Crisis política

Brasil y EEUU: 5 similitudes entre dos asaltos a la democracia | VIDEO

Brasilia y Capitolio: dos eventos con mucho en común

Daniel Valdivia / Alba Miret

Montse Martínez

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Ver las imágenes del asalto a las instituciones de Brasil provoca una sensación de 'dejà vu'. Su espectacularidad y su peligrosidad recuerdan, sin remedio, a las que todavía permanecen en la retina desde el 6 de enero del 2021 cuando una horda de fanáticos trumpistas asaltó el Capitolio en Washington. Se trata del asalto a dos democracias de la mano de ultras -bolsonaristas y trumpistas- que no se resisten a abandonar el poder pese a que sus líderes perdieron en las urnas. A continuación, varias claves explican los puntos en común de dos episodios que han conmocionado al mundo.

El contexto

El 6 de enero de 2021, unas 10.000 personas, simpatizantes del presidente saliente de EEUU Donald Trump, se concentraron ante el Capitolio para denunciar irregularidades en las elecciones que alzaron al poder al demócrata Joe Biden. Alrededor de un millar <strong>asaltaron</strong> con <strong>violencia</strong> el edificio que acoge al poder legislativo estadounidense con un balance de cinco muertos y decenas de heridos. La situación quedó controlada tras duras críticas a la policía por su falta de previsión ante la concentración masiva.

El domingo 8 de enero de 2023, poco más de dos años después del asalto en Washington, miles de seguidores del ultraderechista brasileño Jair Bolsonaro invadieron el Congreso Nacional, el Tribunal Supremo y el Palacio Planalto, sedes de los poderes legislativo, judicial y ejecutivo, respectivamente, en Brasilia, con el objetivo de pedir el derrocamiento de Luiz Inacio Lula da Silva, vencedor de las elecciones que le llevaron a tomar posesión del cargo hace tan solo una semana. Como en su día los trumpistas, los seguidores de Bolsonaro no reconocen el dictamen de las urnas.

El silencio de los instigadores

Al igual que hiciera Trump hace dos años, Bolsonaro, en Florida desde el pasado 1 de enero, también se desmarcó de los actos vandálicos cometidos por los asaltantes a los edificios que constituyen pilares democráticos. El <strong>republicano</strong> no solo no condenó los hechos sino que calificó a sus protagonistas de "inteligentes", aunque una larga y costosa investigación concluyera que se encontraba a la sombra del asalto al Capitolio. Siendo todavía presidente y desde la Casa Blanca, pronunció un incendiario discurso instando a la sublevación violenta al no reconocer la victoria de Biden.

Bolsonaro salió al paso a través de Twitter de las acusaciones de Lula -que le acusó de orquestar el asalto al sistema democrático- pero es evidente que ha estado alimentando el descontento de su base desde su derrota. Abandonó la presidencia sin haber reconocido que perdió en las elecciones, como el estadounidense hizo en su día.

Connivencia policial

Cuando miles de personas asaltaron el Capitolio hace dos años, poco o nada pudieron hacer los <strong>escasos efectivos</strong> que controlaban el acceso. La acusación de connivencia policial con los manifestantes enseguida se puso sobre la mesa porque los refuerzos tardaron en llegar y nadie podía entender la <strong>falta de previsión</strong> en materia de seguridad. Los manifestante tuvieron tiempo de campar a sus anchas por el interior de las dependencias, hacerse fotos y destrozar a voluntad mobiliario y edificio.

En Brasilia, pese a que Lula ya había jurado el cargo, el control de acceso a la plaza de los Tres Poderes dependía de las autoridades del distrito federal, bajo control bolsonarista. El gobernador Ibaneis Rocha quedó en entredicho y en el punto de mira el exsecretario de Seguridad de la capital, Anderson Torres, que fue el último ministro de esta cartera y de Justicia con Bolsonaro. Fue cesado de forma fulminante acusado de allanar el paso a los manifestantes. La rapidez con la que la policía controló la situación en la plaza puso en evidencia que, con anterioridad, se había facilitado el camino de los manifestantes violentos.

Comisiones de investigación

Varios congresistas brasileños han empezado a recabar los apoyos necesarios para instaurar una comisión parlamentaria tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados para investigar la implicación del expresidente Jair Bolsonaro en los hechos. Al estilo del comité en Estados Unidos que durante este último año ha investigado el grado de implicación de Donald Trump en el asalto al Capitolio, la senadora de Unión Brasil Soraya Thronicke ha propuesto ya por los cauces pertinentes la apertura de una comisión.

En el caso de EEUU, el panel investigador dictaminó una conclusión contundente: "Fue la culminación de un intento de golpe" y "Donald Trump estaba en el centro de esta conspiración", incitando el asalto y la violencia con sus repetidas y desacreditadas acusaciones de un supuesto fraude electoral.

Imágenes espectaculares

Obras de arte en el suelo, ventanales rotos, equipos y muebles destruidos ha sido el rastro del caos dejado por los bolsonaristas que invadieron las sedes del Parlamento, la Presidencia y la Corte Suprema de Brasil. El segundo piso del Palacio de Planalto en Brasilia fue totalmente arrasado y los manifestantes radicales llegaron hasta el pasillo que conduce al despacho del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, en el tercero. Miles de documentos gráficos, tanto fotografía como vídeos, han dado cuenta de la espectacularidad de los hechos.

Hace dos años, el material gráfico también constató la furia de la multitud pro-Trump que irrumpió en el edificio del Capitolio mientras el Congreso celebraba una sesión conjunta para ratificar la victoria del presidente electo Joe Biden. Manifestantes sentados en los despachos oficiales, material destrozado, vidrios rotos, banderas quemadas, entre otros, fueron actos que se repitieron en la sede de las Cámaras en Washington. Con el torso desnudo y una cofia amerindia con cuernos de bisonte, <strong>Jake Angeli</strong>, que dijo ser "guerrero espiritual", se convirtió, sin competencia, en el icono del vandalismo que marcó el asalto al Capitolio.