10 ago 2020

Ir a contenido

Patio de butacas

El 'mister' sentado al piano

James Rhodes, la estrella clásica del momento, debuta en el Liceu y en L'Auditori de Girona con sonatas de Beethoven

Olga Merino

El pianista James Rhodes.

El pianista James Rhodes. / JOSE LUIS ROCA

Buenas nuevas para el fin de semana: James Rhodes ‘is in da house’. El gran pianista, escritor y singular comunicador actúa este viernes en L’Auditori de Girona y el domingo en el Gran Teatre del Liceu con un programa que conmemora el 250º aniversario del nacimiento de Beethoven. ‘Mister’ Rhodes, sí; el caballero que llevaba un pin del Betis en la solapa del esmoquin durante la ceremonia de los Goya.

¿Nervioso? No niega estar “muy emocionado” ante su debut en el Liceu, un templo musical donde han actuado grandísimos intérpretes, entre los que menciona al maestro Jordi Savall. Nacido en Londres en 1975 —dentro de un mes exacto cumplirá los 45—, pero afincado en Madrid desde hace un par de años, Rhodes regresa a la capital catalana precedido por una estela de tréboles de cuatro hojas, pues en las últimas visitas ha logrado colgar dos veces el cartel de ‘sold-out’ (“no hay billetes”) en la puerta del Palau de la Música. ¿El motivo de su éxito? La pasión. Aparte de ser uno de los concertistas de piano más notables del momento, sabe transmitir como nadie su amor desaforado por la música —lleva a Rachmáninov tatuado en caracteres cirílicos en el brazo izquierdo—, y lo hace en un lenguaje llano, de tú a tú, lejos de liturgias encorsetadas y convencionalismos.

Arte a flor de piel; a él, le salvó la vida: “La música ofrece compañía cuando no la hay, comprensión cuando reina el desconcierto, consuelo cuando se siente angustia”, escribía el pianista londinense en su primer libro, el exitoso ‘Instrumental’, donde exorciza los abusos sexuales que sufrió siendo un crío por parte de un profesor de gimnasia (aquí lo de profesor es un insulto a la profesión).    

Llaneza y sentido del humor

James Rhodes suele subir al escenario como iría al supermercado, en vaqueros, zapatillas deportivas y camisetas estampadas con el nombre de grandes genios —aún no ha decidido si se pondrá el ‘finde’ una que diga Beethoven— y, entre pieza y pieza, dialoga con el público, explica por qué las ha elegido y en qué contexto se compusieron. ¿Hace falta vestirse de pingüino y desafiar con el mentón a la audiencia? Pues, no. El otro día, ante el respetable que llenaba el Teatro Afundación de Vigo, soltó: “Bach es el abuelo, pero Beethoven es el puto amo”, como dijo Pep Guardiola de Mourinho. Esa llaneza, combinada con su ingenio y un peculiar sentido del humor, engancha con la gente, harta de cartón piedra e imposturas.

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

Guiños aparte, el menú escogido para degustar al compositor alemán es una delicia, tres sonatas desmelenadas: la ‘Num. 15 en re mayor op. 28, Pastoral’; la ‘Num. 27 en mi menor op. 90’, un combate entre cabeza y corazón, tan bella como “una conversación con una amante”; y la ‘Num. 21 en do mayor op. 53, Waldstein’, “un monstruo para los dedos” por su complejidad técnica. Todo un desafío. Sin partitura, de memoria y a pelo.

Durante la conversación, Rhodes emparienta a Beethoven con Goya, no por la sordera, que también, sino por su humanidad, por la obsesión de ambos con “exprimir las emociones y nuestros mundos interiores a través del arte”, como hace él. De hecho, Goya y el Museo del Prado fueron una de las razones clave por las que decidió quedarse en Madrid, donde la vida, después de haber trabajado en la City londinense, le parece un remanso de paz, como pasear por Disneylandia. ¿Otros motivos? La comida —se pirra por el salmorejo y las alegrías cárnicas— y la cercanía del paisanaje.

En cuanto al ‘brexit’, el pianista, una esponja para los idiomas, no tiene reparos en despedirse de sus paisanos con un muy castizo “hasta luego, Mari Carmen”. Habla un castellano muy correcto, y si le sobrevienen dudas, las consulta con su tropel de seguidores en Twitter: “¿Alguien puede explicarme, de una vez por todas, cuándo usar 'yo también' y cuándo usar 'a mí también'?”. Y la gente va y se lo aclara. James Rhodes, puro carisma.

'Instrumental', 100.000 ejemplares vendidos

Después del éxito lector sin precedentes de ‘Instrumental’ (Blackie Books, 2015), que ya lleva 14 ediciones y 100.000 ejemplares vendidos, el británico James Rhodes ha publicado otros tres libros, y todavía anda promocionando el último, que salió en otoño: ‘Playlist. Rebeldes y revolucionarios de la música’ (Planeta), un repaso de sus compositores favoritos a modo de aperitivo introductorio. Como instrumentista, tras el álbum ‘Fire on all sides’ (2017), con piezas de Bach, Chopin, Beethoven, Rachmáninov y Puccini, se encuentra trabajando en un nuevo disco, que tal vez vea la luz el año próximo.