LOS 92 DEL 92

Juegos Olímpicos Barcelona 92: Fermín Cacho tiñó Barcelona de oro

El soriano ganó el oro en los 1.500 metros en un 'sprint' histórico en una final en la que estrenó zapatillas, a la que llgó tras dormir dos horas de siesta y antes de la cual le dijo a su entrenador que sería oro.

Fermín Cacho levanta los brazos en la recta de llegada en la final de Barcelona 92. 

Fermín Cacho levanta los brazos en la recta de llegada en la final de Barcelona 92.  / RTVE

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Fermín de la Calle
Fermín de la Calle

Periodista

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Aquel 8 de agosto el más tranquilo era Fermín Cacho. Sus entrenadores, los directivos federativos y toda la gente que le rodeaba estaban como un flan. Pese a su insolente juventud, tenía 23 años, o precisamente por ella, el soriano tenía claro que iba a ganar el oro. Aquella tarde Fermín durmió dos horas de siesta “a pierna suelta”.

Cacho lo tenía claro. “Vas a ser el primer entrenador español que va a tener un campeón olímpico en 1.500 m”, advirtió a su preparador, Enrique Pascual, al despertar.

 

Fermín había llegado a la final después de pasar segundo en una semifinal en la que se corrió mucho. Una serie que ganó el catarí Suleiman, parando el crono en 3:34.77, lo que la convertía en el 1.500 más rápida de la historia de los Juegos Olímpicos hasta ese momento. Y a la estela de Suleiman apareció Cacho con suficiencia. Después de unos tristes Juegos de Seúl en el 88, en el que el milqui no se colgó ninguna medalla, Fermín debía recoger el testigo de la plata de Abascal en Los Ángeles o aquel oro en el Mundial de Roma de José Luis González.

 

Como en cada final, Cacho estrenó zapatillas. Y se colgó el dorsal, un 404 capicúa que le gustó desde el principio. Las apuestas no contemplaban otra cosa que la victoria de Noureddine Morceli, que un año antes se proclamó campeón del mundo indoor, en Sevilla, y al aire libre, en Tokio. Sin embargo, una inoportuna lesión provocó que fuese derrotado en Roma y Oslo, dos carreras que Cacho estudió minuciosamente.

Carrera lenta

El soriano sabía que tenía que economizar fuerzas para explotar en la última vuelta y exigir al máximo a su rival. Necesitaba una carrera lenta y acertó en ello porque la final fue casi 11 segundos más lenta que el récord mundial que ostentaba entonces el marroquí Said Aouita (3:29.46) y más de 10 segundos más lenta que su mejor marca persona, los descomunales 3:28.95 que logró en 1997 en Zúrich. Registró que siguió siendo récord de España hasta 2021, cuando 3 Mohamed Katir lo logró rebajar en Mónaco dejando la plusmarca nacional en 3:28.76.

 

El respeto entre los finalistas y la táctica provocaron que las dos primeras vueltas de la final fueran especialmente lentas. Chesire, el keniata, lideró los 400 metros en 1:02.25, mientras los 800 se cubrieron aún más despacio pasando en 2:06.83. Fermín tenía la carrera donde quería. Y en la última vuelta reventó la final. Sentía que tenía piernas y sus ‘patas’ destrozaron la carrera. De la penúltima curva salió el soriano salió tercero y encajonado por la cuerda. El público, sobrecogido, esperaba la reacción de Cacho, que no tenía una posición cómoda. Lideraba la carrera el keniata Chesire, pero nada más entrar en la última curva, Cacho se tiró, por dentro, buscando un sitio que no existía. Chesire y Cacho se tocaron, el estadio aguantó la respiración y el soriano ganó la calle 1 para desatar un esprint furioso que dejó atrás a todos sus rivales. Los cronómetros revelaron que Cacho había marcado 50.4 en la vuelta final, pero donde de verdad se colgó el oro fue en el tramo entre los 200 y los 100 finales, que cubrió en unos supersónicos 12.1 segundos.

 

¿Cómo lo vivió él desde dentro? Así recuerda Cacho aquellos metros históricos: “Cuando faltaban doscientos metros, me di cuenta de que estaba en estado de gracia y que habría ganado igual. Herold quiso pasar a Chesire por la calle dos, y este, que iba por la uno, se abrió para obstaculizarle un poco. Vi el hueco y me grité: “¡A tope, Fermín! A tope. ¡Ahora o nunca!”. Y ataqué, ataqué con el alma, con el corazón, a reventar. Al pasar junto a Chesire le metí un poco el codo, cambié el ritmo y volé. Cuando faltaban ochenta metros, vi que era campeón. Campeón olímpico. Gané el oro. Conseguí lo que fui a buscar”.

 Concejal en Andújar

Fermín se colgó el oro con su peor tiempo en todos los Juegos, una marca más lenta que en la clasificación y que en la semifinal, 3:40.12. Pero fue su latigazo final el que destrozó la carrera y le permitió entrar en la recta final del estadio Olímpico de Montjuic con los brazos en alto festejando su triunfo en uno de los momentos más icónicos del atletismo español y dejando para la posteridad la imagen de los Juegos de Barcelona. Era el primer oro olímpico del atletismo español en su historia.

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Hoy Fermín, a sus 53 años, vive tranquilamente en Andújar, Jaén, lejos de su querida Soria. Rodeado de mujeres, además de su mujer Susana, tiene cuatro hijas (Macarena, Patricia, Paola y Daniela), Cacho se incorporó a la vida política siendo nombrado concejal de deportes en el Ayuntamiento de Andújar por el PSOE, aunque concurría como independiente. Pero laboralmente siempre ha estado más centrado en la agricultura, con plantaciones de algodón.