Ir a contenido

No solo fútbol

Fútbol entre los muertos

Que la especulación con la muerte de los aficionados, con la fallida instalación de columbarios, acabara en ruina dice mucho y bien de los futboleros

Josep Martí Blanch

Una imagen invernal del camposanto del Schalke 04, en Gelsenkirchen, una ciudad situada en el oeste de Alemania.

Una imagen invernal del camposanto del Schalke 04, en Gelsenkirchen, una ciudad situada en el oeste de Alemania. / AFP / PATRIK STOLLARZ

Menos ‘panellets’, castañas y boniatos y más cementerios, nichos y columbarios. Hay que visitar a los muertos y hablarles. No porque vayan a contestarte, que no acostumbran. A mí, y puede que en realidad lo soñara, solo me pasó una vez. Estaba ante la lápida del bisabuelo pastor leyendo la carta de aceptación de la UAB para estudiar Periodismo y escuché claramente su reacción airada apuntando que era una idea nefasta, incluso vista desde el más allá. Me pareció entender que no se había pasado la vida contando churras y merinas para que en dos generaciones el apellido quedase reducido a la nada.

No conviene acercarse a la casa de los muertos para interrumpir su reposo con recordatorios azucarados de lo maravilloso que todo resultaba cuando vivían. Primero, porque faltaríamos algo o mucho a la verdad; y segundo, porque convertiríamos la nostalgia en una celda para vivos similar a su urna o ataúd.

Al camposanto se va a celebrar la vida y a honrar a los que fueron, explicándoles el presente y el futuro; que el pasado ya lo conocen, incluido el punto final en el tanatorio. Además, el monólogo ante un finado querido es el mejor modo de charlar con uno mismo. El efecto placebo es muy similar al que puede alcanzarse con los psicoanalistas o los curanderos de almas del barrio de Gràcia, pero, ojo, es mucho más barato. A lo más, si uno quiere ser agradecido con el silencioso terapeuta, con unas flores se las arregla.

Hubo un tiempo, siete años atrás, en que los estadios iban a llenarse de aficionados convertidos en cenizas, y las arcas de los clubs de billetes, gracias a la instalación de columbarios. Con el ataúd cada vez menos de moda, el hincha ya no necesitaría ser despedido con el himno de su equipo y sepultado con el anorak blaugrana de la promoción del 'Sport', el chándal merengue del 'Marca' o la insignia de oro de turno bien visible en la mortaja. Nada de eso sería ya necesario para testimoniar desde la inmortalidad su lealtad inquebrantable al escudo. Descansarían tranquilitos en el mismo estadio en el que tantas horas perdieron.

Aquello, planteado como un negocio por la empresa Giem Sports acabó como el rosario de la aurora. El Barça en los juzgados, el Atlético de Madrid trasladando con no pocos quebraderos de cabeza a los pocos colchoneros que habían escogido el Vicente Calderón como última morada al Wanda Metropolitano y el Betis denunciando a la empresa promotora y echándola a patadas del Benito Villamarín. El Espanyol, siempre modesto con la cosa de la cartera, es quien mejor ha tratado a sus muertos. Entendió que no había negocio pero que gestionando directamente su espacio de la memoria podía acoger dignamente a los periquitos que dejaran de piar y que quisieran morar eternamente en una jaula blanquiazul.

En el fondo, que la especulación con la muerte de los aficionados acabara en ruina dice mucho y bien de los futboleros. Es más inteligente que la urna se quede en casa, aunque sea en el fondo de cualquier armario, y que los días de partido se le facilite asiento, una cerveza fría y algo de picar ante el televisor. Si la cosa va mal, de vuelta al armario o al altar doméstico y a esperar a la próxima retransmisión.

Para acabar con la semana de los difuntos, tocaría ahora echar mano del tópico y solazarnos en la metáfora del equipo de Ernesto Valverde como un muerto en vida. El Barça como un nuevo protagonista de 'Walking Dead'. Pero como de series ya escribe, y mejor, Carles Cols, no pasearemos por ese atajo.

El Barça está vivito y coleando. ¡Y líder!, añadirán los resultadistas que también tienen sus aburridas razones. Solo que no da más de sí. Quien sí falleció, o lo mataron, es el equipo que precedió a este y que tuvo una vida larga y feliz, con tantas alineaciones y jugadores como el paso de las temporadas requería. Llegamos a creerlo inmortal. No lo era. DEP la alegría. Visiten, cuando lo añoren, el cementerio de la memoria.

La paz del cementerio

Gregarismo en la vida y en la muerte. Como lo de la eternidad no tiene fecha de caducidad y puede que se haga un poquitín largo, mejor en buena y selecta compañía. Los alemanes del Shalke 04 tienen un cementerio para ellos solitos en el que caben 1904 aficionados, para que la cifra coincida con el año de fundación del club. Con porterías y todo, por si de noche se levantan y quieren darle al balón. Un camposanto blanco y azul con vistas a su estadio en el que nadie, suponemos, se lleva la contraria, salvo para discutir sobre la idoneidad de alguna alienación. La paz del cementerio en su máximo esplendor.