14 ago 2020

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Conocidos y saludados

La fuerza del destino

Josep Cuní

 Meritxell Batet, dirigiéndose a la primera reunión de la nueva Mesa del Congreso de los Diputados.

 Meritxell Batet, dirigiéndose a la primera reunión de la nueva Mesa del Congreso de los Diputados. / DAVID CASTRO

Malos augurios. Quienes leen el futuro han interpretado las imágenes. Una diputada (Adriana Lastra/PSOE) cayendo por las escaleras que dan acceso a la tribuna de oradores, convertida en circuito de votación. Dos electos (Marcos de Quinto/Ciudadanos y Luis Gestoso/Vox) zarandeándose por pretender el mismo escaño cual alumnos el primer día de clase antes de la distribución oficial. El presidente de la mesa de edad (Javier Zamarrón/73 años) –con barbas a lo Valle-Inclán– disculpándose por la incapacidad de los políticos de formar Gobierno y tener que repetir el mismo ceremonial solo seis meses después. Una de las secretarias de la misma mesa provisional (Marta Rosique/23 años) priorizando la lista de los políticos condenados a los 350 flamantes congresistas. Un centenar de señorías jurando o prometiendo el cargo con fórmulas alternativas y aditivos variados. Extraña macedonia. Poco bueno se puede esperar, advierten.

Añadámosle a la ensalada los lamentos, las advertencias y amenazas de elevar a la Junta Electoral el zafarrancho protocolario por considerarlo «vergüenza, bochorno, oprobio e indignidad». Versos libres que los ortodoxos quisieran prohibidos invocando siempre a una democracia que, de estar tan tutelada como pretenden, dejaría de serlo. Así lo ha sentenciado en un par de ocasiones, y por el mismo asunto, el Tribunal Constitucional al que, haciendo oídos sordos, los mismos derrotados invocan de nuevo en vano. Los peores pronósticos se multiplican.

Pero hay más. La imaginación desatada del guionista nos presenta un panorama político digno de las tramas más complejas y de difícil digestión. Este mismo Congreso de la 14ª legislatura está altamente fragmentado. 16 formaciones representadas en unos escaños ocupados por 12 mujeres menos que hace medio año (de 166 a 154), detalle que conlleva una sobredosis de testosterona proporcional al aumento de jinetes salvadores de patrias. Una Cámara donde, como sabíamos, el eslogan de lo propio puede más que la razón de lo colectivo, la descalificación se sitúa antes que el argumento y el griterío vulgar se sobrepone al silencio respetuoso. Y además, será el legislativo el que controlará al probable primer Gobierno de coalición de la democracia restaurada. De las izquierdas que, por más señas, constituyeron el Frente Popular. Ahí es nada.

La presidenta

Mezclémoslo todo, busquemos una profesional intrépida pero discreta que procure aderezarlo adecuadamente y aparece Meritxell Batet (Barcelona 19/3/73).

La renovada presidenta del Congreso se costeó parte de sus estudios tras las barras de Bikini y Nick Havana. Noches de glamur barcelonés que para ella eran de trabajo con el que paliar los problemas económicos familiares. «Me pagaban mejor sirviendo JB con Coca-Cola que dando clases», ha recordado con recato. Y de aquella experiencia le queda la mano izquierda con la que tratar a pelmazos, machistas, provocadores y liantes. La misma zurda utilizada para zafarse del partido del que nunca fue sumisa ni ha seguido siempre su disciplina de voto. Al contrario. Sancionada dos veces por anteponer sus principios a las órdenes. Una, por votar contra Rajoy cuando no se debía. Otra, por defender el derecho a decidir de Catalunya antes de que el PSC se retractara de ello. Quizás por eso la siguen acusando de cómplice del independentismo al permitir actos de conjura contra la Constitución. A ella, que de becada ascendió a profesora de la materia mientras superaba la desolación del desahucio familiar. Después, diputada y ministra. Y así, la tímida aspirante a bailarina procurará que algunas de sus señorías se disciplinen aunque sea practicando plié y relevé para evitar que se comporten como cisnes negros en el estanque dorado.

Batet ante una legislatura frágil

Meritxell Batet se enfrenta a la dura tarea de controlar un Congreso díscolo. Una mayor fragmentación y la radicalidad de la oposición indican la dificultad de una legislatura que anuncia poca solidez y mucha fragilidad. Si le añadimos el primer posible Gobierno de coalición y de izquierdas de la historia reciente de la democracia renovada apoyándose en probables votos independentistas, la sombra de la segunda República se les aparece a unos para combatirla y a otros para promover la tercera. Es la fuerza del destino que deberá combatir una sólida y discreta superviviente.