la salud mental

Simone Biles, la voz del sufrimiento en el deporte de élite

  • La gimnasta estadounidense ha impulsado reflexiones en todo el mundo alrededor de la presión a que se somete a las estrellas del deporte. 

Simone Biles, en uno de los ejercicios. / EUROPA PRESS / Photo Kishimoto / Kanami Yoshimura

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Albert Guasch
Albert Guasch

Periodista

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No se trata de darle una popularidad añadida que no merece, pero un locutor ultraconservador de EEUU, de indudable adscripción trumpista, vociferó, comentando ante su micrófono el abandono de Simone Biles, que «estamos haciendo crecer generaciones de gente débil». 

Viene a cuento esta desgraciada cita como ejemplo del estigma que los problemas de la cabeza aún arraigan entre algunos espectadores de deportes. En el caso del locutor en cuestión posiblemente se reúnen otros prejuicios. Aun así, hablamos de un estigma que seguramente va a menos pero permanece. Los deportistas parecen temerle menos, prueba de ello es el flujo constante de estrellas de primerísimo nivel que han salido de su cuarto oscuro para revelar su crisis de ansiedad o de depresión. Andrés Iniesta, Kevin Love, Ricky Rubio, Naomi Osaka, Paula Badosa... Sus casos los conocemos de sobras. El tabú se va rompiendo.  

La confesión de Biles ha tenido un impacto particularmente expansivo. Es la cara del deporte olímpico, de estos Juegos en particular, pequeña figura globalmente reconocida, símbolo cada vez de más cosas, sin duda la gimnasta más grande de siempre con sus piruetas imposibles. Su desacomplejada revelación en el contexto de unos Juegos Olímpicos ha multiplicado su valor social. Y ha forzado innumerables reflexiones alrededor del estrés a que se somete a las estrellas del deporte, que no importa el dinero que ganen, que la ansiedad también existe para ellos, y que la presión autoimpuesta puede resultar temible.

La mente debe cuidarse tanto como el cuerpo, dijo la propia Biles en su rueda de prensa llena de franqueza. En eso está. A Biles le afectó un mal ejercicio, el de salto, y se apartó de la final por equipos. Liberada, se dedicó después enfundada en su chándal blanco a animar a sus compañeras. De Biles se esperaba todo y falló nada más empezar, estresada en su posición de centro de los focos.

Continuidad en el aire

La gimnasta dijo ayer a través de un comunicado de la federación estadounidense que no participaría en la final individual completa que se disputa este jueves. Se mantiene en el aire si competirá en las pruebas individuales por aparatos, que empiezan el domingo.

La cuestión es si todas las reflexiones que se abrieron a lo largo de las últimas horas permitirá a los atletas -recuérdese que son chicos y chicas muy jóvenes con el carácter en muchos casos aún en formación- rodearse de asistencia psicológica de la misma forma que se rodean de técnicos, si los clubs y las instituciones ayudarán a que ello suceda. Existen voces expertas que consideran que la pandemia puede haber ayudado a la aceptación del problema, por los estragos que han causado las restricciones de movimientos.

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Biles ha encontrado en las últimas horas el confort de infinidad de deportistas, que la han respaldado y dado ánimos. Uno de los apoyos más significativos procede de Michael Phelps, acaparador de medallas olímpicas visitado por los demonios de la depresión antes de los Juegos de Río. En su día reveló incluso tendencias suicidas. «Cargamos con mucho peso sobre nuestros hombros, y no es fácil cuando tenemos los focos encima y se depositan sobre nosotros muchas expectativas», explicó ayer.

De Biles hay que tener en cuenta su biografía, muy densa a los 24 años. Se ha convertido en voz contra los abusos sexuales porque ella fue víctima de ellos de parte del médico de la selección y también en voz contra el racismo, alineándose en el movimiento esparcido por todo el mundo. Ahora es también la líder de los problemas de ansiedad en el deporte profesional. Su figura menuda se va haciendo aún más grande.