31 oct 2020

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UNA RETRANSMISIÓN MUY DIVERTIDA

"¿Y qué sería, Antoni, qué sería, mojito o caipirinha?"

Los sabios y dicharacheros Guille Giménez y Antoni Daimiel volvieron a amenizarnos la madrugada de la NBA con sus bromas y chascarrillos, mientras Los Lakers ganaban el primer duelo con enorme facilidad (116-98)

Emilio Pérez de Rozas

Guille Giménez y Antoni Daimiel amenizaron con sus chascarrillos el primer duelo de la NBA.

Guille Giménez y Antoni Daimiel amenizaron con sus chascarrillos el primer duelo de la NBA.

“¡Pero qué está pasando! ¡Esto parece el torneo de las Seis Naciones!”, gritaba, moderadamente, Guille Giménez, mientras Antoni Daimiel se llevaba, graciosamente, las manos a la cabeza, estirándose su impecable americana, al contemplar, bajo el aro de Los Lakers, una pelea por el balón entre seis tipos enormes, todos en el suelo, queriendo apropiarse de la pelota, eso sí, cuando en el final del segundo periodo de la finalísima de la NBA, Los Lakers ya le habían dado la vuelta al marcador y dominaban a los Miami Heats por 48-61. “¡Señores, LeBron James, el ‘monstruo’, nos ha venido a ver y esto tiene pinta de que acabará en paliza!”

La final de la NBA, ofrecida por Movistar+, que ha empezado a ser retransmitida hoy a 215 países y en 48 lenguas, tuvo un arranque decepcionante en cuanto a incertidumbre y resultado, pero los dos simpáticos, inteligentes y sabios genios de la locución nos volvieron a ofrecer una divertida visión de lo que debe ser un partido compartido por miles de telespectadores. Giménez y Daimiel saben tanto, que necesitan salpicar sus conocimientos con diversión, con expresiones casi únicas, como ese grito a LeBron cuando da un pase al vacio: “¡Pero, ‘monstruo’, ¿qué haces? ¡ahí no hay nadie!”

El hermano peluquero de Rondo

Guille y Antoni intentan aprovechar cualquier momento, acción, canasta, remontada, triple o quiebro de unos de esos gigantes para mantenernos despiertos en la madrugada. “Suerte que Jimmy Butler aseguró el otro día que ellos no iban a ser los tapados de esta final, ¡suerte!”, comentó Giménez. “Aquí no hay tapados, aquí hay despate, Guillermo”, añadía Daimiel, que, tras el inmediato canastón de Rajon Rondo, nos informaba de que “hay que saber que el hermano de Rondo es el responsable de peluquería, pedicura y manicura en la burbuja de la Disney”.

Eran momentos en que Los Lakers estaban remontando y decidiendo el partido. Momentos en que poco importaba que Tyler Herro metiese un triple (“¡cuidado que este ha estado en tres guerras!”) y, por tanto, al llegar el casi definitivo 48-61 del segundo tiempo, Giménez soltó “¡ya están aquí Los Lakers!” y Daimiel verbalizó la situación con un descriptivo “ya le han cosido el dobladillo al bajón del pantalón”.

LeBron James trata de escaparse del marcaje de Jimmy Butler. / EFE

Y, sí, ahí empezó a decidirse el primer choque de esta final y, aunque Guille trató de que la gente no volviese a la cama “¡queda mucho! ¡queda mucho!” y Antoni recordara que “en todas las finales, en todas, ha habido uno o dos partidos de paliza y, luego, la cosa no ha ido por ahí durante el resto de encuentros”, lo cierto es que las dos últimas partes fueron más de lo mismo y casi, casi, minutos de la basura, que ellos siguieron amenizando con historias como la del árbitro debutante que se enteró de que había sido escogido para la final “mientras estaba sacando su ropa de la lavadora y tratando de meterla en la secadora”, dijo Daimiel, a lo que Giménez añadió “y, claro, lo puso todo perdido de agua, inundó la habitación de felicidad”.

Aquella tarta de queso

Guille y Antoni temieron que LeBron James, “que lleva meses encerrado en la burbuja y empieza a estar ya algo cansado”, quiera acabar esta final por la vía rápida. “El problema, Daimiel”, le dijo Giménez, “es que LeBron quiere volver a su fantástico garaje donde tiene una flota valorada en 2.5 millones de dólares, y empezar a dar vueltecitas por Los Angeles con sus cochazos”. “¿Alguien tendrán, no, que se los ponga en marcha y le cargue las baterías? y hasta se dé algún ‘rulo’ por ahí”, dijo Antoni, con la mejor de sus sonrisas.

Y es que, todo hay que decirlo, y Guille y Antoni son los primeros en reconocerlo, esta final la han titulado, no con el tradicional #Dormir es de cobardes, sino con #UnaFinalQueNoEsNormal. Y cuando ellos mismos se preguntan por qué, antes de que los telespectadores respondan, contestan: “Nos vamos a abrir las carnes y vamos a reconocerlo, sí, hay que hacerlo: no es una final normal porque no hemos viajado. Después de comernos todos los mosquitos de Cleveland, ahora que tocaba ir a Miami y Los Ángeles, no podemos ir y nos tenemos que quedar en casa. Ahora estaríamos en bermudas, o en Malibu ¿verdad, Guille?, o, quien sabe, en Marina del Rey, en aquella fantástica Cheesecake Factory, pero, no, estamos en Madrid”, comentó Daimiel, a lo que Giménez replicó: “Y ¿qué sería, Antoni, qué sería, mojito o caipirinha?”

Y, sí, el partido acabó 116-98. “Les esperamos, de nuevo, en la madrugada del viernes al sábado, también a las tres, y soñemos con que Miami no esté tan herido como para no pelear”, se despidió Daimiel, estirándose su pulcra americana negra.

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