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No solo fútbol

Necesito un exorcista

En las paredes de la peña blaugrana de mi pueblo han aparecido las caras de Núñez y Gaspart

Josep Martí Blanch

Los jugadortes del FC Barcelona, tras encajar el segundo gol del RCD Espanyol en el derbi del sábado.

Los jugadortes del FC Barcelona, tras encajar el segundo gol del RCD Espanyol en el derbi del sábado. / EFE / ALEJANDRO GARCÍA

Me he pasado las fiestas chupando cabezas de gamba de Palamós, langostinos de Sant Carles, cigalas de La Cala y camarones de no sé dónde. Bastó que la autoridad gubernativa advirtiese que no es saludable mordisquear el cerebro de los crustáceos por sus altos niveles de cadmio y la influencia de este metal pesado en el riesgo de padecer cáncer, para que el libertario que llevo dentro, un pequeño John Galt de ir por casa, decidiese que debía atiborrarme de ellos como si no hubiese mañana.

Ahora estoy pendiente de un ataque de gota en cualquier momento, pero sigo defendiendo que no hay que dejar entrar a los funcionarios gubernamentales en las cocinas. Empiezan por los fogones y las neveras y acaban tomando notas agazapados debajo del somier del dormitorio. ¡No pasarán! ¡Y que viva el bogavante!

Por cierto, sepan que con el frío de enero vienen ya las galeras ovadas. Con el permiso de Pau Arenós, y solo en el caso que ustedes también se tomen a la ligera los consejos del Ministerio de Salud, un atrevimiento de mi parte: cómanselas fritas y aprovechen el aceite sobrante para dorar en la misma sartén un par de huevos. No se arrepentirán, palabra. Alguna ventaja tiene haberse criado encima de un barco de arrastre.

Sin embargo, también hay dificultades en el mundo rural, que no todo van a ser recetas y excelentes ingredientes. Menos servicios, menos oportunidades, trenes tercermundistas. Y el colmo de los inconvenientes: ver los partidos de fútbol, cuando uno regresa de vacaciones a su pueblo, en el local de la peña azulgrana. A ver cómo se lo cuento.

Viaje al pasado

Imaginen ustedes un viaje en el tiempo. Directo a los años ochenta, al chándal Meyba, a los puros del abuelo Nicolau Casaus y al “aquest any tampoc”. Cinco minutos de partido son suficientes para que, apagadas las luces para mejorar la calidad de proyección en la pantalla, uno tenga la convicción que en la alineación del Barça están de titulares Calderé y Clos y que en los próximos días habrá un nuevo Motín del Hesperia. El diccionario debería incluir una nueva acepción de pesimismo: estado de ánimo que se vive en una peña azulgrana si la media de edad de los parroquianos se sitúa por encima de los sesenta años.

A los treinta minutos son ya varios los que han vociferado, con murmuro de aprobación de muchos otros, que hay que vender a Messi, aunque sea a buen precio, porque está mayor y ya no quiere correr. Otros la tienen tomada con Piqué, al que le sugieren que se dedique al tenis, que es lo que de le verdad le gusta. Algún esporádico sugiere que Busquets no ha tenido jamás suficiente categoría para jugar en el Barça y siempre hay alguien dispuesto a darle razón. Es un no parar.

Llegada la media parte, si el equipo anda debajo en el marcador, como en el derbi del sábado contra el Espanyol, los corrillos exigen con vehemencia el cese de Valverde y dan por hecho que este año el número de títulos será ninguno. Si el resultado final no es una victoria hay que echar a la directiva y dejar de pagar a la plantilla. Aquí no se hacen prisioneros.

Brecha generacional

Los jóvenes, que haberlos, haylos, no pueden ni quieren combatir el ambiente depresivo de la platea. Se apostan en la barra a beber cerveza y dejan que sean los mayores, más numerosos, los que se adueñen del ambiente. Quizás saben que no tienen nada que hacer y ni siquiera se plantan batalla. Hacen bien. Como explica Manel en su canción 'Boomerang': “tan bo és insistir com saber-se retirar”.

Cuando acaba el partido, observo, antes de abandonar el local, unas humedades en la pared. Me acerco y, ¡santo cielo!, las manchas reproducen claramente rostros humanos. Un nuevo episodio de las caras de Bélmez. Ahí están, en el muro y aflorados cual milagro, los rostros del difunto Josep Lluís Núñez y de Joan Gaspart. Ahora se entiende. Vemos el futbol en un local poseído. Si saben de algún exorcista, hágamelo saber. Somos buena gente y agradeceremos cualquier ayuda.

La fecha de nacimiento es clave

Las casualidades no existen. Si usted funda una peña barcelonista el año en el que su equipo pierde la final de la copa de Europa contra un equipillo rumano como el Steaua de Bucarest en Sevilla (temporada 85-86) dé por seguro que, por mucho empeño que le ponga, las cicatrices van a perdurar y que jamás podrá ser la alegría de la huerta. Otra cosa son las paellas, sepia con patatas, fideuàs, arrosejats u otros platos de pescado que se organizan en el local con motivo de los partidos señalados. En el campo culinario sí somos de un optimismo desmesurado. ¿Dónde? Guardo silencio porque nos gusta repetir.