Un mes de la muerte del oligarca ruso

Sin rastro de Wagner en Kosovo tras la muerte de Prigozhin

Wagner y el resto del imperio de Yevgeni Prigozhin, en espera de nuevos jefes

Serbia, una pequeña Rusia entre países OTAN

Agitadores serbios con símbolos de Wagner, en el área fronteriza kosovar de Jarinje, en mayo pasado. Foto Kallxo.com

Agitadores serbios con símbolos de Wagner, en el área fronteriza kosovar de Jarinje, en mayo pasado. Foto Kallxo.com / Kallxo.com

Juan José Fernández

Juan José Fernández

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Unas fuentes gubernamentales kosovares hablan de desaparición paulatina y de "calma vigilante"; otras, de "desbandada". Sea como fuere, no se detecta agitación nacionalista proserbia en la frontera norte de Kosovo y las áreas de mayoría afín a Belgrado en aquel país balcánico. No desde la muerte del dueño de Wagner, Yevgeni Prigozhin, de la que se cumple ahora un mes, y la paulatina desarticulación de su compañía de mercenarios.

Han desaparecido en la crispada área fronteriza de Jarinje las señales de la campaña de agitación, calentada con participación de agentes de Wagner, que a finales de mayo pasado alteró el clima en la zona con ataques a los soldados de la misión KFOR de la OTAN, con un saldo de 90 heridos entre los militares de la Alianza Atlántica.

Esta ausencia de incidentes tiene simultaneidades llamativas. La calma se constata desde finales de junio, mientras los milicianos de Progozhin se revolvían contra Moscú, y hasta el final de agosto, cuando se produjo la muerte del oligarca y de su estado mayor al caer el avión en el que viajaban de Moscú a San Petersburgo.

Durante el mes de luto posterior para Wagner y sus seguidores, las fuerzas de seguridad kosovares certifican la ausencia de agitadores de la compañía de mercenarios en la frontera.

Desde enero pasado su presencia sí se advirtió en los crecientes disturbios de la ‘guerra de las matrículas’, la racha de tensión que se inició en agosto de 2022, cuando la población serbokosovar del norte se negó a aceptar la normativa de tráfico del Gobierno de Pristina y mantuvo sus reglamentos, documentos de identidad y matrículas emitidas por Belgrado.

Agitación

Entonces, una campaña de propaganda se reavivó en variadas redes sociales frecuentadas por la extrema derecha francesa, española, británica, italiana, escandinava y de países del este. Su narrativa: las iglesias y los cristianos de Mitrovica y su comarca estaban en peligro, atacados por el islam.

La guerra de Ucrania evolucionaba mientras a 1.300 kilómetros hacia el sur de Odesa, en los Balcanes, Rusia amenazaba con abrir otro frente. La inteligencia kosovar detectó entonces la presencia de hombres con vestimentas paramilitares y símbolos de Wagner entre los manifestantes proserbios y en los altercados posteriores a las concentraciones de protesta.

Algunos de estos agitadores se ponían una cazadora sin símbolos para tapar sus insignias de Wagner cuando adoptaban el papel de interlocutores con el mando de KFOR, que los conminaba a cesar los altercados. La presencia de estos individuos quedó registrada en fotos como la que ilustra esta información.

Una pintada de las ultraderechistas Patrullas del Pueblo en Belgrado (Serbia) reinterpreta el logo del grupo Wagner.

Una pintada de las ultraderechistas Patrullas del Pueblo en Belgrado (Serbia) reinterpreta el logo del grupo Wagner. / ANDREJ CUKIC EFE

En la zona de Jarinje "un grupo de extremistas de la ultraderecha serbia intentó violentar instalaciones policiales. De acuerdo con la información que manejamos, el organizador de esa protesta fue Damjan Knezaevic", relata a EL PERIÓDICO el ministro kosovar de Interior, Xhelal Sveçla.

Knezevic es el jefe de un grupo ultranacionalista serbio, las Narodna Partola (Patrullas del Pueblo). Un mes antes, había visitado la sede de Wagner en la ciudad rusa de San Petersburgo, un lujoso edificio hoy cerrado.

En Belgrado, hace no demasiados años, los lobeznos de las Patrullas del Pueblo se iniciaron acosando a inmigrantes en las calles. Comenzada la guerra de Ucrania, el grupo Wagner se convirtió en objeto de su fascinación. Este año ya acudían esos jóvenes como facción violenta a las algaradas de Jarinje, tras una supuesta instrucción de agentes de Wagner en los alrededores del aeropuerto de la ciudad serbia de Nis, indican otras fuentes de la inteligencia kosovar.

Delincuencia

Puede influir en la calma tensa del norte de Kosovo "el hartazgo de la población, cansada de que la movilicen", indica una fuente próxima a las fuerzas de defensa kosovares. En Pristina, el Gobierno no se confía. Sus asesores interpretan que Aleksandar Vucic, el presidente serbio, rodeado de una insistente y ruidosa oposición callejera, "puede tener la tentación de desviar la atención con nuevas tensiones en la frontera", teme la misma fuente.

Un laboratorio de minería de criptomoneda descubierto e incautado por las fuerzas de seguridad kosovares en el área de Mitrovica

Un laboratorio de minería de criptomoneda descubierto e incautado por las fuerzas de seguridad kosovares en el área de Mitrovica / El Periódico

Como en la mayoría de las áreas en las que se ha producido una intervención desestabilizadora de agentes de Wagner (en países del Sahel, por ejemplo), la ausencia de una seguridad estable ha provocado que el área norte de Kosovo con mayoría serbia y su frontera exterior se hayan convertido en isla delicuencial, una zona propicia para actividades de crimen organizado.

Por alguna razón, en la franja de Mitrovica hacia la linde norte con Serbia, pese a la despoblación a la que le somete la tensión bélica y de posguerra desde 1999, el consumo de energía eléctrica se ha disparado hasta el 70%. El impago en la zona ya ha supuesto para el Gobierno de Pristina 320 millones de euros en factura de luz y 17,3 en la de agua.

Hay dos actividades en el mundo del hampa que consumen mucha luz y no poca agua: el cultivo de marihuana y el blockchain. A lo largo del año, fuerzas de seguridad kosovares han desmantelado 16 narcoplantaciones y laboratorios y seis granjas cibernéticas, dedicadas estas a la minería de criptomoneda, según confirma a EL PERIÓDICO el Ministerio del Interior kosovar. El valor del material incautado en golpes policiales asciende a 40 millones de euros.

Las mismas fuentes sospechan que, quizá, la crisis de las matrículas no estuvo calentada solo por las normas de tráfico y el nacionalismo. Echó leña al fuego la paulatina presencia policial kosovar en el norte: eso es malo para el negocio de narcos y criptomineros.