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En primera persona

Por fin es verano

"Cada hora son cinco euros", piensas en tus adentros cuando te silban para pedirte la cuenta

Begoña González

Un camarero en una terraza del paseo de Gràcia.

Un camarero en una terraza del paseo de Gràcia. / DANNY CAMINAL


Por fin es verano, o al menos eso se respira ya en la ciudad. Los niños han aparcado los berrinches matutinos y ahora van, embadurnados en crema solar y con una mochila más grande que ellos, de excursión o de colonias preparados para darle caña al monitor de turno.

En la misma línea, los guiris ya campan a sus anchas por la ciudad, sin camiseta, rojos como gambas y armados con sus paloselfies. Ellos sí que saben. Vienen preparados para empinar el codo en las abarrotadas terrazas de la Rambla tan pronto den las 5 de la tarde. En cuanto cumplan su cometido, marearán al camarero cantando canciones de letras ininteligibles mientras que este, pensando en la propina que puede que le caiga, aguante el chaparrón hasta que se marchen a otro bar.

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Cuando oímos hablar del verano, es inevitable que nos venga a la mente el recuerdo de ese dulce sabor del descanso, la siesta en la tumbona o los días sin hacer el menor caso al reloj. Pero para muchos jóvenes, el verano es sinónimo de trabajos precarios, clientes estresados, niños histéricos y guiris borrachos. Si eres de estos últimos, tranquilo compañero. Este artículo es para ti. 

Tú, que vas a sufrir los treinta-y-largos grados a diario reforzados por la asfixiante humedad de la ciudad mientras te armas de paciencia y explicas por enésima vez en la misma mesa de nórdicos en biquini que la paella es 'typical spanish'; a ti, que se te van a poner los dientes largos viendo fotos de tus colegas en Instagram disfrutando de la playa mientras soportas las mil y una perrerías que te hacen esos pequeños demonios con gorras de Dora la Exploradora; y en definitiva, a ti, que currarás más horas que el sol (y bajo el sol) por cuatro duros para poderte pagar la 'uni' o ese ansiado festival al que llevas meses soñando con ir, te digo una cosa: no estás solo.

TURISMO Y HOSTELERÍA

Según el Ministerio de Empleo, el mes pasado 24.522 jóvenes encontraron trabajo, y la mayoría de ellos lo hizo en el turismo o la hostelería. Y es que, para muchos empieza esa época en la que dejarán sus habituales quehaceres y se enfundarán en su alter ego veraniego, ese que se pasa horas sirviendo copas o repartiendo panfletos. Sí señor, esos somos nosotros: los 'millennials', una generación de cerca de 8,7 millones de jóvenes que se suponía perdida pero que se resiste a rendirse

Oye, y con qué dignidad cada verano nos ponemos manos a la obra y una gorra corporativa si hace falta para atender mesas en un chiringuito o nos armamos de paciencia y aguantamos jornadas maratonianas con esos insignificantes 15 grados de temperatura ambiente más, y aguantamos el sucio recochineo de trabajar para los que sí están de vacaciones y no se levantan de la mesa hasta las tres de la mañana. 

ES LO QUE HAY

«Cada hora son cinco euros», piensas en tus adentros cada vez que alguien te silba para pedirte la cuenta, visiblemente molesto por la espera, aunque vayas de bólido y lleves más de cinco horas sin ir ni al baño porque tu jefe no quiere contratar más camareros. Cada hora son cinco míseros euros que aunque son vergonzosamente poco, es lo que hay. No se te caerán los anillos, y lo sabes.  Te conformarás con ello porque, aunque sea triste, seguramente ya sea más de lo que ganas el resto del año, así que soportarás los berrinches que haga falta para poderte comprar esa moto o para poder bailar como si no hubiera un mañana en ese chiringuito de Eivissa en el que te gustaría estar. ¡Ánimo compañero currante! Recuerda que no estás solo, en esta precaria batalla somos muchos. 
 

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