años de edad el 14 de junio de 1939.

El nombre de Tomás Montero figuraba en las placas de un monumento que recogía los nombres de 1.000 de 2.937 víctimas que fueron llevadas tras consejos de guerra a 20 metros de allí, a un talud de tierra ante la Puerta de O’Donnell del que entonces se llamaba Cementerio del Este, que hoy tapan el asfalto de una rotonda y dos puestos de flores entre un ruidoso tráfico de autobuses.

Un operario, ante el monumento con las placas ya arrancadas. / JOSÉ LUIS ROCA

"No han contado con nosotros. Nos hemos enterado de sus intenciones por terceros. Espanta el odio con que se hace esto", denuncia Montero, coordinador del colectivo Memoria y Libertad de Madrid.

Dictamen

El 24 de junio de 1939 se hizo en las cárceles de Madrid una saca cuantiosa. Ciento cuatro hombres fueron al talud, bajo la tapia. Entre ellos, el ugetista y secretario del Comité Republicano de Móstoles, Valeriano Jara López, que aquella madrugada recibió las balas del pelotón con 33 años de edad.

Su sobrino nieto Isidro se duele de una medida que le parece estéril: "Las placas que estaban puestas reparaban nuestro dolor. Esto de hoy no repara a nadie".

Los familiares de los fusilados, cerca de 40 que han acudido hoy al lugar, separan esta actuación de la aún reciente exhumación de los restos de Franco. "De este monumento se lleva debatiendo mucho tiempo en el Ayuntamiento", explica Montero.  

De hecho, aún se ve el cartel con el diseño original –placas con nombres- que anunciaba el proyecto al visitante. El consistorio de José Luis Martínez-Almeida ha explicado que se interrumpe y cambia la obra que inició su antecesora Manuela Carmena "por no cumplir con el acuerdo del Comisionado de Memoria Histórica" puesto que "el monumento que se había planeado por el anterior equipo de Gobierno no seguía las premisas de imparcialidad dadas por el Comisionado y era contrario a sus recomendaciones".

Aquel Comisionado, ente asesor del Ayuntamiento que presidió la abogada Paca Sahuquillo y que integraban José Álvarez Junco y Andrés Trapiello entre otros expertos, informó en junio de 2018 considerando "poco conveniente" poner nombres en el monumento, por el riesgo de mezclar víctimas y victimarios pues, antes de la entrada de Franco, en Madrid hubo represión republicana.

En la anterior legislatura municipal, y antes de la irrupción de Vox en la vida política madrileña, el concejal del PP e historiador Pedro Corral advirtió de que había "chequistas" –carceleros y torturadores republicanos- entre los homenajeados, basándose en las identificaciones de historiadores como Manuel García Muñoz (autor de 'Los fuislamientos de la Almudena') o Paul Preston (en 'El holocausto español'), que señalan ejemplos como los de Santiago Aliques o Ángel Pedrero, ambos chequistas y ambos tiroteados en la tapia del cementerio.

La misma junta de expertos recomendó colocar en el monumento otra placa recordando a las víctimas de esa etapa previa de represión en retaguardia, de 1936 a 1939. "Pero su dictamen no es vinculante, y las identificaciones de nombres de algunos supuestos chequistas provienen de la Causa General del franquismo, instruida sin ningún tipo de garantías", recuerda Fausto Canales, destacado activista pro Memoria Histórica de Madrid.  De hecho, Carmena y el entonces concejal Mauricio Valiente decidieron que lucieran los nombres de los fusilados porque "los nombres son importantes", dijo la alcaldesa.

"Los nombres son el fundamento moral de la Memoria", sentenció el psiquiatra Carlos Castilla del Pino, y lo recuerda desde Sevilla Javier Giraldez, exdirector general de la Memoria Histórica en Andalucía, comunidad donde se vive un  pulso parecido pero menos virulento, y también con la sombra de Vox planeando sobre la coalición de gobierno. "Que se homenajee a unos no significa que se agravie a los otros", explica.

En Madrid, miembros del gobierno municipal han contactado con familiares de los republicanos fusilados para conversar sobre el caso.

Pero el contencioso tiene otros caminos. El abogado Eduardo Ranz, ganador de recursos proexhumaciones particulares en el Valle de los Caídos, ha presentado denuncias ante la Fiscalía y el Tribunal de Cuentas acusando al Ayuntamiento de prevaricación y malversación: la obra del monumento llevaba ya 210.000 euros gastados.

Los familiares que se ven perjudicados por el arrancamiento de las placas no tienen lugar en el que visitar a sus muertos. A los fusilados en el Cementerio del Este los enterraban en fosas de 14 cuerpos. Al ser tumbas de caridad, a los diez años los restos se exhumaban y, sin informar a las familias, se arrojaban a un osario.

En el mismo cementerio, no lejos de donde hoy suena la radial se levanta el monumento a los caídos de la División Azul.